La barriada es humilde, antaño conflictiva (aún hay resquicios de las turbulencias causadas por la droga). Los Rosales. Tras su cárcel, ya en desuso, decenas de operarios que gastan chalecos amarillos colocan los palos de metal sobre los que se alzará un asentamiento de inmigrantes. Apenas a diez pasos, se erige la nueva guardería que este 28 de septiembre iba a unificar al alumnado de otras dos: Nuestra Señora de África y la Juan Carlos I. Más de 170 niños y niñas jugueteando a pocos metros de un campamento. "Y ellos van a estar fuera, junto a mi niña. Yo no quiero eso".
Se llama Neuer Mohammed, tiene 26 años y dos hijos. La pequeña, Emira, no llega a los tres años. Esconde sus ricitos morenos en el cuello de su madre, tapado con hijab. "Muchos padres no se sienten seguros cuando se van a trabajar. Está habiendo altercados y aquí va a pasar eso también, lo estamos viendo", cuenta.
Ella es una de las madres que, desde ayer, protesta junto a vecinos y profesores sobre la explanada de tres mil metros cuadrados para frenar la instalación. "Hemos intentado frenarlo por todos los medios y no lo vamos a poder evitar".
Anoche, el poder de convocatoria no fue el esperado. Apenas una veintena de vecinos aguantaron a la intemperie las horas nocturnas. "Mira, si aquí no hay farolas, no hay nada", apunta Nawal, de 42. Vive en los edificios contiguos, que hacen frontera con la barriada de Loma Colmenar, donde los inmigrantes duermen a la intemperie o deambulan sin rumbo durante los días.
Esta mañana, eran pocas madres ya las que quedaban contemplando el escenario. "Yo solo te digo una cosa, si a mi hija le pasa algo, me voy a defender", cuenta Noelia. Las coletillas de Jimena, su niña, se agitan cada vez que la niña se agacha para tocar la gravilla de la explanada. "No la puedo llevar a otra guardería porque habían juntado las dos de la zona en una: Nuestra Señora de África y la Juan Carlos I".
"El problema no es el asentamiento, que eso lo han hecho en todas las ubicaciones. El problema es que aquí te dicen que caben 1.500 o 2.000 y muchos se quedan fuera, rondándolo. Los de fuera van a vivir descontrolados", augura esta vecina.
Nadie les ha comunicado la operación. La única pista la dan la hilera de camiones militares que desembarcan el material junto a las dos excavadoras. Fuentes del Gobierno aseguran que la maniobra no ha sido obra del Ejecutivo central y el Gobierno autonómico aún no se ha pronunciado. Aunque no saben a qué personas derivarán a este enclave, los vecinos intuyen que serán los varones mayores de edad que duermen en la calle, dado que las mujeres y niñas ya disponen de centros como La Hípica.