Jaime Olmedo | Académico de Historia
«Si la cultura no se utiliza para emocionar, acabará siendo prescindible»«Hay premios literarios destinados más a descubrir lectores que autores», explica este especialista, que es también rector de la Universidad Camilo José Cela
Regala esta noticia Añádenos en Google Jaime Olmedo, fotografiado en la Real Academia de Historia. (Virginia Carrasco) 14/06/2026 a las 14:11h.Con solo 55 años, Jaime Olmedo (Talavera de la Reina, Toledo) presenta un currículum tan repleto de actividades y premios que hasta su lectura fatiga. ... Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense y en Italiana por la de Bolonia, doctor en Filosofía y Letras por esta última con una tesis codirigida por Umberto Eco, posgrados en Gestión Cultural, cursos en Harvard y en el MIT de Massachusetts, su actividad profesional tampoco se queda atrás. Ha sido decano del Real Colegio de España en Bolonia, miembro de la dirección académica del Instituto Cervantes, coordinó en la Real Academia Española el Diccionario Panhispánico de Dudas y en la de Historia el Atlas Cronológico de Historia de España. En esta última también dirigió el Diccionario Biográfico Español, entre otras muchas tareas. Además ha sido profesor de Literatura Española en la Complutense, materia sobre la que ha publicado una decena de libros. Actualmente es rector de la Universidad Camilo José Cela y el último miembro incorporado a la Real Academia de Historia, donde es el académico más joven.
- El peso de una literatura en el mundo hay que desvincularlo de otras magnitudes más materiales. Deberíamos medirlo por la relevancia cultural del país que la origina y la española está llamada a un lugar preeminente en el mundo por la importancia de la lengua. Es cierto que nos falta desde hace años un Nobel, pero en Europa recientemente Vila-Matas y otros autores han tenido importantes reconocimientos.
- El Siglo de Oro llegó en un momento en que todavía España era la primera potencia mundial. En cambio, la Edad de Plata se produjo cuando era un país de tamaño medio, con muchos problemas, incluida una dictadura.
- Por eso hablaba de desvincularla de otras circunstancias. En el Siglo de Oro se produce casi una simetría entre la relevancia política y militar y la de su literatura. En España hubiera dado igual ese peso político porque los genios que viven en esa época son irrepetibles. En esos años, España aporta el Quijote, la figura de don Juan, me refiero al de Tirso, y la Celestina. Hemos llevado a la literatura mundial la novela moderna; la comedia nueva y ahí tiene Lope de Vega una importancia crucial; la picaresca e incluso la poesía moderna con Góngora. La Edad de Plata, en cambio, fue una época más difícil en el país, mientras en Europa bullían las vanguardias. Aquí coinciden la Generación del 98, que es predominantemente narrativa; la del 14, ensayística, esos autores que ven a España como problema y a Europa como solución; y la del 27, la poética. La literatura se da en la bonanza y en la parte baja del ciclo. Hace de la realidad su materia prima.
- ¿Está influyendo de alguna manera en la literatura española la coexistencia de otras tres lenguas oficiales con el castellano?
- No lo creo. Es difícil pensar en este momento que se vea influida por razones de tipo nacional porque los movimientos culturales y literarios exceden los límites de un país y son mucho más amplios. Ya sucedió a comienzos del siglo XX, cuando llegaron las resacas del modernismo, el cubismo, el dadaísmo…
Premios y calidad
«Lo malo es que nos confundamos nosotros mismos pensando que todo lo que se publica es literatura»
- ¿Cómo ha influido desde mediados del siglo XX la llegada de autores y obras procedentes de América, con unos temas y un uso del vocabulario e incluso la forma de construir las frases tan distintos?
- Yo colocaría esa influencia mucho antes. Al tiempo que se producen las independencias en América, surge en esos entornos la necesidad de una emancipación cultural. Así, el modernismo es el primer movimiento que cruza el Atlántico de allá para acá. Los referentes los han tomado de Francia o EE UU porque buscan un canon alternativo. Es el primer momento en que Hispanoamérica ejerce su influjo. Rubén Darío casi abrió aquí durante una de sus estancias una sucursal del modernismo, que atrajo a un puñado de jóvenes poetas. Lo curioso es que el modernismo allí era algo de las élites rectoras y aquí lo será de los bohemios.
- Pero eso se incrementa en el siglo XX.
- Claro. Neruda viaja a España y arracima a su alrededor a los poetas del 27. Luego los autores del 'boom' tienen un verdadero centro de influencia en Barcelona en los años sesenta. Del modernismo viene una renovación estilística, lingüística, estrófica, rítmica… Son innovaciones de tipo formal, y con el realismo mágico se añade otra en cuanto a contenidos.
Mestizajes
- ¿Cómo puede influir en el futuro de la literatura en español que en un par de décadas pueda haber numerosos escritores originarios de África y Asia? .
- Sucederá lo que ha sucedido otras veces. La literatura no es una muestra de purismo; se ha enriquecido siempre con muchas influencias. Y nosotros lo sabemos mejor que nadie. Estamos familiarizados desde hace siglos con estos mestizajes y sabemos que la enriquecerán. La literatura es el mejor modo de conocimiento de uno mismo y del otro. Y eso no es privativo de una nación.
- Además de creadores, habrá lectores de esa procedencia.
- También eso cambiará porque la literatura es una comunicación en diferido. En esa comunicación estamos interpelados todos pero no necesariamente esos lectores de origen extranjero van a leer a los autores que proceden de sus mismos lugares. Estaremos en un mundo en el que todos leerán de todo. No creo que haya una relación de equivalencia entre los escritores y los lectores procedentes del exterior. Seguramente incluso tiene más interés para nosotros leer esos textos que nos hablan de otras tradiciones.
Dificultad para leer
«Hemos hecho ediciones simplificadas para acercar algunos títulos al público y no ha tenido grandes resultados»
- No tenemos grandes productoras cinematográficas y apenas si quedan unos pocos sellos discográficos pero el mayor grupo editorial en español tiene aquí su sede. ¿Eso es determinante?
- Estamos yendo a modelos de ocio en los que el libro compite con otros lenguajes más cómodos porque son más pasivos. Es probable que el mercado editorial se resienta frente a otras propuestas que son más diversas que las que han tenido generaciones anteriores. Hay que estar muy alerta porque esos otros lenguajes ocupan un espacio mayor en el ámbito del ocio y la cultura.
- ¿Hasta qué punto la pérdida de hábitos lectores, en el sentido de que cada vez se leen textos más cortos y menos complejos, puede estar cambiando el modelo literario?
- Nos hemos pasado muchos años haciendo ediciones simplificadas, abreviadas, adaptadas para acercar al gran público a la lectura y eso no ha tenido grandísimos resultados. Es un planteamiento un tanto sobreprotector del lector y el resultado ha sido una modificación de las obras literarias, con intervenciones a veces excesivas sobre los originales. La literatura no tiene que tocarse. Lo que hay que hacer es formar a las generaciones para darles una competencia mucho mayor. Desde luego eso tiene poco que ver con el lenguaje de los jóvenes, que usan frases muy cortas, sin subordinadas… Debemos entenderlo como un reto. El problema no es si un texto es difícil, el problema es del lector. Por eso hay que elevar su nivel.
- ¿Con qué tipo de actuaciones se fomenta la lectura? ¿Con premios con una gran dotación económica?
- Hay premios que están destinados más a descubrir lectores que autores. No soy nada purista en esto. La puerta de entrada a la literatura puede estar en cualquier lugar. Lo importante es crear el hábito, con lo que sea. Luego ya podremos con el tiempo ganar en calidad, proponer una elevación, si se permite el término, del nivel. Lo importante es que se lea. Crear la pasión por la lectura.
- Cada vez se publican más libros cuyos autores, o al menos quienes los firman, son conocidos 'influencers', 'youtubers' o presentadores de programas de variedades de TV. ¿Ayuda eso a la creación de lectores de la que estamos hablando?
- No todo libro impreso es literatura. Ha habido productos y subproductos a lo largo de la Historia que han tenido gran éxito de lectores y que hoy no forman parte de la recopilación de obras que han elevado el lenguaje hasta esas altas cotas de belleza y emoción que nos proporcionan una experiencia imperecedera. Lo malo es que nos confundamos nosotros mismos pensando que todo lo que se publica es literatura. La literatura es otra cosa. Pero que se lea está bien. Como le decía, me vale cualquier puerta de entrada.
Pecado y penitencia
- Usted es rector. ¿La Universidad ha de fomentar la lectura o los alumnos deben llegar ya con ese hábito?
- El sistema educativo debe contribuir en su totalidad a ello. Los planes de estudio de Primaria, Secundaria y Bachillerato deben colocar el libro en el centro. Sin embargo, a veces nos hemos ido al otro extremo y hemos situado a los alumnos en entornos demasiado digitales en los que el libro aparece como una antigualla. Debemos tener mucho cuidado de no asociar la educación solo con lo novedoso. Me pasa incluso en tribunales académicos cuando veo a colegas que a los alumnos que defienden un trabajo fin de máster o una tesis doctoral les preguntan por la última publicación de unas jornadas o una conferencia… A mí me preocupan más las obras clásicas, si está citando a los autores más influyentes del tema que han tratado. A los jóvenes no podemos deslumbrarlos solo con el último avance tecnológico.
Nuevas tecnologías
«Debemos tener cuidado para no asociar la educación solo con lo novedoso»
- Alguna vez ha dicho que hasta avanzado el siglo XX la cultura era un elemento constitutivo de una sociedad. Hoy parece un adorno, algo que nos hace más sofisticados, pero nada más. Eso tiene un precio…
- Y en el pecado lleva la penitencia el propio mundo cultural. En el siglo XX, con las vanguardias, se pusieron en cuestión todos los presupuestos clásicos de la concepción de la cultura, mientras el público en general entendía que lo que se le planteaba a veces eran verdaderas tomaduras de pelo. Sucedió que todo lo que orbitase en torno a esa realidad clásica se consideró prescindible. Es decir, hemos entendido la cultura como un microclima exquisito, solo para iniciados, que podía vivir al margen de la realidad que todos compartimos.
- ¿De ahí lo de empezar a ser prescindible?
- La cultura se convirtió en ese adorno prescindible para la vida práctica. Fue una novedad del siglo XX porque hasta entonces estaba imbricada en la vida. Los escritores y los artistas no eran seres asociales. Esa idea del artista como bohemio es relativamente reciente. Velázquez era aposentador mayor de palacio. Los artistas y escritores de otros siglos eran personas metidas en la Administración del Estado. La excelencia artística no se lograba desde la marginalidad. Eso comenzó con el Romanticismo, se exacerbó con las vanguardias y hemos asumido ese modelo como el único posible.
- ¿Cómo volvemos a integrar la cultura en la vida cotidiana?
- Convirtiendo los productos culturales en necesarios. Convirtiendo la literatura otra vez en una fuente de conocimiento. Si yo me enfrento a un libro en el que en cada página hay una palabra o dos versos porque se supone que hay una gran sugerencia de elementos, eso a mí me deja frío; si voy a una exposición y veo un cuadro en blanco rasgado y me dicen que eso representa la soledad del artista, me deja frío: si voy a un concierto y en lugar de una sinfonía escucho música dodecafónica que me chirría y me deja frío; si no se utiliza la cultura para emocionar, acbará siendo prescindible. La seguiremos entendiendo como un ejercicio preciosista de un entorno que está despreocupado de alcanzar el centro emocional y racional de las personas. En la medida en que la cultura sirva para entendernos, que nos explique, que nos emocione, la convertiremos de nuevo en necesaria.
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