Hace unos años, la policía italiana detuvo en Sicilia a varios miembros de la mafia que utilizaban carreras ilegales de caballos para enviar mensajes codificados y resolver disputas internas sobre apuestas y territorios. Los investigadores descubrieron que algunos animales eran más conocidos en determinados barrios que muchos políticos locales.
Sicilia y otra postal. Cuando se piensa en Sicilia normalmente aparecen playas, pueblos barrocos, volcanes o turistas recorriendo Palermo y Catania. Pero en algunas carreteras secundarias de la isla sigue existiendo otra Sicilia mucho más oscura y difícil de erradicar: una con carreras ilegales de caballos organizadas por redes mafiosas donde decenas de motocicletas escoltan a los animales mientras tipos armados disparan pistolas y fusiles Kaláshnikov al aire en plena luz del día.
El último vídeo grabado recientemente cerca de Palagonia ha vuelto a mostrar hasta qué punto estas carreras clandestinas no son simplemente un negocio ilegal o un caso de maltrato animal. Funcionan sobre todo como demostraciones públicas de poder. El mensaje que transmiten quienes participan resulta deliberadamente evidente: aquí mandamos nosotros.
Carreras como espectáculo de control. La escena grabada en las afueras de Catania parece casi una mezcla absurda entre tradición rural, crimen organizado y estética narco. Dos caballos tirando carros a gran velocidad por carreteras abiertas, decenas de scooters rodeándolos y hombres disparando armas automáticas mientras graban vídeos para redes sociales. Ocurre que detrás del espectáculo hay una lógica mafiosa muy clara.
Según investigadores y organizaciones animalistas italianas, estas carreras llevan décadas siendo utilizadas por Cosa Nostra, la Camorra y la ’Ndrangheta como una forma de ocupar simbólicamente el territorio, bloquear calles públicas y demostrar que pueden actuar a plena vista sin miedo real a las autoridades. No son eventos clandestinos escondidos en el campo. Muchas veces ocurren directamente delante de todos precisamente porque la impunidad forma parte del mensaje.
Mucho dinero y pocas consecuencias. El negocio mueve enormes cantidades de dinero negro mediante apuestas ilegales que pueden alcanzar miles de euros por carrera. Las investigaciones policiales llevan años descubriendo establos clandestinos, caballos dopados y redes vinculadas al crimen organizado, pero el fenómeno sigue creciendo porque las consecuencias judiciales continúan siendo relativamente limitadas.
Para que nos hagamos una idea, solo en 2024 fueron investigadas 70 personas y se intervinieron decenas de animales, pero los propios activistas denuncian que la legislación italiana sigue dificultando infiltrar estas redes o detener a participantes durante las carreras. Muchos organizadores apenas reciben sanciones menores y regresan rápidamente a la actividad. Por eso las imágenes se repiten constantemente en Sicilia, Calabria o Campania pese a las redadas policiales periódicas.
Los caballos son lo de menos. Aunque el maltrato animal es brutal (contaban los medios locales que los caballos son dopados, golpeados y obligados a correr en condiciones extremas), el verdadero objetivo de estas carreras no son los animales. Son las personas que las observan. La mafia utiliza estos eventos como una demostración ritual de autoridad en barrios marginales y zonas donde el Estado aparece débil o ausente.
Los vídeos difundidos en redes sociales cumplen exactamente esa función: glorificar el desafío abierto a la policía, reforzar el prestigio criminal y construir una especie de cultura popular mafiosa alrededor de las carreras. Incluso muchos caballos reciben nombres inspirados en jefes mafiosos históricos, criminales notorios o figuras violentas convertidas en símbolos dentro de determinados entornos locales.
En Xataka
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Entre tradición y crimen moderno. Quizá lo más inquietante es cómo estas carreras combinan elementos extremadamente antiguos con otros completamente contemporáneos. Los carros tirados por caballos remiten a una Sicilia rural que parece salida de hace un siglo, pero alrededor aparecen motos sin matrícula, vídeos virales, armas automáticas y música neomelódica difundida por redes sociales.
La mafia ha convertido una tradición local en una herramienta moderna de intimidación y propaganda. Y eso explica por qué el problema sigue resistiendo pese a décadas de operaciones policiales. Para muchos grupos criminales, estas carreras no son simplemente entretenimiento ilegal. Son una manera de recordar públicamente quién sigue teniendo capacidad para cerrar carreteras, movilizar gente armada y actuar como si ciertas partes de Sicilia todavía estuvieran bajo su propio control.
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La noticia
Sicilia tiene un problema muy distinto al turismo: las carreras de caballos dopados con fusiles Kaláshnikovs de la mafia
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Xataka
por
Miguel Jorge
.
Sicilia tiene un problema muy distinto al turismo: las carreras de caballos dopados con fusiles Kaláshnikovs de la mafia
La mafia ha convertido una tradición local en una herramienta moderna de intimidación y propaganda
Hace unos años, la policía italiana detuvo en Sicilia a varios miembros de la mafia que utilizaban carreras ilegales de caballos para enviar mensajes codificados y resolver disputas internas sobre apuestas y territorios. Los investigadores descubrieron que algunos animales eran más conocidos en determinados barrios que muchos políticos locales.
Sicilia y otra postal. Cuando se piensa en Sicilia normalmente aparecen playas, pueblos barrocos, volcanes o turistas recorriendo Palermo y Catania. Pero en algunas carreteras secundarias de la isla sigue existiendo otra Sicilia mucho más oscura y difícil de erradicar: una con carreras ilegales de caballos organizadas por redes mafiosas donde decenas de motocicletas escoltan a los animales mientras tipos armados disparan pistolas y fusiles Kaláshnikov al aire en plena luz del día.
El último vídeo grabado recientemente cerca de Palagonia ha vuelto a mostrar hasta qué punto estas carreras clandestinas no son simplemente un negocio ilegal o un caso de maltrato animal. Funcionan sobre todo como demostraciones públicas de poder. El mensaje que transmiten quienes participan resulta deliberadamente evidente: aquí mandamos nosotros.
Carreras como espectáculo de control. La escena grabada en las afueras de Catania parece casi una mezcla absurda entre tradición rural, crimen organizado y estética narco. Dos caballos tirando carros a gran velocidad por carreteras abiertas, decenas de scooters rodeándolos y hombres disparando armas automáticas mientras graban vídeos para redes sociales. Ocurre que detrás del espectáculo hay una lógica mafiosa muy clara.
Según investigadores y organizaciones animalistas italianas, estas carreras llevan décadas siendo utilizadas por Cosa Nostra, la Camorra y la ’Ndrangheta como una forma de ocupar simbólicamente el territorio, bloquear calles públicas y demostrar que pueden actuar a plena vista sin miedo real a las autoridades. No son eventos clandestinos escondidos en el campo. Muchas veces ocurren directamente delante de todos precisamente porque la impunidad forma parte del mensaje.
Mucho dinero y pocas consecuencias. El negocio mueve enormes cantidades de dinero negro mediante apuestas ilegales que pueden alcanzar miles de euros por carrera. Las investigaciones policiales llevan años descubriendo establos clandestinos, caballos dopados y redes vinculadas al crimen organizado, pero el fenómeno sigue creciendo porque las consecuencias judiciales continúan siendo relativamente limitadas.
Para que nos hagamos una idea, solo en 2024 fueron investigadas 70 personas y se intervinieron decenas de animales, pero los propios activistas denuncian que la legislación italiana sigue dificultando infiltrar estas redes o detener a participantes durante las carreras. Muchos organizadores apenas reciben sanciones menores y regresan rápidamente a la actividad. Por eso las imágenes se repiten constantemente en Sicilia, Calabria o Campania pese a las redadas policiales periódicas.
Los caballos son lo de menos. Aunque el maltrato animal es brutal (contaban los medios locales que los caballos son dopados, golpeados y obligados a correr en condiciones extremas), el verdadero objetivo de estas carreras no son los animales. Son las personas que las observan. La mafia utiliza estos eventos como una demostración ritual de autoridad en barrios marginales y zonas donde el Estado aparece débil o ausente.
Los vídeos difundidos en redes sociales cumplen exactamente esa función: glorificar el desafío abierto a la policía, reforzar el prestigio criminal y construir una especie de cultura popular mafiosa alrededor de las carreras. Incluso muchos caballos reciben nombres inspirados en jefes mafiosos históricos, criminales notorios o figuras violentas convertidas en símbolos dentro de determinados entornos locales.
Entre tradición y crimen moderno. Quizá lo más inquietante es cómo estas carreras combinan elementos extremadamente antiguos con otros completamente contemporáneos. Los carros tirados por caballos remiten a una Sicilia rural que parece salida de hace un siglo, pero alrededor aparecen motos sin matrícula, vídeos virales, armas automáticas y música neomelódica difundida por redes sociales.
La mafia ha convertido una tradición local en una herramienta moderna de intimidación y propaganda. Y eso explica por qué el problema sigue resistiendo pese a décadas de operaciones policiales. Para muchos grupos criminales, estas carreras no son simplemente entretenimiento ilegal. Son una manera de recordar públicamente quién sigue teniendo capacidad para cerrar carreteras, movilizar gente armada y actuar como si ciertas partes de Sicilia todavía estuvieran bajo su propio control.