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Simular que estás en otro sitio, viajes más baratos... por qué cada vez más gente usa una VPNLos expertos recomiendan estas redes por cuestiones de anonimato y seguridad
Domingo, 11 de enero 2026, 18:32
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L as conexiones VPN se han popularizado de un tiempo a esta parte. Si hace unos años se consideraban una herramienta exclusiva del ámbito corporativo ( ... demasiado compleja para el usuario de a pie), ahora puede recurrir a ella cualquier hijo de vecino, mediante aplicaciones diseñadas con la sencillez como premisa.
A dicho anonimato se suma un extra de seguridad al transmitir información sensible: si nos conectamos a una VPN será más difícil que alguien externo intercepte los datos y pueda sacarles provecho. Este es el motivo por el que los expertos en ciberseguridad recomiendan usar redes privadas virtuales al acceder a redes Wi-Fi públicas (en cafeterías, bibliotecas, aeropuertos...); y por el que la mayoría de empresas las imponen a sus trabajadores, dado el peligro creciente de las brechas de seguridad. La exposición de secretos industriales o datos personales de clientes supone, en este sentido, un quebradero de cabeza incluso para las grandes multinacionales.
Dado que las direcciones IP revelan nuestra ubicación, también hay muchos usuarios que recurren a una VPN para simular encontrarse en otro territorio. Esto les permite acceder a contenidos inicialmente restringidos a determinadas regiones, como series, canciones o películas dentro de las plataformas de streaming más populares. Muy extendida entre viajeros habituales, esta práctica no supone un delito civil ni penal, pero sí que puede vulnerar los términos de uso que aceptamos en su día, al registrarnos en la app correspondiente. Como consecuencia, Netflix, Disney+ y compañía suelen contar con mecanismos para detectar y bloquear toda conexión sospechosa de emplear una VPN (llegando a suspender la cuenta de aquellos usuarios demasiado persistentes).
Por supuesto, también podemos tirar de VPN desde la comodidad de nuestro hogar. A este respecto, no es lo mismo residir en un país democrático que en un régimen autoritario, donde las redes sociales, los medios de comunicación y las plataformas de mensajería extranjeras suelen estar bloqueadas. Los ciudadanos de estos últimos países encuentran así, en las redes privadas virtuales, una forma de esquivar la censura y denunciar ilegalidades frente al mundo.
Esto no quiere decir que los demás debamos despreocuparnos. Si algo demostraron casos como el de Cambridge Analytica (por el que los datos de 87 millones de perfiles de Facebook fueron utilizados ilícitamente para inferir en distintos procesos electorales), es que toda preocupación es poca a la hora de operar con información delicada en Internet. Las VPN se encargan de cifrarla, de forma que resulte ilegible a terceros. Se frustran así los intentos de robo de credenciales mediante la estratagema más habitual de los malhechores digitales: el 'phishing' o suplantación de empresas a través de páginas webs clónicas, llamadas fraudulentas...
En última instancia, una VPN nos puede ayudar a ahorrar un buen pico al reservar billetes de avión o habitaciones de hotel: ciertas páginas muestran unos precios u otros según nuestra localización, la hora del día o las veces en que hayamos consultado el destino que nos interesa. Evitar que sepan tales cosas es tan sencillo como acceder a través de un servidor privado, lo que en la mayoría de casos arrojará los precios más económicos posibles.
¿VPN gratuito o de pago?
Los beneficios comentados hasta ahora pueden quedar en nada, según alertan desde la Oficina de Seguridad del Internauta (OSI) si optamos por un VPN gratuito sin leer la letra pequeña: «Muchas VPN sin coste monetizan sus servicios recopilando y vendiendo datos de los usuarios a terceros; utilizan protocolos de cifrado más débiles o no actualizados; dependen de la publicidad como fuente de ingresos y ofrecen conexiones más lentas».
Por contra, las cuotas mensuales inherentes a una VPN de pago garantizan «unos protocolos de encriptación avanzados; conexiones seguras y estables, sin limitaciones de ancho de banda; acceso a equipos de soporte técnico y un mayor número de servidores en diversas ubicaciones (facilitándose el acceso a contenido global)».
De este modo, si vamos a hacer un uso puntual de la red privada virtual con propósitos de mero entretenimiento, tal vez nos baste con una aplicación o extensión gratuita para el navegador (también es posible configurar la VPN desde el menú de ajustes de nuestro dispositivo). Si por el contrario la usaremos de forma continuada en un contexto profesional o para mover datos personales, quizás sea mejor no arriesgarse y pagar al menos una mensualidad a la compañía seleccionada. ¿Cómo saber cuál es la mejor? Desde el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) recomiendan fijarse en que utilice protocolos como OpenVPN, IKEv2/IPsec o WireGuard; que sea compatible con los dispositivos que tenemos por casa y que haga mención en sus condiciones de servicio a una política de no registro de datos ('no-logs policy').
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