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Caracas despertó con columnas de humo tras los ataques de Estados Unidos. AFP Sin celebraciones ni resistencia en Caracas: conmoción y calma tensaTras el ataque, la mayoría de los caraqueños permanecieron en sus casas a la espera de los siguientes eventos
Jorge Benezra
Sábado, 3 de enero 2026, 23:19
... ser tranquilidad. Las calles estaban cerradas de un modo que no se veía ni el primero de enero. Los supermercados funcionaban a medio gas. El transporte público no circulaba.Reacciones: condenas de Cuba, Rusia e Irán y apoyo de Milei
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En las avenidas principales solo había presencia policial: agentes de la Policía Nacional Bolivariana, efectivos de la Guardia Nacional, y las fuerzas de Inteligencia acuarteladas en sus sedes. El Sebin, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, permanecía en sus instalaciones. La DGCIM, la Dirección General de Contrainteligencia Militar, también. Nadie salía. Nadie entraba, como si esperasen instrucciones que no llegaban.
Aprovisionamientos
Iribet Tovar vive en Los Chorros, muy cerca de La Carlota, el aeropuerto donde comenzaron los bombardeos. Estaba acostada cuando escuchó el primer avión. «A la una y media de la mañana empezamos con un avión y escuchamos la primera detonación», contaba. «Le dije a mi esposo: esto no es un trueno ni nada, esto es otra cosa». Ella y su familia salieron después a comprar. «Compras nerviosas, como decimos nosotros».
Pero lo que le inquietaba no son las explosiones que ya pasaron, sino la incertidumbre que permaneció. «Se llevaron a Maduro y a Cilia, y ¿quién quedó aquí? No sabemos porque no se pronuncia nadie. Estamos como en las películas de suspense, esperando qué va a pasar».
Pedro Tenaz, otro caraqueño, describía el estado de la ciudad con precisión: «Estamos un poco en 'shock'. Las calles están desiertas, todo está en una calma extraña». Lo que más le perturbaba es la falta de información clara. «Hay mucha gente que habla de un secuestro del presidente, que fue por el Gobierno de Estados Unidos, pero no tenemos nada conciso. Las redes sociales muestran detonaciones y explosiones, pero a ciencia cierta no sabemos si el presidente está aquí o se lo llevaron». Su perspectiva era crítica. «No estoy de acuerdo con que un país vaya a otro territorio y con el poder de sacar y quitar a un presidente. Para eso hay mecanismos democráticos. Independientemente de que este Gobierno esté o no esté en la línea, no estoy de acuerdo. Creo que se puede resolver de forma diplomática».
Lo notable era lo que no sucede. No hubo movilizaciones chavistas masivas. Los colectivos, esos grupos paramilitares urbanos que durante 27 años salieron a defender la revolución, permanecieron en silencio. Un miembro del Frente Nacional Colectivo, Sergio Rodríguez, quien pidió no ser identificado por seguridad, reconoció la derrota con palabras contenidas: «La lucha será hasta el final. Hemos dicho que esta revolución es pacífica pero armada, para defender la soberanía». Pero su voz no tienía la convicción de hace 24 horas. Era la voz de alguien que acababa de perder una guerra en una sola noche.
«Delcy es una traidora»
En Petare, una de las mayores favelas de Caracas y de América Latina, donde históricamente ha habido apoyo masivo al Gobierno, Ingrid Sánchez escuchaba las declaraciones de Trump en su casa, con su hija y sus nietos a su lado, mirando la pantalla sin entender realmente qué significa todo aquello.
Ingrid no lo celebró. Su tono era de resignación amarga. «Aquí viene hambre. Desempleo. Los más pobres somos los más afectados en esta situación». Luego, con una rabia contenida, añadió: «Aquí hubo traición. Delcy Rodríguez es una traidora. Trump dice que gobernará el país con ella».
En los supermercados hubo colas. Gente comprando medicinas, alimentos, gasolina... no hubo pánico desenfrenado, sino urgencia contenida. Una mujer llenaba su carrito como si no confiara en encontrar lo que necesita mañana.
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