Miembros de las fuerzas de seguridad del Gobierno sirio montan guardia mientras un grupo de detenidas se reúne en el campamento de al-Hol. Khalil Ashawi Reuters
Oriente Próximo Siria, en llamas: Al Sharaa y EEUU fuerzan el desarme de los kurdos y reabren la caja de Pandora del ISIS en la regiónLa convulsa integración de las milicias kurdas bajo el nuevo gobierno sirio confirma el abandono de Washington y acelera el peligroso traspaso de prisioneros del ISIS —incluidos españoles—, que podrían enfrentarse a la pena de muerte en Irak.
Más información:Siria, año uno tras Bashar al Asad: avances inéditos, un país aún fracturado y una transición en equilibrio inestable
Marga Zambrana Publicada 25 enero 2026 01:45hLas claves nuevo Generado con IA
EEUU y Ahmed Al Sharaa acordaron el desarme de los kurdos y la integración forzada de las SDF en el nuevo gobierno sirio, poniendo fin al proyecto democrático kurdo en el noreste del país.
La intervención turca fue clave en la toma rápida de regiones kurdas, mientras Israel obtuvo influencia en el sur de Siria a cambio de dejar de apoyar la independencia kurda.
El acuerdo es frágil, con frecuentes rupturas de alto el fuego y tensiones internas en las SDF, además del riesgo de una escalada regional y violencia sectaria.
La retirada kurda y el caos permitieron la fuga de cientos de yihadistas del ISIS, generando alarma en Washington y Bruselas ante la posibilidad de un resurgimiento del grupo terrorista.
La condición fue que no hubiera muertes civiles. Así lo exigieron los enviados de Donald Trump a responsables turcos y a los del presidente interino de Siria, el exmiembro de Al Qaeda Ahmed Al Sharaa, para integrar por la fuerza una autonomía kurda de facto en el noreste del país, consolidada durante más de una década. Era el fin del proyecto democrático kurdo.
Fue el 5 de enero, en París, y la reunión había sido auspiciada por Trump con el fin de que sirios e israelíes se sentaran a negociar, con presencia también de los anfitriones franceses. El objetivo era encarrilar el fracaso del acuerdo del 10 de marzo del año pasado, que expira en las próximas semanas.
La reunión supuso un punto de inflexión con repercusiones geográficas, según una exclusiva de Syria in Transition. El acuerdo de marzo implicaba que tanto las regiones kurdas como sus milicias se integraran en el nuevo Gobierno y el Ejército. Pero nada de eso había sucedido.
Siria, año uno tras Assad: avances inéditos, un país aún fracturado y una transición en equilibrio inestableEl enviado de Trump para Oriente Medio, Steve Witkoff, presionó para cerrar las prolongadas negociaciones e impuso un acuerdo para la integración forzada de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), compuestas por kurdos y árabes, que durante diez años recibieron apoyo de Estados Unidos y levantaron una administración propia (Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, AANES o Rojava) en las tres provincias petrolíferas del noreste: Hasaka, Raqqa y Deir ez-Zor, además de partes de Alepo.
Era el "premio" por liderar sobre el terreno la lucha contra el autoproclamado Estado Islámico (ISIS), que hace 14 años tomó amplias áreas de Siria e Irak.
Según el plan de Witkoff, las SDF debían retirarse de la esfera de influencia de Ankara, que considera a las SDF aliadas de la guerrilla turco-kurda marxista PKK (designada como grupo terrorista). Para Turquía, es cuestión de seguridad y acceso preferente a la reconstrucción.
En París se decidió también que el sur de Siria —Quneitra, Daraa y Al-Suwayda— quedara bajo influencia israelí. Damasco retiraría sus fuerzas y se establecería una franja desmilitarizada a lo largo de la frontera con los Altos del Golán (donde nació Al Sharaa, alias Al Jolani o Al Golani). A cambio, Israel se comprometía a dejar de alentar a los kurdos sirios a mantener su independencia.
Por su parte, Damasco y Ankara ya habían iniciado antes un ataque conjunto contra barrios kurdos en Alepo, por lo que el encuentro pareció más bien informativo: la decisión ya estaba tomada.
Como ya sucediera durante su primera legislatura, Trump abandonaba de nuevo a los kurdos y se alineaba con Turquía y su protegido, el presidente sirio. La escalada retórica y militar, con vaivenes y ataques violentos, buscaba salvar las apariencias, mientras se discutían detalles como la presa de Tishrin, en el Éufrates y Damasco se hacía con los yacimientos de petróleo.
Las protestas kurdas en defensa de sus aliados en Siria se extendieron por el sur de Turquía, por las capitales europeas y en el norte de Irak, con una represión violenta de Ankara contra miles de manifestantes en Nusaybin, cercana a la frontera siria. Desde Irak, miles de kurdos cruzaron el poroso corredor fronterizo.
Después de la toma de Alepo el 10 de enero, las tropas de Damasco —con apoyo turco en drones, inteligencia y presión fronteriza— tomaron en cuatro días el 90% de las regiones kurdas. El 20 se anunció otro alto el fuego de cuatro días (que finalizaba el sábado) para que los kurdos mantengan consultas sobre la "integración", bajo supervisión estadounidense.
Charles Lister, director del Programa de Siria del Middle East Institute, ha explicado que los mandos de las SDF podrían conseguir cargos de viceministros en el nuevo Ministerio de Defensa y un paquete de integración que respeta derechos, identidad cultural y lengua kurdas. "Es un hecho sin precedentes, histórico, para los kurdos de Siria", valoraba Lister.
Riesgos
No obstante, la fragilidad es extrema: los acuerdos más completos de alto el fuego se han roto cada 90 minutos en la última semana.
Lister considera que estas sacudidas se deben a miembros afines al PKK dentro de las filas de las SDF, "que nunca quisieron este acuerdo".
Mazloum Abdi, el líder de las SDF, quería cerrar el acuerdo con Al Sharaa, pero al regresar al noreste se encontró con esta oposición y el proceso se congeló.
Al Sharaa decidió no conceder más margen en la última consulta solicitada por Abdi y aplicar la fuerza.
Su estrategia ha funcionado y, según Lister, ha cumplido su promesa con Trump: entre un 90 y un 95% de los muertos son militares, no civiles.
A diferencia de la violencia sectaria del último año en la costa contra alauitas y en el sur con drusos, que ha dejado miles de civiles asesinados.
Según Malik Al-Abdeh, editor de Syria in Transition, el acuerdo es un recordatorio de que el conflicto sirio —profundamente internacionalizado desde su inicio— no terminó con el colapso del régimen de Assad.
A pesar del alto el fuego, "el conflicto armado no ha terminado", señala a este diario. "Habrá nuevos combates a medida que los remanentes de las SDF se reagrupen y reciban refuerzos de la Región del Kurdistán de Irak (KRI). Es probable que las negociaciones continúen. Los kurdos insisten en mantener su cohesión como unidades militares dentro del ejército sirio y tener su propia administración. Los puntos relacionados con estos dos temas no se han resuelto".
En la rápida toma de Rojava, la intervención turca fue decisiva. "El papel de Turquía fue enorme, con apoyo de inteligencia, sí, pero también la amenaza de que, si las SDF contraatacaban y se convertía en un conflicto prolongado, Turquía intervendría militarmente. Eso por sí solo fue suficiente", asegura Al-Abdeh.
Otro factor clave fue que una parte importante de las SDF está compuesta por árabes y estos no lucharían contra otros árabes; del mismo modo, muchos kurdos no arriesgarían por territorios árabes, sino de mayoría kurda.
"Las tribus árabes no estaban contentas viviendo bajo las SDF", explica Aaron Zelin, analista del Washington Institute. El colapso no fue sólo militar, sino también político: las tribus árabes no estaban dispuestas a sostener el orden de las SDF cuando apareció una alternativa estatal creíble en Damasco.
Esta deserción tribal ayuda a explicar la caída de amplias zonas árabes y el limitado número de víctimas civiles.
Las consecuencias de este repliegue kurdo a sus áreas originarias de 2014 reactivan un riesgo para Turquía: una escalada directa o indirecta y el expediente del PKK.
Ankara prioriza desmilitarizar a las YPG/PYD kurdas (parte de las SDF), que considera aliadas del PKK. Si el acuerdo fracasa, intensificará la intervención con drones, inteligencia y apoyo a socios sobre el terreno, lo que podría arrastrar el conflicto a una lógica transfronteriza entre Siria, Turquía y los montes Qandil en Irak.
Aumenta también el riesgo de violencia sectaria, especialmente en Hasaka y Qamishli, espacios de gran complejidad étnica y religiosa, con desplazamientos masivos y repercusiones directas en Turquía e Irak.
En el sur, la contención limitada de Israel puede saltar por los aires si colapsa el acuerdo y se multiplican atrocidades, o si se percibe una expansión turco-islamista hacia el sur. Israel podría reaccionar con golpes preventivos y consolidación de posiciones, elevando la fricción indirecta con Turquía, un escenario que Washington intenta evitar.
El volátil Trump también puede dar sorpresas, con sanciones y prioridad antiterrorista por encima de la política kurda. Su relación con las SDF ha sido táctica y centrada en los prisioneros del ISIS, una bomba de relojería que puede reactivar alertas de seguridad y de radicalización en la región y en Europa.
ISIS
Este es el capítulo que más preocupa a Washington y a Bruselas por sus implicaciones de seguridad y riesgo de atentados.
Las SDF controlaban una docena de centros y campos con más de 9.000 presos (incluyendo esposas e hijos, la cifra asciende a 50.000), entre ellos europeos (británicos, rusos, alemanes) y siete supuestos yihadistas españoles y sus familiares, según una investigación de marzo de la periodista Natalia Sancha: Omar el Harchi y Zuhair Ahmed; el joven Alejandro Ahram Pérez, que está en un correccional; así como Lubna Miludi y tres menores en los campos para familiares del ISIS.
El Gobierno de transición decía estar preparado para asumir esta custodia, que analistas regionales describen como un "vertedero" humano por el abandono de muchos gobiernos europeos.
Durante los enfrentamientos con las SDF, cientos de supuestos yihadistas se escaparon de diversos campos. Las fuerzas de Al Sharaa y las SDF se acusan mutuamente de haberlos liberado, pero según Al-Abdeh simplemente aprovecharon el caos.
Ante la inoperancia de los sirios, Washington reaccionó y empezó a trasladar a cientos de prisioneros a Irak, donde pueden enfrentarse a la pena de muerte, como ha sucedido con decenas, según Amnistía Internacional, aunque Bagdad ha anunciado que los extranjeros serán repatriados a sus países
Zelin es tajante: "Damasco no tiene la experiencia ni la comprensión operativa para hacerse cargo de golpe de prisiones y campamentos a esa escala. El problema no es solo seguridad, sino capacidad, inteligencia y proceso legal".
La decisión de CENTCOM de transferir hasta 7.000 de los más peligrosos es el indicio más claro de la evaluación estadounidense: existe miedo real a un vacío de custodia y a una expansión similar a la de 2012-2013. Supone también una pérdida de credibilidad para Al-Sharaa.
Alarma ante el posible resurgir de ISIS: desafío único que pone en jaque la transición en Siria y la seguridad en OccidenteUn análisis de Devorah Margolin, del Washington Institute, recuerda que desde 2021 Irak habría repatriado a unas 22.000 esposas e hijos iraquíes del ISIS desde el campo de Al-Hol. "Esta semana, en respuesta a la última violencia en Siria, Bagdad se comprometió a acelerar su calendario de repatriación para todos sus ciudadanos", añade la experta.
Para Europa, un resurgimiento del ISIS eleva amenazas de radicalización y atentados; y un colapso del noreste puede empujar nuevas olas de desplazados hacia Turquía y, por arrastre, hacia rutas que terminarían afectando a la UE.