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Solo hay un problema con la táctica más loca de Rusia para escapar de los drones: en Ucrania no hay colonias de pingüinos

Solo hay un problema con la táctica más loca de Rusia para escapar de los drones: en Ucrania no hay colonias de pingüinos
Artículo Completo 884 palabras
La Base de Investigación Vernadsky es una estación científica ucraniana en cuyo entorno se han avistado colonias de pingüinos. Ocurre que la misma está en la Antártida, no en Ucrania, un enclave donde no existen estas criaturas que viven casi exclusivamente en el hemisferio sur y, en cualquier caso, rara vez y de forma natural en el hemisferio norte. Sin embargo, en Ucrania no paran de avistarlos. Pingüinos en el campo de batalla. Sí, en el frente ucraniano ha surgido una de las imágenes más desconcertantes de esta guerra tan tecnológica: soldados rusos avanzando en solitario por campos nevados cubiertos con ponchos térmicos blancos que, vistos a simple vista, los hacen parecer a todas luces pingüinos gigantes.  La lógica detrás de esta táctica es simple y desesperada a la vez, ya que estos ponchos (se pueden encontrar por unos 75 dólares), fabricados con tejidos capaces de retener casi todo el calor corporal, buscan borrar la silueta térmica del soldado frente a los drones equipados con cámaras infrarrojas.  En Xataka Matalascañas es el ejemplo de un fallo gordo de la arquitectura: pensar que la playa de tu infancia iba a ser como la recuerdas El “pero”. En teoría, el cuerpo humano debería confundirse con el frío del entorno, desapareciendo para los sensores térmicos. En la práctica y como se han encargado de publicitar las fuerzas ucranianas, el camuflaje solo funciona bajo condiciones muy concretas y durante la noche, y su uso reiterado a plena luz del día ha convertido a estos “pingüinos” en blancos fácilmente identificables por drones ópticos, que los detectan sin dificultad antes de atacarlos. El camuflaje como error. Los vídeos difundidos por operadores ucranianos muestran que el problema no es tanto la prenda como su empleo táctico. Los ponchos pueden ocultar el calor del torso, pero dejan expuestas partes como los pies o crean siluetas artificialmente frías que destacan sobre fondos ligeramente más cálidos, facilitando la adquisición del objetivo.  Además, la falta de entrenamiento agrava el problema, ya que muchos soldados parecen desconocer cómo y cuándo usar este tipo de camuflaje. El resultado es paradójico: lo que debía reducir la visibilidad acaba generando figuras negras y perfectamente delimitadas en las pantallas térmicas de los drones, haciendo a los portadores incluso más detectables. Aun así, las unidades rusas insisten en repetir la táctica, enviando una y otra vez a hombres aislados a cruzar terrenos abiertos, con resultados casi siempre letales frente a FPV cargados de explosivos. La batalla de engaños y señuelos. Lo hemos contado antes. Este recurso extremo no es un caso aislado, sino parte de una guerra de engaño cada vez más sofisticada en ambos bandos. Mientras algunos soldados intentan literalmente disfrazarse para sobrevivir a la vigilancia aérea, Ucrania ha perfeccionado el uso de señuelos a gran escala, como cazas F-16 inflables desplegados en aeródromos.  Estos modelos a tamaño real han llegado a atraer municiones merodeadoras rusas guiadas por satélite, obligando al adversario a gastar drones caros y técnicamente avanzados contra objetivos sin valor militar. Incluso desde el lado ruso se ha reconocido implícitamente que algunos de sus supuestos grandes golpes han terminado destruyendo simples maquetas, un coste asumido que, sin embargo, revela los límites de la inteligencia y la identificación de objetivos en un entorno saturado de sensores. En Xataka En 1901, un señor español tuvo una de las ideas del siglo: inventar el mando a distancia antes de la televisión Una guerra de drones. Si se quiere también, todo este intercambio de disfraces, ponchos térmicos y aviones de plástico subraya una realidad más profunda y repetida: el campo de batalla se ha transformado en un duelo permanente entre detección y ocultación, en el que los drones son responsables de la mayoría de las bajas y marcan el ritmo de las operaciones.  Las tácticas improvisadas de camuflaje humano y los elaborados señuelos industriales forman parte del mismo fenómeno, una guerra en la que engañar al sensor es casi tan importante como destruir al enemigo. En ese contexto, la imagen algo surrealista de un “pingüino” avanzando por la nieve no es tanto una anécdota, sino el síntoma extremo de un conflicto en el que la supervivencia depende cada vez más de burlar a una cámara que nunca parpadea. Imagen | Telegram En Xataka | Tres rusos se rinden ante la cámara: lo que antes era una escena "normal" en la guerra en Ucrania es ciencia ficción En Xataka | "Están bajo nuestros pies": Ucrania ha entrado en una fase inexplicable, la de sus drones atacando rusos a distancias absurdas - La noticia Solo hay un problema con la táctica más loca de Rusia para escapar de los drones: en Ucrania no hay colonias de pingüinos fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
Solo hay un problema con la táctica más loca de Rusia para escapar de los drones: en Ucrania no hay colonias de pingüinos

La imagen absurda de un “pingüino” avanzando por la nieve no es una anécdota, sino el síntoma extremo de un conflicto

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Miguel Jorge

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Miguel Jorge

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La Base de Investigación Vernadsky es una estación científica ucraniana en cuyo entorno se han avistado colonias de pingüinos. Ocurre que la misma está en la Antártida, no en Ucrania, un enclave donde no existen estas criaturas que viven casi exclusivamente en el hemisferio sur y, en cualquier caso, rara vez y de forma natural en el hemisferio norte.

Sin embargo, en Ucrania no paran de avistarlos.

Pingüinos en el campo de batalla. Sí, en el frente ucraniano ha surgido una de las imágenes más desconcertantes de esta guerra tan tecnológica: soldados rusos avanzando en solitario por campos nevados cubiertos con ponchos térmicos blancos que, vistos a simple vista, los hacen parecer a todas luces pingüinos gigantes

La lógica detrás de esta táctica es simple y desesperada a la vez, ya que estos ponchos (se pueden encontrar por unos 75 dólares), fabricados con tejidos capaces de retener casi todo el calor corporal, buscan borrar la silueta térmica del soldado frente a los drones equipados con cámaras infrarrojas. 

En XatakaMatalascañas es el ejemplo de un fallo gordo de la arquitectura: pensar que la playa de tu infancia iba a ser como la recuerdas

El “pero”. En teoría, el cuerpo humano debería confundirse con el frío del entorno, desapareciendo para los sensores térmicos. En la práctica y como se han encargado de publicitar las fuerzas ucranianas, el camuflaje solo funciona bajo condiciones muy concretas y durante la noche, y su uso reiterado a plena luz del día ha convertido a estos “pingüinos” en blancos fácilmente identificables por drones ópticos, que los detectan sin dificultad antes de atacarlos.

El camuflaje como error. Los vídeos difundidos por operadores ucranianos muestran que el problema no es tanto la prenda como su empleo táctico. Los ponchos pueden ocultar el calor del torso, pero dejan expuestas partes como los pies o crean siluetas artificialmente frías que destacan sobre fondos ligeramente más cálidos, facilitando la adquisición del objetivo. 

Además, la falta de entrenamiento agrava el problema, ya que muchos soldados parecen desconocer cómo y cuándo usar este tipo de camuflaje. El resultado es paradójico: lo que debía reducir la visibilidad acaba generando figuras negras y perfectamente delimitadas en las pantallas térmicas de los drones, haciendo a los portadores incluso más detectables. Aun así, las unidades rusas insisten en repetir la táctica, enviando una y otra vez a hombres aislados a cruzar terrenos abiertos, con resultados casi siempre letales frente a FPV cargados de explosivos.

La batalla de engaños y señuelos. Lo hemos contado antes. Este recurso extremo no es un caso aislado, sino parte de una guerra de engaño cada vez más sofisticada en ambos bandos. Mientras algunos soldados intentan literalmente disfrazarse para sobrevivir a la vigilancia aérea, Ucrania ha perfeccionado el uso de señuelos a gran escala, como cazas F-16 inflables desplegados en aeródromos. 

Estos modelos a tamaño real han llegado a atraer municiones merodeadoras rusas guiadas por satélite, obligando al adversario a gastar drones caros y técnicamente avanzados contra objetivos sin valor militar. Incluso desde el lado ruso se ha reconocido implícitamente que algunos de sus supuestos grandes golpes han terminado destruyendo simples maquetas, un coste asumido que, sin embargo, revela los límites de la inteligencia y la identificación de objetivos en un entorno saturado de sensores.

En XatakaEn 1901, un señor español tuvo una de las ideas del siglo: inventar el mando a distancia antes de la televisión

Una guerra de drones. Si se quiere también, todo este intercambio de disfraces, ponchos térmicos y aviones de plástico subraya una realidad más profunda y repetida: el campo de batalla se ha transformado en un duelo permanente entre detección y ocultación, en el que los drones son responsables de la mayoría de las bajas y marcan el ritmo de las operaciones. 

Las tácticas improvisadas de camuflaje humano y los elaborados señuelos industriales forman parte del mismo fenómeno, una guerra en la que engañar al sensor es casi tan importante como destruir al enemigo. En ese contexto, la imagen algo surrealista de un “pingüino” avanzando por la nieve no es tanto una anécdota, sino el síntoma extremo de un conflicto en el que la supervivencia depende cada vez más de burlar a una cámara que nunca parpadea.

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En Xataka | Tres rusos se rinden ante la cámara: lo que antes era una escena "normal" en la guerra en Ucrania es ciencia ficción

En Xataka | "Están bajo nuestros pies": Ucrania ha entrado en una fase inexplicable, la de sus drones atacando rusos a distancias absurdas

Fuente original: Leer en Xataka
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