Fotograma de 'Spider-Noir'.
En plan serie 'Spider-Noir': si Nicholas Cage es Spider-Man, la diversión está aseguradaEl actor parece pasárselo en grande en este homenaje vistoso y ligero al género de superhéroes al que la falta de seriedad le sienta especialmente bien.
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Enric Albero Publicada 30 mayo 2026 01:55hLas infinitas posibilidades que ofrece la narrativa basada en universos paralelos, a la que la versión cinematográfica del personaje de Spider-Man accedió en 2018 gracias a esa filigrana animada que era Spider-Man: Un nuevo universo (Bob Persichetti, Peter Ramsey & Rodney Rothman, 2018), ha facilitado ahora el desarrollo de un proyecto como Spider-Noir, capitaneado por el showrunner Orien Uziel (Lago Shimmer, Infiltrados en la universidad).
La exploración del multiverso arácnido abre una ventana al pasado cuya pálida luz se derrama sobre varios niveles. Ni que decir tiene que en el mundo del cómic este argumento ya fue desarrollado en 2009 por parte de David Hine, Fabrice Sapolsky y Carmine Di Giandomenico, aunque la versión para el streaming comprende no pocas novedades con respecto al original.
El superhéroe adolescente por antonomasia es ahora un detective privado sexagenario que malvive en la Nueva York de la década de los 30. Su nombre es Ben Reilly (Nicholas Cage) y lleva años sin utilizar sus habilidades, hastiado tras la muerte de Ruby (Amanda Schull), el gran amor de su vida. Ahora se dedica a resolver casos menores cuando los tiene, a acumular deudas y a contravenir los mandamientos de la Ley Seca humedeciéndose el gaznate con cualquier licor de contrabando que tenga a mano.
Aunque, en el cine, la idea del superhéroe viejo y achacoso ya la habíamos visto en la muy reivindicable Logan (James Mangold, 2017), el tono de esta miniserie de 8 episodios producida por Sony y Marvel para Prime Video se aleja de toda solemnidad.
La elección de un histrión como Nicolas Cage, que da la sensación de habérselo pasado en grande, para encarnar a Ben Reilly tiene que ver con que su edad cuadra con la del personaje, pero también permite extraer una lectura en clave de ironía posmoderna – Cage, que pudo ser Superman y terminó siendo El motorista fantasma, riéndose de sí mismo encarnando a un superhéroe poco fiable- que en no pocas ocasiones frisa la vertiente paródica de Cliente muerto no paga (Carl Reiner, 1982) o de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988).
Estamos ante una apuesta ligera y divertida, algo que le sienta definitivamente bien a un subgénero que decidió engolar la voz desde que Christopher Nolan se hizo cargo de Batman (de la versión de The Spirit que firmó Frank Miller mejor no hablar; esto, por fortuna y pese a las similitudes, está en las antípodas).
La gracia se encuentra no tanto en su trillado desarrollo argumental como en la perspicacia de su creador para adherirse con conocimiento de causa a una determinada tradición previa al surgimiento de los cómics de superhéroes.
Con respecto a la primera cuestión, que pasa por el regreso a la acción de Reilly, todo arrancará con un encargo: la búsqueda de Addison (Jack Mikesell), un tipo que le ha prendido fuego a la mansión de Finn Byrne, alias Silvermane (Brendan Gleeson), el jefe de la mafia local.
Fotograma de 'Spider-Noir'.
A partir de ahí, iremos descubriendo el enfrentamiento entre Silvermane y el alcalde (estamos en plena campaña electoral), una conspiración interna para acabar con el hampón y la creación de una patulea de esbirros con superpoderes cuyos orígenes se remontan a la Primera Guerra Mundial y a su retención en un campo de prisioneros en Meuse-Argonne.
Así pues, Uziel y su equipo de guionistas infiltran la temática superheroica dentro de unas pautas genéricas perfectamente codificadas: el detective desencantado y bebedor, el ayudante perspicaz, en un rol que se desdobla y que encarnan su secretaria Janet (Karen Rodríguez) y el periodista Robbie Robertson (Lamorne Morris), la femme fatale, el pasado que regresa para cobrarse su factura, la corrupción sistémica, las palizas inopinadas…
Todo ello sin perder de vista los signos distintivos de un Spider-Man aquí apodado ‘La araña’ que, pese a las dificultades impuestas por la edad, sigue conservando su humor chispeante incluso en mitad de las peleas, todavía se enfrenta al dilema entre el poder y la responsabilidad, tiene el corazón roto por la pérdida (Ruby ocupando el lugar de MJ Watson), el sentido arácnido sigue funcionándole como un marcapasos recién instalado y padece serios problemas para mantener su identidad en secreto, sin duda el motivo de la saga que proporciona las mejores escenas, ya sean cómicas (el gag de las borracheras del capítulo siete) o románticas (cuando se ve obligado a revelar quién es frente a Cat Hardy).
Los injertos superheroicos pasan no solo por modificar el genoma de las secuencias de acción alejándolas del realismo inherente al noir, sino por la construcción de un relato de origen que explica la génesis de este Spider-Man nuevo y viejo, pero también de supervillanos como Tombstone / Lonnie Lincoln (Abraham Popoola), Sandman / Flint Marko (Jack Huston) o Megawatt / Dirk Leyden (Andrew Lewis Caldwell), el trío de secuaces a los que Silvermane pone a su servicio con un argumento tan débil como el ofrecimiento de amparo: habida cuenta de las habilidades de los tres resulta difícil creer que no lo liquiden y asuman el control de su organización, por más que sean pobres exsoldados a los que todo el mundo ignora y a los que el capo ha acogido bajo su regazo.
Fotograma de 'Spider-Noir'.
Pero, como decíamos, aquí el interés lo encuentra uno en la cita oportuna, en el guiño enciclopédico, en la inteligencia para señalar dónde se encuentran los orígenes del modelo narrativo que se ha apoderado del entretenimiento en las últimas dos décadas.
En el quinto episodio, y de manera fugaz, observamos a un guardia de seguridad leyendo un ejemplar de Undercover Detective, una revista pulp que empezó a publicarse a finales de la década de los 30. En el mismo capítulo, Reilly invita a los tres supervillanos a ver La parada de los monstruos (Todd Browning, 1932), aduciendo que “todavía está cartelera”.
La superposición de esas dos citas, además de funcionar como elemento contextual, sirve para definir, de una parte, un proyecto como Spider-Noir, pero también incorpora la idea de transformar a los freaks en héroes y de utilizar la literatura popular como vehículo de difusión de esa nueva tendencia. Primero las novelas pulp, después el cómic (recuerden que el primer número de Action Comics en el que aparece Superman está fechado en 1938, la misma década en la que se sitúa la serie).
De hecho, si nos ponemos estupendos, podemos ver la cita a Fueros humanos (Frank Borzage, 1933), cuyo cartel aparece durante el duelo final entre La Araña y Megawatt, como un guiño al romance truncado entre Ben Reilly y Cat Hardy (Li Jun Li), dos personas que no se entienden como no se entendían los protagonistas de aquel drama romántico ambientado, como Spider-Noir, durante la Gran Depresión.
Por cierto, si en la película el amor lo podía todo, la relación entre Reilly y Cat se parece más a la que mantuvieron Spencer Tracy y Loretta Young, estrellas de Fueros humanos, fuera de la pantalla. Igual ya estamos rizando el rizo de la interpretación, así que no se lo tomen demasiado en serio.
Nicolas Cage en 'Spider-Noir'.
En cualquier caso, el rastreo de las fuentes originales también se da desde lo estético, tanto que se nos ofrece la posibilidad de ver la serie en color o en blanco y negro (mejor la segunda opción, en la primera, la saturación es tan alta que aquello parece una colección de pinturas fauvistas).
Si la actuación de Cage se mira en James Cagney, la más aspaventosa de las estrellas noir – véase la cita a El gran tipo (John G. Blystone, 1936) en el cuarto capítulo-, las numerosas tomas oblicuas (no siempre justificadas dramáticamente), la iluminación contrastada, las angulaciones bajas o el fotocopiado de motivos visuales propios del género – Cage emergiendo de detrás de una nube de humo – e incluso un anacrónico homenaje a La dama de Shanghai (Orson Welles, 1947), sirven para crear una atmósfera fácilmente reconocible que no pierde consistencia cuando el imaginario superheroico se suma a la ecuación. La mezcla funciona sorprendentemente bien, tan bien como el llamativo atuendo de La araña, la máscara coronada con un sombrero de ala ancha.
Spider-Noir es, en definitiva, un homenaje vistoso y ligero tanto a ‘El hombre araña’ como al género al que la falta de seriedad le sienta especialmente bien. Por cierto, el ejército de fans de Nicholas Cage —un tipo que hubiera protagonizado La máscara (Chuck Russell, 1994) sin necesidad de ídem—se lo pasará en grande.
Spider-Noir
Creador: Oren Uziel.
Intérpretes: Nicholas Cage, Brendan Gleeson, Lamorne Morris, Li Jun Li.
Productora: Sony Pictures Television, Pascal Pictures, Amazon MGM Studios, Lord Miller, Marvel Entertainment.
País: Estados Unidos.
Año: 2026.
Plataforma: Prime Video.
Fecha de estreno: 27 de mayo