Ampliar
Starmer en una visita a un centro comunitario al norte de Londres. AFP Starmer gana tiempo con el respaldo de su gabinete tras la crisis de EpsteinArropado por el resto del Gobierno, el primer ministro británico evita el colapso institucional y fía su futuro a las próximas citas electorales
Londres
Martes, 10 de febrero 2026, 19:54
... con una imagen de control que, sin disipar las dudas de fondo, ha permitido al Partido Laborista ganar tiempo. Tras unas jornadas previas marcadas por una investigación policial en curso por el caso Mandelson y el desafío abierto desde el líderazgo laborista escocés, que pedía su dimisión, el primer ministro ha presidido la reunión semanal del gabinete arropado por sus ministros, en un ejercicio de disciplina colectiva que ha evitado el colapso inmediato de su liderazgo y ha trasladado el foco a un horizonte decisivo de pruebas electorales.Noticias relacionadas
Dimite el jefe de de Starmer tras el escándalo por la relación entre su exembajador en EE UU y Esptein
La caída de Mandelson amenaza a Starmer
La presión sobre Starmer aumentó con rapidez. El fin de semana dimitió su jefe de gabinete, Morgan McSweeney, figura central en la maquinaria política de Downing Street, y el lunes se conoció la salida de Tim Allan, director de comunicación. Fuentes citadas por la prensa local señalan que el proceso de cambios podría continuar con la marcha del secretario del gabinete, Chris Wormald, lo que subraya la profundidad de la sacudida institucional. En ese contexto, la intervención de Anas Sarwar, líder del Partido Laborista en Escocia, al pedir públicamente la renuncia del primer ministro, supuso una ruptura sin precedentes en la disciplina interna y elevó el riesgo político en vísperas de las elecciones escocesas de mayo.
Sin renuncia
A última hora del lunes, sin embargo, el equilibrio ha empezado a inclinarse. En una reunión privada del grupo parlamentario laborista, Starmer ha afirmado que no está dispuesto a marcharse y ha pedido tiempo para reconducir la situación. A partir de ese momento, y de manera especialmente visible tras un mensaje de apoyo del viceprimer ministro David Lammy, los miembros del gabinete han comenzado a expresar su respaldo público al líder. El responsable de Energía, Ed Miliband, ha reconocido la gravedad del episodio al describirlo como un «momento de peligro» en el que el partido «miró al precipicio» antes de decidir sostener al primer ministro, al considerar que la alternativa habría sido un proceso interno de liderazgo con consecuencias imprevisibles.
Ese argumento fue reforzado por el politólogo John Curtice, una de las voces más influyentes en el análisis electoral británico. En declaraciones a la BBC, Curtice ha afirmado que el mayor activo de Starmer en este momento es la ausencia de una alternativa creíble capaz de «dar la vuelta a la situación a corto plazo», y ha advertido de que una dimisión inmediata abriría una contienda interna «divisiva» que dañaría al partido en un momento crítico. Curtice ha interpretado el movimiento de Sarwar como un intento de «ir a por todas» ante el riesgo de un «choque electoral» en Escocia, pero ha subrayado que, para que surtiera efecto, habría necesitado un respaldo interno mucho más amplio.
El apoyo al primer ministro no se ha limitiado a Westminster. La ministra principal de Gales, Eluned Morgan, ha difundido un comunicado en el que ha declarado su respaldo a Starmer «en el trabajo para el que fue elegido», al tiempo que ha apelado a la necesidad de estabilidad tras años de liderazgo errático bajo gobiernos conservadores. No obstante, Morgan ha introducido matices significativos al reconocer que había tenido dudas sobre la idoneidad de Mandelson para un cargo público y al reclamar que el error de su nombramiento fuese «reconocido y afrontado con honestidad».
Desde el Partido Conservador, la lectura es distinta. Su líder, Kemi Badenoch, ha sostenido que la caída de Starmer era «una cuestión de cuándo, no de si» (sucederá) y ha afirmado que su partido está preparado una moción de censura, aunque ha admitido que aún no ha llegado el momento. Badenoch ha argumentado que el cierre de filas laborista responde al miedo de los diputados a perder sus escaños y ha calificado el liderazgo del primer ministro como una fuente de inestabilidad.
En paralelo, el Gobierno ha tratado de contener las consecuencias institucionales del caso Mandelson. Tras la decisión del ministro de Sanidad, Wes Streeting, de publicar sus mensajes con el exembajador, desde Downing Street de instruyó a los ministros para que no divulgaran comunicaciones privadas. La Policía Metropolitana respaldó esa directriz al advertir de que la publicación de conversaciones podría perjudicar la investigación en curso.
Al abandonar el número 10 este martes tras la reunión del gabinete, los ministros han mostrado una imagen de normalidad que contrasta con la intensidad de las horas previas. Starmer, por ahora, respira. Sin embargo, el apoyo recibido tiene fecha de caducidad implícita. Como señalan analistas y admiten en privado miembros del Gobierno, las elecciones de mayo, así como citas intermedias como la elección parcial de Gorton y Denton, se perfilan como pruebas determinantes para medir si el premier ha superado una crisis coyuntural o si simplemente ha pospuesto un ajuste de cuentas que sigue latente en el corazón del laborismo.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión