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JOSÉ IBARROLA LA TRIBUNA «Su hijo tiene cáncer»Miles de familias reciben cada año un diagnóstico oncológico pediátrico en España, pero hay que conocer que no deja de aumentar la cifra de supervivientes
Andrea Urtasun Erburu
ESPECIALISTA EN ONCOLOGÍA PEDIÁTRICA EN EL CANCER CENTER CLÍNICA UNIVERSAD DE NAVARRA
Martes, 17 de febrero 2026, 01:00
... trayectoria vital de una familia, de romper planes y de colocar a «esa personita» -lo que más queremos- en el centro de una incertidumbre profunda. Con ellas aparecen la vulnerabilidad, el miedo y una intensa sensación de injusticia. Comienza un viaje complejo, lleno de desafíos vitales para el niño y su familia.Los cánceres pediátricos son enfermedades complejas, que sufren individuos únicos y que tienen lugar en contextos familiares, emocionales y sociales particulares. En consecuencia, su abordaje integral es una necesidad innegociable.
En el Día Internacional del Cáncer Infantil, debe recordarnos que la investigación no es opcional
Por un lado, la medicina del siglo XXI pasa inexorablemente por aplicar tecnologías de vanguardia que describan con precisión y detalle las características particulares de cada tumor y de cada paciente. Conocer los llamados factores pronóstico y las dianas terapéuticas nos permitirá ajustar la intensidad del tratamiento a cada caso: ni más de lo necesario, ni menos de lo eficaz. Y, especialmente, nos abre la puerta a terapias dirigidas que atacan los puntos débiles del tumor, aspirando de esta manera a mejorar la respuesta, reduciendo a la vez la toxicidad. Así mismo, estudiar el bagaje genético del propio paciente aporta datos para ajustar los fármacos, permitiendo abandonar definitivamente el café para todos y avanzando hacia tratamientos personalizados. En definitiva, es prioritario analizar en profundidad el tándem paciente-enfermedad con el fin de optimizar la terapia farmacológica para una mayor eficacia y menores efectos adversos.
Pero tratar no es solo curar. Es cuidar a una persona que necesita apoyo físico y funcional, pero también psicológico, social y espiritual.
Frecuentemente las preocupaciones reales de los protagonistas distan mucho del foco del médico o incluso del de su familia, más aún cuando se trata de un paciente pediátrico. Y no dependen solo de su historia personal o de su edad cronológica; también de su madurez emocional y de su sentido de trascendencia. A Martina, de cinco años, le angustia la idea de separarse de su madre. A Julen, con seis, le inquieta qué sucede con sus juguetes mientras está ingresado en el hospital. Pablo, de once, siente ansiedad ante la idea de no terminar la liga de fútbol. Adriana, con trece, se entristece al imaginar qué pensará de ella el chico que le gusta cuando la vea sin pelo. Escuchar estas inquietudes no es opcional: es parte esencial del cuidado.
Cada 15 de febrero conmemoramos el Día Internacional del Cáncer Infantil. Ojalá este día nos ayude a recordar algunas verdades importantes: en primer lugar, los pacientes y su entorno deben saber que no están solos. Miles de familias reciben cada año un diagnóstico oncológico pediátrico en nuestro país. Y son personas valientes y luchadoras, sí, pero también sensibles y vulnerables, y es igual de legítimo sentirse fuerte que sentirse frágil. Es importante conocer que muchos niños superan un cáncer: 500.000 supervivientes de cáncer infantil viven en Europa hoy en día, y la cifra no deja de aumentar.
Otra idea clave, especialmente relevante para los profesionales sanitarios, es la necesidad de no escatimar esfuerzos en ampliar nuestro conocimiento de estas enfermedades y en ofrecer alternativas que mejoren las tasas de curación y la calidad de vida. Es imprescindible mirar a los ojos de nuestros pacientes y de sus cuidadores con humildad, tratando de comprender sus necesidades reales y acompañándolos desde sus zapatos, no desde los nuestros. Es importante transmitirles que pueden contar con nosotros en cada etapa de este camino.
Finalmente, este mensaje también interpela a la sociedad en su conjunto y a los responsables políticos, recordando que la investigación no es opcional, es radicalmente necesaria. Sin ella no hay progreso ni esperanza. No debiera ser admisible que, por falta de financiación, cientos de propuestas prometedoras creadas desde la profesionalidad y el rigor científico queden guardadas en un cajón, incapaces de avanzar, como sigue ocurriendo con demasiada frecuencia.
La experiencia de enfrentarse a un cáncer, bien sea en primera persona o a través de nuestros seres queridos, puede incluir momentos extremadamente duros. Ahora bien, también puede ser una experiencia transformadora y un viaje de madurez excepcional. Hacia dónde incline la balanza depende en parte de los recursos personales de cada afectado, pero también -y mucho - del acompañamiento y las opciones que la ciencia y la sociedad sean capaces de ofrecerle.
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