A las 21.23 horas acabó el primer juicio a la corrupción sanchista -el «chocolate del loro»- tras una maratón por momentos apoteósica. La primera apoteosis se produjo al arrancar. Todos estaban expectantes: ¿hasta dónde iría Alejandro Luzón tras su choque con Peramato? Sin embargo, una figura extraña le robó el protagonismo inicial: dos planetas televisivos se interconectaron cuando la abogada del PSOE en Kitchen irrumpió en la sala en nombre de su asociación satélite Adade. Gloria de Pascual quería manifestar su desacuerdo con el representante de las siete acusaciones populares, el letrado del PP Alberto Durán. La abogada de voz tabernaria quería caña contra Aldama; ni olvido ni perdón. Así que se abalanzó sobre un micrófono y, de pie, protestó inútilmente ante Arrieta. El show fue breve pero dio la medida de lo que está en juego en el Supremo.
Para entenderlo conviene avanzar a la tarde, hasta el turno de la siempre destacable Leticia de la Hoz. La abogada de Koldo, que hizo la defensa final de su cliente como quien hila metralla inconexa acodado en la barra de un bar -«no se lo cree ni el que asó la manteca», «vamos a contar mentiras, tralará»-, pronunció tres veces su definitiva aportación al castellano: en este juicio ha habido un «elefante rosa en la habitación». Quería decir que nadie ha nombrado «el blanqueo de capitales» de Aldama. Pero se equivocaba: el auténtico «elefante rosa» han sido las presiones del Gobierno y sus satélites al fiscal jefe Anticorrupción.
Ayer ese elefante asomó en la brillante intervención del fiscal. Y en la sonrisa de aire burlón con la que le miraba la letrada del PSOE también. Luzón habló 1 hora y 40 minutos. Fue claro, demoledor. No verbalizó explícitamente su desacuerdo con Peramato, pero sí lo dio a entender. Y, con un español precioso y citas eclécticas -Casablanca, Joaquín Francisco Pacheco, Enrico Ferri y La chica del 17, un cuplé-, fue la voz de la integridad. Las «empresas públicas colonizadas, casi parasitadas, por el poder político». La «corte servil» que va complaciendo al ministro «hasta que, si hay suerte, aparece una empleada íntegra»: Virginia Barbancho, de Tragsatec. ¡La «corrupción política» que está «carcomiendo nuestro sistema democrático»! ¡«Los poderes públicos que descalifican a quienes tienen la responsabilidad de perseguirla»!... Debió decir a los que tenemos, porque a Luzón lo está desacreditando el PSOE y sus cloacas lo quisieron destruir.
Al terminar recibió felicitaciones. Se le veía liberado. La emoción descendió después con Durán, que se hizo largo, y vibró de nuevo con el reputado Choclán, a quien Ábalos miraba como pensando que se había equivocado de abogado defensor.
Luego habló De la Hoz, a la que desde el público acompañaban su padre -ex dirigente del partido de Mario Conde- y el letrado Carlos Bautista. Arrieta le pedía una y otra vez que abreviara -«más que nada para mantener la atención»-, pero no pudo ser. Después llegaron Turiel y su autodefinición como «el primer sorprendido» por haberle preguntado a Jésica si es prostituta o no.
El ánimo estaba ya por los suelos cuando a las 20.20 Koldo hizo uso de su derecho a la última palabra. Ábalos también. Fue puro surrealismo. Un desenlace coherente. Koldo sólo quería «ayudar» y es un hombre «destruido». Ábalos irá a la cárcel «por dos contratos». Hablaban como si el relato contara más que los hechos. Como si el Supremo fuera La Moncloa. Al terminar, los dos se cruzaron con Aldama sin devolverle la mirada. Koldo sí buscó la complicidad visual de Ábalos, pero el ex ministro no le correspondió. «Visto para sentencia», dijo Arrieta.