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Sanae Takaichi llegó al poder en 2025. Reuters Takaichi lleva a Japón a las urnas para blindar su liderazgoLa coalición de la primera ministra podría alcanzar este domingo una 'supermayoría' de dos tercios, capaz de desbloquear reformas constitucionales, pese a la unión de sus rivales
Pekín
Sábado, 7 de febrero 2026, 20:25
... desde hace un lustro es en realidad una mujer: Sanae Takaichi, la primera en ostentar la jefatura de Gobierno. Evolucionan así el mundo, el poder y hasta la oposición, que trata de superar su endémica fragmentación con una lista conjunta. Pero, entre tanto cambio, la elección a priori más impredecible se revela en realidad como una certeza.Noticias relacionadas
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En el caso de Takaichi, este resulta particularmente rotundo. La encuesta difundida el pasado mes de diciembre por el diario financiero 'Nikkei' le concedía un índice de aprobación del 75%, el cual en la última semana descendía a cotas todavía macizas del 57%. Por ese motivo, ha caracterizado estos comicios como una cuestión personal. «No tenemos otra opción que dejar que la gente decida si Sanae Takaichi está capacitada para ser primera ministra», sentenciaba –en tercera persona– hace dos semanas al anunciar la disolución de las cámaras.
Tras un trimestre al mando, Takaichi acumula sus méritos al otro lado de la frontera. Ha proclamado una «nueva era dorada en la alianza» con Estados Unidos mientras sostenía la mano de Donald Trump, ha acercado posiciones con Corea del Sur tocando la batería con Lee Jae-myung y, por encima de todo, ha resistido el pulso a Xi Jinping.
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El presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, y la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, tocan la batería en Nara. AFPEn noviembre, la primera ministra señaló durante una sesión parlamentaria que una hipotética invasión china de Taiwán podría ser considerada una «situación que amenaza la supervivencia de Japón». Este término legal, establecido en 2015, permitiría la movilización de las Fuerzas de Autodefensa, el peculiar ejército nipón, limitado en su operatividad por la Constitución pacifista impuesta por Estados Unidos.
Dichas declaraciones despertaron la ira del gigante asiático, que en respuesta inició una ofensiva de máxima intensidad, con retirada de turistas, ejercicios militares, sanciones comerciales y una belicosa retórica que ha rechazado los acercamientos conciliadores de Japón para acusar al país de «retomar la senda del expansionismo» y «repetir errores históricos», en referencia a la Segunda Guerra Mundial.
Tiro por la culata
Esta agresividad ha acabado por apuntalar la posición de Takaichi, a quien el régimen chino tenía por débil. Procede ella del ala más conservadora del Partido Liberal Democrático (PLD) y se impuso con claridad en las primarias celebradas el pasado mes de octubre. La correlación entre liderar la formación y presidir Japón solía resultar automática, no en vano el PLD ha gobernado durante 66 de los últimos 70 años, pero se quebró después de que el primer ministro saliente, Shigeru Ishiba, perdiera la mayoría en ambas cámaras en menos de un año.
Takaichi heredaba, por tanto, una situación inestable agravada por la espantada de los budistas conservadores de Komeito, quienes rompieron la coalición vigente desde hacía 26 años, generando la posibilidad de que la oposición conformara una mayoría alternativa por primera vez desde 2021. Un intento fallido: Takaichi recurrió a los populistas de centroderecha de Ishin no Kai –el Partido de la Innovación– y con su apoyo triunfó.
66 años
de los últimos 70 ha gobernado Japón el Partido Liberal Democrático, al que pertenece Sanae Takaichi.
Ahora llega la batalla definitiva, con un inusitado aspecto bipartidista, pues Komeito acabó por sumarse a la primera fuerza opositora, el Partido Democrático Constitucional (PDC) para conformar la Alianza de Centro Reformista (ACR) o Chudo. Esta plataforma se opone al «giro derechista» de la política nacional, aunque promete una «respuesta firme a las preocupaciones sobre China», redoblada evidencia de cómo la hostilidad del régimen ha elevado la entereza nipona a consenso transversal.
Queda, pues, a un lado la coalición del PLD e Ishin –198 y 34 escaños en la Cámara Baja, respectivamente, de un total de 465– y al otro la confluencia del PDC y Komeito en Chudo –148 y 24–. Un escenario que otorga centralidad estratégica al quinto en discordia, el Partido Democrático para el Pueblo (PDPP) –27–. Sin embargo, su intermediación quizá no sea relevante, pues las últimas encuestas prevén una «victoria aplastante» para Takaichi.
Un proyecto fiscal expansivo
Los sondeos realizados este lunes por el diario 'Asahi Shimbun' pronostican que el PLD rebasará con solvencia la mayoría simple –cifrada en 233 escaños– y junto al aporte de Ishin podría alcanzar incluso la 'supermayoría' de dos tercios –310– que permite superar el veto de la Cámara Alta y desbloquear reformas constitucionales. Chudo, incapaz de movilizar a su electorado, podría ver su presencia reducida a la mitad. El PDPP se mantendría estable, mientras que la formación de extrema derecha Sanseito crecería de manera sustancial.
«Un resultado electoral sólido reforzaría los instintos fiscales expansivos de Takaichi y acallaría las voces dentro del PLD», apuntaba un informe reciente de la consultora Eurasia. «En ese escenario, un presupuesto nacional de tamaño récord saldría adelante antes de abril y los impuestos al consumo sobre los alimentos se reducirían antes de que termine el año». Este último punto supone una promesa de campaña para responder al aumento del coste de vida, la principal demanda social.
Las consecuencias más notables se producirían, sin embargo, en el terreno internacional. Trump, de hecho, ya ha roto convenciones –una vez más– para expresar su «apoyo absoluto» a la candidata. «Una Takaichi envalentonada endurecería su política hacia China y reforzaría la disuasión militar japonesa, prolongando el enfrentamiento diplomático durante muchos meses». De ser así, la primera ministra habría logrado convertir la presión exterior en cohesión interna, para posicionar a Japón ante el mañana y sus certezas.
En la senda de Abe
El agujero en el liderazgo traza la silueta de Shinzo Abe, el estadista que marcó el Japón de posguerra y el que más tiempo ha presidido el país, un total de ocho años y medio divididos en dos etapas. Este dimitió –por segunda vez– en agosto de 2020 aquejado de problemas de salud y en julio de 2022 fue asesinado durante un acto de campaña. Sanae Takaichi, siempre próxima, se convirtió en heredera oficial de Abe cuando se postuló a las primarias del PLD en 2021 avalada por su apoyo. En su decisión de convocar elecciones sin consultar con la cúpula del partido ni con los socios de coalición muchos detectan la influencia de su difunto maestro: una imitación de sus formas para poder imitar su fondo.
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