- SARA TRUEBA
Dedicado a la moda durante 25 años, y ahora centrado en ella desde una aproximación más artística y performativa, Diego Villalba explora el tartán con el propósito de hacernos viajar al pasado y jugar con la historia, la materia y la geografía a través de este tejido, aparentemente tosco y unisex, que permanece vigente siglos después, gracias a la moda y a trabajos artísticos como este.
Hay trayectorias que no se rompen, sino que se transforman. La del artista Diego Villalba, que presenta su nuevo trabajo, Tartán, responde precisamente a esa lógica: la de alguien que, tras 25 años dedicado a la moda -entendida no como industria, sino como una de las formas más primarias de expresión cultural-, decide trasladar ese mismo impulso narrativo al territorio del arte contemporáneo. Lejos de ser un giro abrupto, el cambio se revela como la consecuencia natural de un proceso de maduración personal y profesional que marcó el final de una etapa y el inicio de otra más libre, centrada en la investigación artística.
Heredero de una tradición familiar con más de cuatro décadas de historia en la costura artesanal (es hijo del diseñador Alfredo Villalba), su mirada se ha construido entre tejidos, formas y relatos. De ahí que su aproximación al arte conserve esa sensibilidad hacia lo textil como lenguaje. En Tartán, esa experiencia previa no desaparece, sino que se resignifica: el tejido deja de ser un elemento funcional para convertirse en soporte simbólico, cargado de memoria, identidad y conflicto.
Comisariada por Fernanda García de Jalón, la exposición es el resultado de más de un año de trabajo conjunto y se plantea como una experiencia que va más allá de lo visual. A través de instalaciones, piezas textiles intervenidas y un cuidado recorrido expositivo, el artista invita al espectador a adentrarse en la complejidad histórica del tartán: un motivo aparentemente reconocible que, sin embargo, encierra siglos de cultura, pero también episodios de opresión, resistencia y apropiación.
Las obras —muchas de ellas construidas a partir de tejidos desgarrados, reconstruidos o tensionados— funcionan como metáfora de esa historia fragmentada, estableciendo un diálogo entre lo ancestral y lo contemporáneo. Porque si algo define su práctica es precisamente esa voluntad de reinterpretar el pasado desde el presente: no como ejercicio nostálgico, sino como herramienta para pensar el tiempo que habitamos.
En este contexto, Tartán (entrada libre hasta finales de mayo. Conde de Aranda, 1. Entreplanta dcha.) se presenta no solo como una exposición, sino como una invitación a escuchar, leer y sentir. Un punto de partida desde el que entender las motivaciones de un creador que sigue explorando, ahora desde el arte, el poder de los materiales para contar historias.
¿Qué es la moda para ti?
Para mí, la moda es un arte, incluso diría que el primer arte. Antes de pintar, construir o componer música, el ser humano ya se vestía. La forma en la que nos hemos vestido a lo largo de la historia dice mucho de nuestra identidad como especie. Por eso me interesa tanto observar cómo vestíamos antes y cómo vestimos ahora: la moda no solo viste cuerpos, también cuenta historias.
Has trabajado muchos años al lado de tu padre, ¿queda nostalgia?
Más que nostalgia personal, hay un profundo respeto por el legado. Hablar de una marca con más de 45 años de historia, dedicada a una costura muy personal y reconocida tanto a nivel nacional como internacional, implica reconocer un capítulo importante de la historia de la moda española.
Diego Villalba en su atelier de la calle Conde de Aranda, 1, en Madrid.¿Qué esperas que el visitante encuentre, aprenda y sienta a lo largo de la exposición?
Me gustaría que el visitante llegue con ganas de escuchar, leer y sentir. Tartán es el resultado de más de un año de trabajo conjunto con la comisaria, Fernanda García de Jalón, en el que hemos cuidado cada detalle: desde las obras hasta los textos, las instalaciones, las molduras y el recorrido expositivo.
Ojalá el público se lleve un conocimiento más profundo del tartán, entendiendo que no es solo un tejido de cuadros y colores, sino un material cargado de historia, identidad y memoria. Detrás de él hay siglos de cultura, pero también episodios de opresión, resistencia y vulnerabilidad del pueblo escocés, que nos permiten reflexionar sobre la violencia histórica y cultural.
© Diego Villalba¿Qué has descubierto tu investigando sobre este tejido?
He descubierto una historia apasionante, llena de contrastes. El tartán concentra belleza, cultura, códigos, memoria e identidad, pero también revela episodios de violencia, apropiación cultural, opresión y destrucción. Es un relato complejo que, lamentablemente, sigue teniendo ecos en la actualidad. Por eso muchas de las obras incorporan tejidos desgarrados, deshilachados, destruidos y reconstruidos: funcionan como una narrativa simbólica de esa historia fragmentada.
Alrededor del tartán haces tu propia performance. ¿Cuál es el propósito emocional?
Mi propósito, tanto en la moda como ahora en el arte, es contar historias y reivindicar el poder del arte como lenguaje. Trabajo siempre desde un concepto y, aunque en este caso parta de lo ancestral y de la historia, mi intención es abordarlo desde una mirada completamente contemporánea. No me interesa quedarme en el pasado: como artista necesito interpretar lo que forma parte de nuestro tiempo, releerlo y reescribirlo. Ser contemporáneo incluso refiriéndome al pasado.
© Diego VillalbaTienes otra exposición en Mayo, en Formentor, Mallorca. Resume sobre qué versa ese otro proyecto, qué encontrará allí el visitante y por qué has elegido esa localización?
En mayo presentaré una nueva exposición en Formentor, Mallorca, en un lugar tan emblemático y cargado de historia como el antiguo Hotel Formentor, hoy Four Seasons Formentor. Cuando me propusieron el proyecto fue una gran sorpresa, y lo afronto con muchísima ilusión.
La muestra estará compuesta por obras exteriores —dos grandes esculturas y tres tapices de gran formato— y una pieza interior que reúne dibujo y pequeñas esculturas. Todo el proyecto dialoga con El pi de Formentor, el poema y los pinos que nacen directamente de la arena de la playa.
Es una exposición muy simbólica, centrada en la identidad y en la relación entre el ser humano y la naturaleza. Los pinos funcionan como una metáfora de valores universales como la resistencia, la persistencia, la integración o la capacidad de adaptación, valores esenciales para la supervivencia y muy presentes en el momento que vivimos. Todo ello desde una mirada positiva y esperanzadora.
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