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¿Te ves los brazos más cortos? Guía para saber si tus ojos necesitan una revisión

¿Te ves los brazos más cortos? Guía para saber si tus ojos necesitan una revisión
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Misterio de la segunda visión, ventana empañada y otras sensaciones que revelan que tenemos un problema de visión que quizá no sabemos identificar
¿Te ves los brazos más cortos? Guía para saber si tus ojos necesitan una revisión

Misterio de la segunda visión, ventana empañada y otras sensaciones que revelan que tenemos un problema de visión que quizá no sabemos identificar

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Solange Vázquez

30/06/2026 Actualizado a las 00:07h.

El primer síntoma de que nos hacemos mayores no son las canas, ni que tardemos cuatro días en recuperarnos de una farra... es empezar a ... estirar el brazo para leer la pantalla del móvil. A estas alturas todos sabemos que, casi con seguridad, eso es presbicia. Pero hay otras alteraciones visuales no tan evidentes. Para ayudarnos a identificar qué le ocurre realmente a nuestra mirada a través de sensaciones cotidianas, el doctor Alejandro Dávila, oftalmólogo del Hospital Vithas Vitoria, nos 'traduce' las frases que oye en consulta. ¿Te reconoces en estas frases?

La voz del experto: Si el cartel de la carretera se ve borroso de lejos, es «miopía pura y dura», pero si además «ves las letras como con »sombra« o dobles», se trata de astigmatismo.

«Se me han encogido los brazos»

La sensación: Estás en la ducha y confundes el bote del champú con el del gel, o necesitas estirar el brazo al máximo para leer un WhatsApp. Vamos, que la letra pequeña se te resiste.

La voz del experto: «En la consulta suelo bromear con mis pacientes diciéndoles que de repente sufren del 'síndrome de los brazos cortos', confiesa el oftalmólogo. »El ojo humano tiene una lente interna (el cristalino) que funciona como el autoenfoque de una cámara de fotos. A partir de los 40 o 45 años, a esa cámara de fotos se le empieza a encasquillar el zoom. La lente pierde flexibilidad y ya no nos deja enfocar de cerca«. Y cuando confundes los botes en la ducha es porque »estás tan cerca que el ojo ya no da más de sí para enfocar la letra pequeña«. Sí, es presbicia. Esta es la alteración 'fácil' de detectar.

«Alguien ha empañado la ventana»

La sensación: Ves el mundo como si los cristales de casa estuvieran sucios o empañados.

La voz del experto: Es el síntoma clásico de las cataratas, sobre las que pesa una falsa creencia generalizada: «Muchos pacientes vienen pensando que la catarata es una telilla por fuera del ojo que quitamos pasando un 'limpiaparabrisas'. Y no. La catarata es como mirar a través de un parabrisas sucio o empañado», advierte el doctor. «Esa lente transparente que tenemos dentro del ojo, con los años y la luz ultravioleta, pierde su transparencia y se vuelve opaca. No se limpia; hay que cambiarla». Afortunadamente se puede corregir con cirugía muy fácilmente. «Es una cirugía ambulatoria, rapidísima (un »visto y no visto« literal) y, sobre todo, indolora. Usamos gotas de anestesia, ni siquiera pinchamos». «El paciente se va a casa andando, viendo por su propio ojo y, muchas veces, alucinando con lo blancos que eran en realidad los azulejos de su baño», afirma.

«¡Milagro! Vuelvo a leer sin gafas a los 65»

La sensación: Llevas años usando gafas de cerca y, de repente, a los 65 ya no las necesitas. ¿Milagro?

La voz del experto: «Siento ser el aguafiestas que desmiente el milagro. En oftalmología lo llamamos 'segunda visión', y es la gran chivata de que la catarata se está instalando», desvela el especialista. Al envejecer, la lente «se vuelve más densa, se hincha un poco y cambia su graduación. Hace un efecto lupa temporal que engaña al paciente permitiéndole leer de cerca sin gafas durante una temporadita, pero a cambio, le estropea la visión de lejos», indica el experto. Su consejo es directo: «Si a los 65 o 70 años de repente tiras las gafas de leer, ve pidiendo cita, porque las cataratas están llamando a la puerta».

«He perdido los 'espejos retrovisores'»

La sensación: Ninguna. No duele, no pica, no da destellos.

La voz del experto: Es el glaucoma, apodado 'la ceguera silenciosa'. «Es traidor porque no duele, no pica, no da destellos ni avisa. El glaucoma daña el nervio óptico, generalmente porque la presión del líquido dentro del ojo está alta», explica el doctor. «El problema es que el glaucoma es como ir perdiendo los espejos retrovisores del coche. Empiezas a perder campo de visión por los laterales (visión de túnel), pero como miras hacia adelante y el cerebro es muy listo rellenando los huecos visuales, no te das cuenta hasta que el daño ya es muy severo». Por eso, insiste, es vital medir la tensión ocular en las revisiones: el daño no se recupera, pero se frena en seco.

«Tengo los ojos como la mojama»

La sensación: Notamos incomodidad visual y sequedad.

La voz del experto: «Cuando miramos una pantalla, parpadeamos un 70% menos de lo normal. La lágrima se evapora y el ojo se irrita, pica y ve borroso. Además, forzamos mucho los músculos del enfoque».

¿A qué edades debemos revisar la vista?

Aunque la edad y la genética mandan, nosotros podemos hacer mucho por nuestros ojos. «Una dieta mediterránea rica en antioxidantes, no fumar y mantener a raya el colesterol y la diabetes ayudan enormemente. El ojo no deja de ser una extensión del cerebro y tiene muchísimos vasos sanguíneos microscópicos. Y lo que es bueno para el corazón, es bueno para tus ojos», indica Dávila. Pero aunque nos portemos bien, he aquí los momentos en que debemos hacernos revisiones:

De niños (4 o 5 años): «Hay que descartar el ojo vago», apunta.

Adultos jóvenes: Una revisión en la veintena y treintena.

A los 40: «Hay que tomar la tensión ocular para descartar glaucoma y valorar la presbicia».

A partir de los 50: Una visita anual o cada dos años.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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