La comunidad persa en California, la más numerosa de la diáspora, recela de «la selección del régimen», que en la madrugada del martes debuta frente a Nueva Zelanda
Regala esta noticia Añádenos en Google Sam Beykzadeh, en su librería de la avenida Westwood, en Los Ángeles. (P.G.)Pío García
Enviado especial
15/06/2026 a las 00:06h.Persian Square no es una plaza normal sino un simple cruce de calles. Hace unos años, el Ayuntamiento de Los Ángeles colocó aquí una placa ... en un semáforo para agradecer a la comunidad iraní su contribución al desarrollo de la ciudad. En el bulevar Westwood se suceden los comercios persas, casi todos rotulados en farsi, el idioma nacional, que utiliza el alfabeto árabe. No solo está la pintoresca e inevitable tienda de alfombras. También hay varios mercados, una heladería, gestorías, notarios, médicos, algunos restaurantes e incluso una clínica de trasplante capilar. Un simple paseo permite comprender por qué a esta zona le llaman Little Teherán o Teherangeles.
A Sam le gusta el fútbol. «¡De joven fui portero!», se entusiasma. Luego añade de sopetón: «Pero si me pregunta si voy a ir a ver el partido, la respuesta es no. Ni voy a ir ni quiero que gane Irán. Esta no es mi selección; es la selección del régimen. La mayoría de por aquí pensamos así». Sam no solo fue portero de joven, también fue periodista. Huyó de su país hace casi cincuenta años cuando triunfó la revolución islámica del ayatolá Jomeini. Solo en California se afincaron unos 300.000 persas, puede que más. «Algunos dicen que éramos seiscientos mil, pero no se sabe con exactitud -apunta Sam-. Entre ellos había muchos judíos, pero también musulmanes. Yo soy musulmán. Sin embargo, no tolero este régimen que ha destruido nuestro país y al que no se puede criticar. Hace unos meses mataron a más de 40.000 personas que protestaban en las calles».
La bandera de la discordia
Situada frente a la librería de Sam, la galería Eshgh tiene algo de cueva de Alí Babá. Esculturas, telas, cuadros, broches y apliques dorados se confunden como en una alucinación. Su propietario no quiere hacer declaraciones, pero permite al forastero curiosear e incluso sacar fotos. Abundan las representaciones aladas del dios asirio Ashur y la antigua bandera iraní, con el emblema de un león blandiendo una espada. Cuando triunfó la revolución, Jomeini ordenó su sustitución por un símbolo de nueva creación: unas letras en árabe que representan la palabra Allah y cuya forma recuerda la de un tulipán, en memoria de los mártires chiíes. «Eso no es persa. Se nota que la familia de Jomeini era india», se malicia Beykzadeh. Los habitantes de Teherangeles están enfadados con la FIFA porque no permite exhibir en el campo «símbolos políticos» ni banderas que no sean las oficiales. Ya en la inauguración del Mundial en Estados Unidos hubo activistas que acudieron al SoFi Stadium con la enseña tradicional para protestar contra los ayatolás y contra la Federación de Fútbol, una imagen que probablemente se repita este lunes (madrugada del martes en España), cuando Irán debute en Los Ángeles contra Nueva Zelanda.
Por la avenida Westwood se pasea cada cierto tiempo una furgoneta negra con fotografías de la selección persa y de sus jugadores más célebres. «Una nación, un sueño», dicen los rótulos. Cuando trata de aparcar junto a la acera, Joshua Fagi se acerca al conductor y le pide que se vaya. «No sé quién le ha mandado venir aquí ni por qué -se enoja-. Nosotros no apoyamos a este equipo. No es el equipo iraní. Ahora mismo en Teherán hay varios futbolistas detenidos por participar en las protestas contra los ayatolás. Esta selección no nos representa». Fagi se fue a estudiar a Los Ángeles dos años antes de que cayera el sha. Lleva 49 años sin pisar su país. Apasionado del fútbol y seguidor del Barcelona, este martes irá con Nueva Zelanda.
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