- ANA SÁNCHEZ PALACIOS Socia responsable de TMT en Deloitte
La creación de 'campeones europeos' es la única vía para generar las sinergias que el mercado demanda.
El sector de las telecomunicaciones fue uno de los que el Informe Draghi señaló como ejemplo de la necesidad de consolidación a nivel europeo. Dicha recomendación está sustentada por la estructura empresarial del sector en Europa, muy atomizada por países, con una mayoría de empresas de un tamaño muy inferior a las que dominan mercados como Estados Unidos, China o India. A esto se suma otras dificultades para el sector como el papel de las grandes tecnológicas, principalmente norteamericanas, que han tomado una ventaja considerable en nuevas tecnologías como la inteligencia artificial o la computación en la nube, gracias, sobre todo, a su capacidad de realizar ingentes inversiones necesarias en estos campos. La soberanía tecnológica de la Unión Europea no es solo una aspiración geopolítica, sino también una cuestión económica; hoy por hoy, la falta de escala nos sitúa en una desventaja crítica frente a nuestros competidores internacionales.
La comparativa entre las distintas potencias geopolíticas es contundente. Mientras que en Estados Unidos, China o la India el mercado está vertebrado por apenas tres grandes operadores de telecomunicaciones, Europa presenta un mapa mucho más atomizado con alrededor de 40 compañías. Este alto número de competidores diluye cualquier capacidad de competir en igualdad de condiciones a nivel global. Las cifras hablan por sí solas: mientras un operador móvil en Estados Unidos cuenta con una media de 95 millones de abonados, la fragmentación europea reduce esa cifra a solo 4,5 millones de clientes por operadora. En un negocio de infraestructuras tecnológicas que requiere de un capital intensivo, esta falta de escala impide que las empresas europeas alcancen la rentabilidad necesaria para sostener el ritmo de inversión global.
El problema no reside exclusivamente en el elevado número de actores, sino en un marco regulatorio que, históricamente, ha priorizado la competencia de precios a corto plazo sobre la capacidad inversora a largo plazo. A esto se suma la ausencia de un Mercado Único Digital real, lo que obliga a las compañías a navegar entre legislaciones nacionales dispares, así como distintos reguladores de competencia, tanto nacionales como a nivel europeo, aumentando los costes operativos y frenando las sinergias transfronterizas. Si no se permite a las empresas ganar músculo y crecer, nuestra autonomía estratégica seguirá menguando hasta perder la capacidad de decidir nuestro propio futuro tecnológico.
Ventana de oportunidad
Estamos ante un momento decisivo y el sector cuenta con una ventana de oportunidad estratégica que es probable que se cierre al final de esta década. Con el despliegue del 5G en fase de maduración y la llegada del 6G prevista para el entorno de 2030, las operadoras disponen de un margen de aproximadamente cinco años para sanear sus balances y ejecutar procesos de consolidación antes del próximo gran ciclo de inversión en infraestructuras. La resolución de este desafío pasa inevitablemente por incentivar procesos de fusiones y adquisiciones que permitan la convergencia hacia un modelo más reducido de competidores con mayor solidez y capacidad de inversión, que sean capaces de operar de manera transfronteriza dentro de la Unión. La reciente compra de la inglesa Netomnia por parte de Telefónica por alrededor de 2.300 millones apunta en esta dirección.
La creación de "campeones europeos" que operen con una escala continental y global es la única vía para generar las sinergias que el mercado demanda. Este proceso no solo beneficiará a la estabilidad geopolítica del bloque, sino que tendrá un impacto directo en la vida de los ciudadanos. Un sector consolidado y solvente es el único capaz de garantizar servicios de última generación, ciberseguridad avanzada y una conectividad que sustente la productividad de todo el tejido empresarial. El interés de Deutsche Telekom por fusionarse con su filial en Estados Unidos, T-Mobile, es otra muestra de la capacidad que podrían llegar a tener las grandes empresas europeas en aumentar su presencia y ser competitivos en mercados como el estadounidense.
Es deseable que las instituciones europeas y los reguladores nacionales adapten sus objetivos a la realidad global. Solo con un sector privado con balances saneados y rentabilidades atractivas para el mercado de capitales seremos capaces de atraer la inversión necesaria para liderar áreas críticas como IA o edge computing. Si aspiramos a una Europa que lidere la vanguardia digital, la consolidación debe dejar de verse como una amenaza a la competencia y empezar a entenderse como la condición indispensable para la soberanía y prosperidad económica.
Ana Sánchez Palacios, Socia responsable de TMT en Deloitte
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