En las dependencias del Gobierno que hay en el Congreso, más de uno se llevó las manos a la cara mientras negaba con la cabeza. Todos en La Moncloa estaban preparados para momentos tensos, porque afrontan un trance muy delicado, uno de los peores de Pedro Sánchez, por la gestión de la crisis migratoria en Ceuta, con críticas de todo el arco parlamentario y una parte importante de la sociedad a la inacción y falta de contundencia con Marruecos. Pero algunas de las expresiones que Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal lanzaron hacia el jefe del Ejecutivo llamaron la atención. "¿Cómo se atreve a presentarse con un discurso tan sentimental [...] si toda España sabe que usted tiene la empatía de un asesino en serie?"; "Viene a decir que no se enteró de nada y no tenemos ni responsabilidad ni culpa. Dimita por incompetente o por cómplice".
La comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso, además de evidenciar su soledad en este asunto, dibujó el escenario que espera al Ejecutivo estos meses, hasta la desembocadura en elecciones: ataque sin tregua de la oposición y distanciamiento de los socios. Pero en esta partida, hay una vertiente que preocupa en las dependencias gubernamentales: la tensión social, el alto voltaje entre la ciudadanía. La sesión parlamentaria se celebró sólo horas después de las manifestaciones convocadas por todo el país en apoyo a Ceuta, y que también fueron una ventana de protesta contra el Ejecutivo. Algunas terminaron con altercados.
La reflexión que trasladan miembros del Gobierno es que la "violencia" que se vio en las calles es un reflejo de la violencia verbal que, consideran, protagonizan PP y Vox. Sobre todo al albur de una cuestión tan sensible y polémica como es la inmigración y en un contexto de rechazo o crítica a la gestión realizada por el Ejecutivo en Ceuta. "Si lo escuchas desde fuera es para que dé miedo", exponen sobre las palabras de los miembros de la oposición.
"Las manifestaciones y lo que sucedió en ellas alienta lo que se dice en el Congreso", es la tesis de los ministros. Los insultos al jefe del Ejecutivo, así como las amenazas a periodistas fueron una tónica presente. Y temen que, alentada por PP y Vox, esa tensión social se prolongue e intensifique. Visto lo sucedido y que Fejióo y Abascal aprietan el acelerador, la sensación que tienen los socialistas es que el malestar ciudadano puede ir a más, crecer y prolongarse bajo el caldo de cultivo de las declaraciones. En Ceuta se han producido episodios violentos hacia los inmigrantes e, incluso, de estos hacia miembros de las Fuerzas de Seguridad.
El análisis que hacen en el núcleo duro de Sánchez es que tal y como está el tablero político y con la inmigración como tema central de debate, "Vox se va a comer a Feijóo. Y en esa situación, si te come la ultraderecha estás obligado a subir el tono; pero la ultraderecha también lo hará. Al final se crea la sensación de que todo vale. Y eso es peligroso para la democracia". Porque todo tiene un reflejo social, en la ciudadanía, en la calle.
"Feijóo solo ha sabido gesticular y vocear en una crisis en la que sus socios pedían 'cazar migrantes'", dicen los socialistas. "La ultraderecha aprovecha la tragedia para azuzar el miedo y el odio, caracterizados por su patrioterismo traidor: siempre atacan a España cuando España está en apuros", dicen desde La Moncloa.
"El PP va con un mechero prendiendo fuego a la ultraderecha en este asunto", señala un miembro del Ejecutivo. "La derecha y la ultraderecha, indistinguibles en esta crisis como en tantas otras, solo han sabido azuzar el odio en Ceuta y manifestarse conjuntamente en concentraciones que han acabado en actos violentos", exponen fuentes socialistas. "Han convertido la crisis humanitaria de Ceuta en el escenario perfecto para la confrontación y el miedo, en una oportunidad más a la que subirse sin pensar en los ceutíes ni en los españoles, sino en sacar tajada. Ahí es donde vuelve a fallar la oposición a su país".
En el Gobierno asumen que la inmigración será uno de los ejes de debate en los próximos meses y elecciones, porque, además, como reconocen quienes están en la primera línea de la gestión de la crisis de Ceuta, "la solución no va a llegar de la noche a la mañana", esto es, aún quedan muchas semanas por delante. "Esto no va a ser rápido ni fácil", señala un miembro del Ejecutivo. "Requiere de tiempo". Primero deben concentrar en recintos a los inmigrantes que aún permanecen en Ceuta, filiarlos y comenzar el proceso para poder retornar a los adultos. Unos trámites lentos que además ya van con demora, tras semanas de debate y falta de entendimiento en los emplazamientos entre el ejecutivo central y el ceutí. Finalmente siete de los ocho lugares son propiedad estatal.
En el Ejecutivo, eso sí, supuso un alivio que tras semanas de crítica y presión constante por parte de Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, esta semana esgrimió la necesidad de "que se aceleren, de acuerdo con la ley, los procedimientos de devolución de inmigrantes". Ese "de acuerdo con la ley" es visto por Moncloa como oxígeno ante el apremio político y social para devolver ya a estas personas. Según los datos que ofreció Sánchez, desde el 10 de agosto, el Gobierno habría reubicado a 3.300 migrantes y retornado a 3.658. En la última semana "hemos sacado de las calles a 1.530, entre acogidas, retornos y expulsiones; y en las próximas dos semanas pretendemos sacar al menos otros 1.500 más".