Dejar a tu pareja, pedir explicaciones a tu jefe, discutir con un hijo adolescente... son charlas incómodas, pero necesarias y conviene estar bien preparado
Escucha el artículo. 5 min
Escucha el artículo. 5 min
Regala esta noticia Añádenos en Google 17/06/2026 Actualizado a las 18:48h.Decimos cosas sin parar, sin pensar apenas en las palabras que salen de nuestra boca. Pero hay otro tipo de conversaciones, muy contadas, en que ... sentimos que hay grandes asuntos en juego. Cuando sabemos que el futuro laboral depende de esos minutos de charla, cuando queremos dejar a nuestra pareja o cuando nos reunimos con otros familiares para acordar asuntos importantes. Son situaciones estresantes 'per se' y que conviene que afrontemos con calma y cierto espíritu positivo.
Metidos en faena, una primera recomendación es evitar los mensajes que empiezan por «tú». «Tú me dijiste, tú hiciste... Hay que cambiarlos por 'mensajes yo'... «Yo me siento, a mí me parece...», describe. El asunto de fondo es que «estas charlas tienen una alta activación emocional y la mente se prepara para defenderse. Por eso ayuda recalcar que hablamos desde nuestra posición y no desde una verdad absoluta».
Gullón, que es también profesor de la academia Apir, nos da una segunda recomendación: «circunscribir la charla al tema». Mal vamos si alguno empieza con el 'tú dijiste hace 5 meses' o 'hace 6 años pasó aquello'. «Esto es fundamental. En terapia suelo decir que es como si empezamos a relatar todo el historial delictivo previo de una persona... Hay que dejar muy clara una cosa: cuál es el objetivo de la conversación. Si ese fin es decidir qué serie vemos hoy, no podemos sacar ahora que tu familia en la boda hizo algo que no me gustó», ejemplifica. Limitar mucho los precedentes porque seguramente tendremos visiones encontradas también es sanador. «Y tampoco metamos a otras personas. Si la charla es con el jefe, solo las dos partes, no metas a otros compañeros».
Qué y cuánto ceder
El experto añade una tercera pauta, que quizá nos resulte llamativa. «Sentémonos un poco antes a pensar en qué podemos ceder. Siempre meditamos acerca de lo que queremos conseguir, pero no tanto en lo que podemos ceder. ¿Cuáles son los puntos de tolerancia de uno mismo? 'Si llegamos a este acuerdo, estaré contento'. por ejemplo. Eso sirve, nos deja menos indefensos y rebaja la presión», explica.
«Otro tema super conflictivo en las familias son las herencias. Y eso es así por un combo explosivo. Todo el mundo llega ahí con el dolor propio de esa pérdida, de ese duelo y es habitual que surjan esos temas del historial que decíamos antes como pelearse por algo que pasó hace muchos años. Eso responde a que llegamos muy activados». Según el caso, lo mejor puede ser «recurrir a algún profesional, no tanto porque sepan más sino por el hecho de que haya alguien que no esté activado por la pérdida». Alguien que pueda hacer su trabajo sin «contagiarse por la emoción» y sus desastres, algo que los psicólogos llaman «las CIEs, las Conductas Impulsadas por la Emoción, que nos llevan a decir cosas en el momento que realmente ni siquiera pensamos que sean así, pero que hace mucho daño a quien lo escucha». Preocuparnos de forma genuina por el estado del otro es también parte del cóctel para que salga bien.