La carrera armamentística entre la humanidad y las bacterias tiene un frente de batalla que no deja de empeorar año tras año. Durante décadas, hemos confiado en los antibióticos como nuestro escudo definitivo para poder acabar con ellas y evitar que sigan generando enfermedades. El problema es que son muy listas y saben evadir el efecto de los antibióticos, y el último gran aviso científico pone el foco en una vieja conocida, la Salmonella typhimurium, la bacteria causante de la fiebre tifoidea.
Una nueva cepa. No hablamos de un problema menor, y para entenderlo hay que viajar hasta la provincia de Sindh, en Pakistán. Allí, tal y como detalló ya un estudio en 2008, saltaron todas las alarmas al detectarse un clon de esta bacteria que fue bautizada como XDR y que tiene como característica el ser muy resistente a todos los medicamentos que hay disponibles a día de hoy.
De esta manera, no estamos ante una bacteria un poco más dura de pelar, sino que es una cepa que porta en su interior un gran superpoder genético: la resistencia simultánea a grandes antibióticos como son cloranfenicol, ampicilina, cotrimoxazol, fluoroquinolonas y cefalosporinas de tercera generación. De esta manera, de la noche a la mañana, todo el arsenal médico básico había quedado obsoleto para poder luchar contra esta bacteria.
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Una expansión. Lo que pasa en Pakistán, en un mundo hiperconectado, no se queda en Pakistán. Y esto hace que la ciencia esté avisando desde el año 2022 donde un equipo internacional secuenció 3.489 genomas de S. Typhi procedentes de Nepal, Bangladesh, Pakistán e India.
El resultado. Aquí se pudo ver claramente el mapa de un enemigo que gana terreno rápidamente. La investigación confirmó no solo el aumento de las cepas XDR, sino su dispersión internacional, cruzando fronteras continentales con una facilidad pasmosa. Es por ello, que casos importados de esta bacteria tan resistente se han comenzado a detectar en Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, alertando los sistemas de salud de los países desarrollados.
Sin armas. Como medicamentos que podemos usar para acabar con estas bacterias nos quedan, la verdad, pocos. De momento, la ciencia apunta a que estas cepas XDR se pueden tratar con antibióticos llamados meropenem y azitromicina.
Sin embargo, los expertos advierten del peligro crítico de esta situación, ya que la azitromicina se ha convertido en el último antibiótico oral viable para tratar estas infecciones ambulatorias. El problema es que si abusamos de este antibiótico la bacteria va a poder crear una resistencia contra el fármaco, lo que haría que todas estas infecciones se tengan que tratar en un hospital con medicamentos intravenosos y no orales. Simplemente porque ya no existirían.
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La vacuna. Llegados a este punto, la comunidad científica tiene claro que no podemos ganar esta guerra solo creando nuevos antibióticos, sino que tenemos que evitar que la gente enferme en primer lugar. Y en este caso particular es donde entran en juego las vacunas conjugadas antitifoideas.
La propia OMS en este caso ha precalificado cuatro de estas vacunas y el CDC respalda también su uso en los programas de vacunación en países endémicos de la enfermedad. Es por ello que los datos apuntan a que una campaña agresiva de vacunación infantil en las zonas urbanas de la India podría prevenir aproximadamente el 36% de los casos y muertes por fiebre tifoidea. Y es una gran noticia, puesto que prevenir estas muertes también evita su gran propagación a otros países.
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La noticia
Tenemos un problema con la fiebre tifoidea: una superbacteria global nos ha acorralado y solo nos puede salvar una vacuna
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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Tenemos un problema con la fiebre tifoidea: una superbacteria global nos ha acorralado y solo nos puede salvar una vacuna
La guerra contra las bacterias solo se puede ganar con nuevos antibióticos y mucha prevención
La carrera armamentística entre la humanidad y las bacterias tiene un frente de batalla que no deja de empeorar año tras año. Durante décadas, hemos confiado en los antibióticos como nuestro escudo definitivo para poder acabar con ellas y evitar que sigan generando enfermedades. El problema es que son muy listas y saben evadir el efecto de los antibióticos, y el último gran aviso científico pone el foco en una vieja conocida, la Salmonella typhimurium, la bacteria causante de la fiebre tifoidea.
Una nueva cepa. No hablamos de un problema menor, y para entenderlo hay que viajar hasta la provincia de Sindh, en Pakistán. Allí, tal y como detalló ya un estudio en 2008, saltaron todas las alarmas al detectarse un clon de esta bacteria que fue bautizada como XDR y que tiene como característica el ser muy resistente a todos los medicamentos que hay disponibles a día de hoy.
De esta manera, no estamos ante una bacteria un poco más dura de pelar, sino que es una cepa que porta en su interior un gran superpoder genético: la resistencia simultánea a grandes antibióticos como son cloranfenicol, ampicilina, cotrimoxazol, fluoroquinolonas y cefalosporinas de tercera generación. De esta manera, de la noche a la mañana, todo el arsenal médico básico había quedado obsoleto para poder luchar contra esta bacteria.
Una expansión. Lo que pasa en Pakistán, en un mundo hiperconectado, no se queda en Pakistán. Y esto hace que la ciencia esté avisando desde el año 2022 donde un equipo internacional secuenció 3.489 genomas de S. Typhi procedentes de Nepal, Bangladesh, Pakistán e India.
El resultado. Aquí se pudo ver claramente el mapa de un enemigo que gana terreno rápidamente. La investigación confirmó no solo el aumento de las cepas XDR, sino su dispersión internacional, cruzando fronteras continentales con una facilidad pasmosa. Es por ello, que casos importados de esta bacteria tan resistente se han comenzado a detectar en Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, alertando los sistemas de salud de los países desarrollados.
Sin armas. Como medicamentos que podemos usar para acabar con estas bacterias nos quedan, la verdad, pocos. De momento, la ciencia apunta a que estas cepas XDR se pueden tratar con antibióticos llamados meropenem y azitromicina.
Sin embargo, los expertos advierten del peligro crítico de esta situación, ya que la azitromicina se ha convertido en el último antibiótico oral viable para tratar estas infecciones ambulatorias. El problema es que si abusamos de este antibiótico la bacteria va a poder crear una resistencia contra el fármaco, lo que haría que todas estas infecciones se tengan que tratar en un hospital con medicamentos intravenosos y no orales. Simplemente porque ya no existirían.
La vacuna. Llegados a este punto, la comunidad científica tiene claro que no podemos ganar esta guerra solo creando nuevos antibióticos, sino que tenemos que evitar que la gente enferme en primer lugar. Y en este caso particular es donde entran en juego las vacunas conjugadas antitifoideas.
La propia OMS en este caso ha precalificado cuatro de estas vacunas y el CDC respalda también su uso en los programas de vacunación en países endémicos de la enfermedad. Es por ello que los datos apuntan a que una campaña agresiva de vacunación infantil en las zonas urbanas de la India podría prevenir aproximadamente el 36% de los casos y muertes por fiebre tifoidea. Y es una gran noticia, puesto que prevenir estas muertes también evita su gran propagación a otros países.