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«Tengo una crisis existencial»: ¿realidad o excusa para todo?

«Tengo una crisis existencial»: ¿realidad o excusa para todo?
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Cómo afrontarlas. Spoiler: no siempre hay que poner tu vida patas arriba

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«Tengo una crisis existencial»: ¿realidad o excusa para todo?

Cómo afrontarlas. Spoiler: no siempre hay que poner tu vida patas arriba

Solange Vázquez

Martes, 13 de enero 2026, 19:37

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Cuántas veces hemos oído eso de que alguien tiene una crisis existencial. Y quizá hasta lo habremos dicho nosotros (en ocasiones en broma y en ... otras, no tanto). Por eso no nos tomamos este concepto, que suena tan rimbombante, muy en serio. Básicamente, porque a menudo quien lo dice lo que tiene en realidad es una jeta inmensa. Es decir, que se está justificando por algo usando ese paraguas psicológico. Claro, queda mejor decir que dejas los estudios por una crisis existencial que porque no quieres esforzarte en estudiar o atribuirlo al hecho de que te tocas las narices en el trabajo o que comes de más o que le pones cuernos a tu pareja. Vale para todo. Es decir, antes que asumir nuestra responsabilidad, preferimos ampararnos en supuestos tsunamis vitales... Entonces, ¿estamos diciendo que no existen las crisis existenciales? Para nada. Son una realidad, sí, pero, ojo, no tan comunes como creemos. Y tampoco se resuelven por defecto mandándolo todo a la porra.

Vamos a aprender cómo se gesta una crisis existencial (ojo, no confundirla con una depresión, que suele pasar). Tal y como afirma la neurocientífica, los humanos tenemos dos tipos de metas, las intrínsecas (crecimiento personal, estar contento con uno mismo, ir cumpliendo sueños) y las extrínsecas (dinero, estatus). A efectos de felicidad, las primeras estarían en la cúspide de la famosa pirámide de Maslow (una teoría psicológica sobre las necesidades que debemos cubrir para ser felices). Pero todos sabemos que si nos falla la economía y lo material -cuestiones que estarían en la base de esa pirámide- es complicado estar satisfecho. «Por eso lo ideal es alcanzar un equilibrio. Pero si no se produce, ahí vienen las crisis existenciales, porque no estamos contentos y buscamos un realineamiento». Y en ese proceso de intentar equilibrar y de reorganizar nos surgen preguntas de si realmente estamos dónde queremos... Es decir, en la búsqueda del equilibrio nos exponemos a una ventisca mental.

Hacer o no hacer

El caso es que esa reflexión no es algo extraordinario, sino muy común, y puede desembocar en acción. O no. Porque la creencia extendida es que no hay crisis existencial si no pones tu vida patas arriba. Error. Ante esos momentos de crisis, dice la neurocientífica, lo que hay que hacer es parar e intentar entender dónde estamos, no precipitarnos». Y a partir de ahí, actuar, pero, ojo, la experta matiza: «Una manera de hacer es no hacer». Es decir, quizá no tengamos que cambiar de profesión o de estado civil o de país para 'encontrarnos' y salir de esa crisis. «Lo que le pasa a mucha gente es que no es capaz de estar consigo misma, toma decisiones y termina peor de lo que estaba. ¿Por qué? Porque el cambio que necesitaba es interior, no exterior», detalla. Si decides romper con todo sin solucionar tus problemas, te los vas a llevar contigo. Y apunta tres pasos que nos pueden ayudar en este sentido: «Igual lo que tienes que cambiar es tu actitud y tus creencias. Dejar de buscar el conflicto para justificarnos. Y no pensar que la vida va de que nos valoren», repasa López-Casares.

Edades redondas; peligro

Para ella, pues, la 'solución' a las crisis existenciales pasa por movimientos interiores que luego se traducen en movimientos exteriores. Este es el orden correcto, no al revés. «Si no, nada cambiará y seguiremos teniendo ansiedad», apunta. Es decir, ese descontento que dio inicio a la crisis seguirá ahí. Y viviremos encadenando una crisis tras otra, que vendrán, casi con toda seguridad, en la mediana edad y cuando cumplamos edades redondas. ¿Por qué en estas fechas? «Porque son altos en el camino en época de transiciones, que resultan necesarios porque nos instan a tomar decisiones, a replantear qué queremos en nuestra vida. Solo así reorientamos y calibramos mejor nuestros rumbos personales -indica la psicóloga Valeria Sabater-. Y el hecho de que se hagan a edades redondas, como los 40 o los 50, se debe, sobre todo, a las narrativas sociales que hemos integrado de manera inconsciente: vivimos en un mundo en el cual la llegada a esas décadas se asocia a sentimientos de pérdida».

En medio de la gran crisis... ¿a qué edad somos más infelices?

Hace cinco años la Universidad de Stirling, en Escocia, llevó a cabo un estudio a nivel mundial sobre la percepción de la felicidad y llegó a la conclusión de que los 47 años es la edad en la que el ser humano se siente más desgraciado. Según esta investigación, ese será nuestro punto más bajo de satisfacción (la caída habrá empezado mucho antes, claro), que no se recuperará hasta que pasemos los 60. Así, aunque hay detonantes que pueden desencadenar una crisis existencial en cualquier momento de nuestra vida -hechos traumáticos, sobre todo- lo cierto es que hay una, la llamada crisis de la mediana edad, de la que poca gente se salva. Ocurre entre los 45 y los 50 años, cuando echas la vista atrás, haces balance y te das cuenta de que el tiempo pasa demasiado rápido, de que ya, definitivamente, no eres joven ni lo volverás a ser.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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