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Adobe Stock. Vivir | Mascotas ¿Tiene tu perro algo que decirte? Cómo funcionan (y cómo no) los botones para «hacer hablar» a las mascotasEstos dispositivos se han popularizado en las redes sociales. Dos expertos los analizan paso a paso: ¿son útiles para los animales o un juego de los dueños?
Sábado, 4 de abril 2026, 18:36
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Todo empezó con Bunny. En 2022, este simpático 'sheepadoodle', cruce entre un perro ovejero inglés y un caniche, se convirtió en una sensación en TikTok ... después de que su dueña, Alexis Devine, le enseñara a usar un centenar de botones con palabras pregrabadas y documentara sus progresos en vídeo. Los 'reels' de Bunny pisando los pulsadores de colores se hicieron virales. Su vocabulario era amplio y abarcaba desde palabras prácticas y cotidianas, como «paseo», «comida», «adiós» o «caca», a términos para definir su estado de ánimo («enfadado»), pero también expresivas onomatopeyas («auh»). Lo más asombroso, sin embargo, era su capacidad para combinar términos. Bunny era capaz de encadenar «comida», «más» y «ahora». O «mira» y «gato». También hablaba de su salud mental: «Preocupado». Y hasta se hacía reflexiones filosóficas en voz alta: «yo» + «perro».
«Ya sabemos que pueden asociar una acción concreta con una consecuencia. Lo hacen cuando dan la pata para conseguir comida. Tú le puedes enseñar a un perro que, apretando un botón, va a conseguir un resultado concreto. Esto ya lo explica el conocimiento actual», señala el veterinario y etólogo Jaume Fatjó. La cuestión ahora es entender si también son capaces de combinar varios botones y lo que eso implica. «Indicaría una construcción de ideas que requiere un grado de conocimiento cognitivo más amplio. Es una cuestión abierta», precisa el experto, que advierte de que este tipo de estudios han avanzado mucho en el último siglo hasta atribuir «capacidades cognitivas que antes eran impensables y se consideraban casi una herejía». Por eso, aunque conviene mantener una posición prudente, no hay que descartar que las investigaciones amplíen nuestras miras sobre la cognición canina. «No debemos ser antropocéntricos al pensar que somos los únicos capaces de hacer cosas complejas», indica Fatjó.
@whataboutbunny Bunny's most profound moment...(maybe) #tbt♬ original sound - I am Bunny
De momento, los resultados de algunos estudios son prometedores. El profesor Federico Rossano, de la Universidad de San Diego, ha estudiado a más de 2.000 perros en 47 países, entre ellos a Bunny. Un artículo publicado por su grupo en 2024 concluía que los perros que usan estos dispositivos no solo son capaces de entender palabras, sino también de hacer combinaciones de dos términos de manera no accidental y no aleatoria. Es decir, algo hay. Pero para saber qué, hay que seguir investigando.
Eso sí, no vale cualquier experimento. Sobre todo, si es en el ámbito doméstico y sin condiciones controladas. Fatjó cita el paradigmático caso de 'Hans el listo' (Clever Hans), un caballo que se hizo célebre en Alemania a principios del siglo XX porque, según su dueño, era capaz de sumar y cuyo ejemplo se usa de manera habitual en Etología. Lo que realmente sucedía era que, cuando el caballo, que daba golpecitos con las pezuñas para «hacer» sus operaciones, llegaba al número correcto, tanto el público como su entrenador hacían un sutil movimiento que el animal sabía interpretar. Con los perros y los botones podría pasar algo parecido. «Una caída de mirada o un leve movimiento puede dar la pista de qué botón deben apretar», apunta Fatjó.
Comunicación canina
«No estoy en contra de este tipo de dispositivos, pero no creo que ayuden a entenderte mejor con tu perro y no sé hasta qué punto se les está dando un uso adecuado. En la punta de la pirámide de las necesidades caninas, conocida como la pirámide de Maslow, se sitúan la estimulación y los retos. Está muy bien desarrollar momentos de conexión con tu mascota, pero para eso no necesitas unos botones. Está pensando más como un juego para el ser humano que para el perro», explica el adiestrador canino Andreu Fernández, para quien los canes tienen formas mucho más efectivas de «hablar» con nosotros. «Si el perro necesita decirte algo, tiene otras formas de comunicarlo: el movimiento y la velocidad de la cola, las expresiones corporales, el movimiento de las orejas, la mirada...».
De hecho, algunos estudios han alertado de los riesgos de utilizar estos dispositivos. Un grupo de la Universidad de Eötvös Loránd, en Hungría, publicaba una revisión el año pasado en la que se advertía sobre la excesiva humanización de las mascotas y el efecto que los tableros acústicos pueden tener en su bienestar, además de en la sobreexplotación científica y mediática que implican. Fatjó coincide: «No entro en si es útil o no usarlos, pero desde luego no es algo natural. No es su forma de comunicarse. El perro seguirá teniendo sus mismas necesidades y motivaciones, con o sin botones».
¿Botones sí o no? Depende del perro...
«Es mejor no empezar la casa por el tejado. Pueden ser un elemento enriquecedor, pero es preferible preocuparse por necesidades más básicas como el juego social con la familia, un paseo de calidad, la interacción con otros perros o fomentar una conducta exploratoria. A partir de ahí, se puede plantear el uso controlado de dispositivos electrónicos. Además, algunas razas podrían sobreutilizarlos», advierte el etólogo Jaume Fatjó sobre los botones de comunicación. El adiestrador canino Andreu Fernández coincide: «Hay perros que pueden tener un perfil un poco ludópata». Por ejemplo, los border collie:«La obsesión por recibir la recompensa y la motivación les puede llevar a pulsar los botones todo el rato. Se vuelven adictos a la dopamina». Fernández también cree que estos dispositivos no son aptos para todos los perros y forzar su uso puede causarles estrés.
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