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Tierra de nadie

Tierra de nadie
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Existe un elemento más dañino que la corrupción en sí. La reacción de los partidos y su huida de la realidad
Tierra de nadie

Existe un elemento más dañino que la corrupción en sí. La reacción de los partidos y su huida de la realidad

Regala esta noticia Añádenos en Google Varias personas colocan una lona de protesta en el marco del juicio contra David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno. (EP)

Antonio Soler

05/06/2026 a las 00:15h.

Se preocupan, o eso dicen, por la desafección de la ciudadanía. Unos y otros, con la misma forma y el mismo dolor. Apuntan del riesgo ... que eso supone para la democracia y de cómo por esa vía engordan los elementos extremistas que recelan de la política tradicional, de los partidos tradicionales. Y ellos mismos, esos partidos, van camino de crear una tradición a base de repetir idénticos lamentos y no hacer nada para evitar la deriva.

El ánimo colectivo se derrumba cuando oímos a individuos como Óscar López, la reaparecida y todavía medio noqueada María Jesús Montero o la patética portavoz del Gobierno repetir como papagayos «confianza absoluta en la Justicia» para en la misma frase arremeter contra la Justicia en forma de sospechas contra los jueces y hablar de «casualidades» (término que como gran aportación personal al mantra a veces cambian por el de «coincidencias»). El encierro en el búnker reproduciendo con una dolorosa mímesis las palabras las empleadas en su día por Cospedal o Federico Trillo. Política y argumentario para los hinchas, para ese núcleo que pase lo que pase va a colocarse las orejeras con la máxima fundamental -y única- de que los otros son peores.

Ya puede ir el Sánchez de los cinco días de reflexión a Barcelona, asegurar sin que le dé la risa que va a aprobar los presupuestos o pasearse por el vestíbulo de la estación de Chamartín en compañía de su máximo ariete Puente (una inauguración que no es más que un trampantojo o sencillamente una trampa porque la estación sigue siendo un caos con aires de terminal africana, gente amontonada por el suelo y retrasos igual de amontonados).

La ciudadanía, una parte considerable, esa que protagoniza la desafección, se siente huérfana. Se siente abandonada en una tierra de nadie. Quienes se habían negado a aceptar el más que peligroso «todos son iguales» empiezan a quedarse sin argumentos ante esa emulación de los peores tics en la que anda envuelta la clase política. Jugando no ya al tú más, sino al yo menos. Al cada vez menos creíble.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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