Juan Gómez-Jurado
Sábado, 25 de abril 2026, 02:00
... el pasillo del súper, que rozarse el hombro para ver el Cortilandia o que olerse las axilas puño en alto para reivindicarle cosas a las personas que nos gobiernan con las ventanas cerradas, calefacción y un buen aislante en los cristales. Hablo de las ferias del libro, por supuesto, pero también de la feria Medieval de Torrejón o de Yepes, del macrofestival de Aranda de Bracamonte y del mercadillo de los miércoles de Los Belones.Como uno habla más de lo que sabe, porque de lo que no sabe lo sensato es escuchar, déjenme hablarles de ferias de libros. El milagro de gente recorriendo aún largas hileras de tiendas (tiendas son, aunque les hayamos llamado casetas seguramente por no agredir) buscando un objeto físico. Parece perogrullo pero en alguna de las que ya he estado este año me ha dado por pensar en la excepcionalidad de este hecho. Cuando veo esas colas buscando una firma no puedo evitar pensar que es gente que quiere algo físico en un objeto que además, ya lo es. Quiere una firma en bolígrafo o rotulador, o pluma, sobre las primeras páginas de un libro que ha adquirido y que ocupará un espacio físico en un mundo en que las viviendas cada vez se aprietan más.
A las ferias del libro acudimos con la idea de llevarnos un objeto a casa que, y puede que esto sea aún más excepcional, no va a servir para ponernos más guapos ni más gordos. Ni siquiera de las eternas colas de los museos para ver fugazmente aquel cuadro famoso y tratar de hacernos un selfie con él, salimos con algo entre las manos salvo que paremos en la tienda de la salida para adquirir una mala copia que sirve más de recuerdo que de plan futuro. Cuando llevamos un libro llevamos el proyecto de leerlo, llevamos un número de minutos de nuestro futuro contabilizado en páginas de papel, de las que se giran, se huelen y se doblan si eres de esos. Quizá estamos ante ya un caso único de tocarnos porque queremos algo que se puede tocar. Quizá por eso también, el clima en una cola de libros parece diferente al de cualquier otra cola de las que cada vez hacemos más. Quizá es la primavera, quizá es el objetivo. Pero se respira la sensación de que todos queremos alcanzar algo que es bonito, que nos hará un poco más listos y, solo el hecho de pretenderlo, incluye al resto de los de la fila en un grupo de gente que nos gusta. El objetivo es un objeto.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión