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Pie de foto, Información del artículo- Autor, Ayelén Oliva
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 6 minutos
La estrategia migratoria de Donald Trump se desplazó de la frontera al interior de Estados Unidos. Entró a sus principales ciudades y ya no apunta a los recién llegados, sino a los que llevan varias décadas en el país.
Para Jonathan Blitzer, ese es uno de los rasgos distintivos del segundo mandato del presidente Trump.
El periodista del The New Yorker define la actual política migratoria de Trump como un "ataque completo a las instituciones legales y democráticas de este país, que convierten a EE.UU. en un laboratorio del autoritarismo".
Después de más de una década cubriendo la crisis migratoria en la frontera sur, Blitzer publicó "Todos los que se han ido están aquí" (Everyone Who Is Gone Is Here), su primer libro que integra la prestigiosa lista de los diez mejores libros de 2024 de The New York Times.
En él revisa los orígenes de las grandes oleadas migratorias de Centroamérica, destaca las políticas desplegadas por los distintos gobiernos estadounidenses y cuestionan que el debate haya quedado reducido a la frontera.
"Ese es uno de los principales errores acerca de la política migratoria en Estados Unidos", dice en diálogo con BBC Mundo desde Nueva York.
Jonathan Blitzer habló con BBC Mundo en el marco del Festival Centroamérica Cuenta, que se celebra del 18 al 23 de mayo en Panamá.
En tu libro revisas la política migratoria de EE.UU. hacia América Latina desde las historias de vida reales. ¿Qué te han enseñado los casos personales sobre el tema?
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Mi aprendizaje fue haber llegado a entender los matices históricos, políticos y legales de las dinámicas complejas que atraviesan las personas que han tenido que migrar a Estados Unidos.
La intención de este libro ha sido transmitir la fuerza de esas experiencias personales y abrir una ventana para que los lectores puedan entender su dimensión histórica.
En muchas ocasiones, los lectores estadounidenses desconocen la estrecha relación entre Estados Unidos y los países de Centroamérica sobre la "crisis migratoria" en la frontera.
¿Te parece incorrecto llamarlo "crisis migratoria"? ¿Qué esconde ese concepto?
Me parece que la idea de crisis migratoria ha estado cargada de cinismo en ciertos políticos de Estados Unidos, que intentan aprovechar de esa percepción de caos y de crisis en la frontera, para machacar a todos los migrantes y sugerir que este país no debe de ayudar a las personas que tienen necesidades.
Creo que la idea de crisis migratoria no es suficiente para describir lo que está pasando. Lo que estamos viendo es una crisis humanitaria porque se trata de personas que están llegando a la frontera con ciertas necesidades y el sistema estadounidense no sabe cómo responder a esa realidad humana.
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Pie de foto,Identificas el origen de este problema en la década de 1980. ¿Por qué lo ubicas en esa época?
La década de 1980 es muy significativa por dos razones principales. La primera es que en ese año el gobierno de EE.UU. creó la Ley de Refugiados de 1980 (Refugee Act), que por primera vez formalizó los derechos de los refugiados y los que estaban pidiendo asilo en la frontera. Fue un gran avance en varios sentidos.
Pero, al mismo tiempo, ese sistema legal que buscaba proteger a los migrantes se mezcló con la política en plena Guerra Fría porque los aliados del gobierno de EE.UU. en Centroamérica eran justamente los gobiernos que estaban reprimiendo a la gente en países como El Salvador o Guatemala, quienes provocaron que miles de personas huyeron de su país.
Pero cuando llegaban a la frontera de Estados Unidos, aprovechando la creación de esta nueva ley que supuestamente iba a proporcionar protecciones legales, se enfrentaron a la dura realidad de que el país no aceptaría esas postulaciones de asilo.
¿Por qué?
Porque aceptarlas significa reconocer que los aliados de Estados Unidos en Centroamérica estaban abusando de su propia población.
La ironía fue que Estados Unidos durante la Guerra Fría trató de contener las políticas de esos países para que no llegaran al país, pero la consecuencia fue que miles de personas tuvieron que huir y empezaron a migrar hacia EE.UU.
Así que, desde un primer momento, pudimos ver un conflicto directo entre la ley y la política, dado que el gobierno de Estados Unidos tuvo un rol muy concreto en la persecución de esa gente.
Por eso, para mí, para poder entender el presente necesitas ir a 1980.
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¿Qué puntos de contacto encuentras entre aquel primer momento con el presente?
Para empezar, el debate en Estados Unidos sobre la migración ha quedado reducido a un diálogo político sobre la cuestión de la frontera. Para mí, ese es uno de los fallos principales acerca de la política de migración en Estados Unidos.
Hemos reemplazado una conversación amplia sobre la inmigración por un debate político sobre la frontera y quedamos atrapados en un círculo vicioso del que no hemos podido salir para abordar cuestiones más profundas.
Por otro lado, ahora estamos en un momento en que los políticos de ambos partidos están diciendo que la cuestión es que el derecho de asilo no debe existir, lo que muestra un declive cada vez más significativo de este derecho.
Me parece que el sistema de la migración legal siempre ha sido un estatus secundario comparado con el resto de las leyes en este país y ahora lo estamos viendo en sus formas más extremas.
Cuando hablamos de migración rápidamente la asociamos a la frontera sur, a los migrantes ilegales y a los sectores más pobres. Pero también afecta a los migrantes legales, a los que ingresan por un aeropuerto y a los profesionales con permiso de trabajo. ¿Eso es nuevo?
Eso es racismo y siempre ha existido en Estados Unidos. Pero lo que estamos viendo ahora, por primera vez, es un gobierno que descarta los principios más básicos de la ley, persiguiendo a cualquier persona por el idioma que habla.
El hecho de que ahora haya gente que tiene su visado de trabajo y está siendo arrestada por el gobierno, eso es un acoso democrático. Es un ataque completo sobre las instituciones legales y democráticas en este país, que convierten a EE.UU. en un laboratorio del autoritarismo.
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¿Qué diferencias encuentras entre la política migratoria de Trump y su primer mandato?
La primera diferencia es la idea de que ahora no existe ninguna forma de protección a los migrantes. Si en el primer gobierno de Trump, el consejo que los abogados solían dar a sus clientes era que lo importante era iniciar un proceso legal, ahora eso ha cambiado.
Hay gente que está siendo detenida por la agencia que administra el sistema legal migratorio del país en el momento en que se presentan ante un juez en la Corte para recibir su residencia permanente. Eso es nuevo.
La mera idea de que están siendo arrestados cuando están cumpliendo con la ley, ya es algo totalmente nuevo y es algo que no vimos de ninguna manera en el primer gobierno de Trump.
¿Qué implicancias tiene esto para Estado Unidos?
Lo que estamos viendo es que este gobierno está ignorando la ley y la democracia y, para mí, esto es una de las cosas más graves que hay. Es algo antidemocrático, algo que sí que ha existido antes, pero en los peores momentos de la historia del país.
Los agentes federales enmascarados representan un ataque directo a los principios democráticos más básicos de este país.
No hay ningún otro país democrático en el mundo en que haya agentes federales con máscaras, manejando coches sin placas, que vayan deteniendo gente sin ninguna explicación y sin orden judicial.
Las agencias federales como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) o como la Patrulla Fronteriza siempre han existido en los márgenes de la ley, pero ahora estamos viendo una política aún más agresiva. Por eso, creo que el cambio significativo es la agresividad y el asalto total a la población migrante.
¿Qué otros elementos identificas?
El segundo elemento es la experiencia. Los miembros del primer gobierno de Trump no tenían experiencia en el gobierno y ahora han aprendido bastante, por eso son capaces de llevar a cabo su agenda, porque saben cómo manipular las instituciones burocráticas del gobierno.
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Pie de foto,¿Crees que han ganado experiencia o que reemplazaron a los funcionarios de carrera por funcionarios alineados ideológicamente con Trump en puestos clave?
Las dos cosas.
Por un lado, en el primer gobierno de Trump tenía mucha gente que trabajaban para la burocracia gubernamental y se resistían a la agenda más extrema del primer gobierno de Trump. Eso es lo que Trump llama el Deep State, la idea de que había gente dentro del Estado que estaba socavando la agenda del gobierno.
Pero también, los que vienen de ese primer mandato han aprendido a hacerlo.
Además, otros de los cambios con el primer gobierno de Trump es que las iniciativas para asediar e intimidar a los migrantes, que antes se dirigía a la frontera, ahora apunta al interior del país, lo que genera consecuencias aún más profundas.
Entonces, si antes el muro era la figura que representaba la política migratoria de Trump, ¿ahora es la de un agente de ICE en una de las grandes ciudades del país?
Sí, mientras que en el primer gobierno Trump estaba enfocado en la frontera, ahora no hay ninguna actividad ahí, sino que están arrestando a migrantes que llevan décadas en Estados Unidos.
Se trata de arrestos que pueden cometerse con el asedio a la población que vive al interior del país.
En los propios términos de Trump, ¿crees que su política migratoria ha sido exitosa?
Está bien la pregunta, porque es importante evaluar cómo están pensando ellos mismos de su propia política. Yo creo que sí, que el propio gobierno considera que lo que ha hecho hasta ahora ha sido un gran éxito.
Pero es una pregunta complicada de contestar, porque un elemento clave es el aparato político alrededor del presidente que, en cierto sentido, se basa en la mentira, en mantener la ilusión de la amenaza de los migrantes.
De todos modos, creo que ha habido una reacción muy fuerte en contra a lo que Trump ha hecho, incluso en comunidades que estaban originalmente a favor de la idea de las deportaciones masivas.
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Pie de foto,¿Por qué crees que pasa esto?
Porque en esas comunidades ahora están viendo que esto realmente está afectando sus propias comunidades, está afectando a sus familiares, está afectando a sus vecinos.
Trump gozaba de un apoyo significativo de la población para poder avanzar su agenda migratoria y ahora se nota que hay mucha desaprobación de lo que está haciendo, en base a las encuestas.
¿Cómo ves a Stephen Miller, el asesor de Seguridad Nacional de Trump?
Es complicado, porque es el principal arquitecto de la política migratoria de este país y ha he excedido su rol, debido a su visión tan ideológica y radical.
Ahora estamos en un momento en que la prensa está especulando con el declive de Miller. Yo no creo esto, porque creo que él sabe cuando le conviene desaparecer y cuando le conviene entrar de nuevo.
Trump ordenó la destitución de Kristi Noem del cargo de secretaria de Seguridad Nacional, tras los asesinatos de dos ciudadanos estadounidenses en manos de ICE y de la Patrulla Fronteriza Minnesota. ¿Fue un modo de reconocer un exceso?
Yo creo que, más que nada, la dimisión de Noem tuvo que ver con su corrupción. Hasta que no salga del gobierno Miller, no creo que vaya a cambiar nada.
No me refería tanto a un cambio de política sino de mensaje, si su destitución puede ser leída como una bandera roja.
Tienes razón, estoy siendo un poco cínico al decir que no significa nada. Puede ser interesante resaltar su destitución porque Trump es un hombre que no encuentra esos límites. Entonces, esta vez sí los encontró.
Aunque es innegable que fue un punto de inflexión para Trump por varias razones. En primer lugar, porque es asesinato trágico y sin sentido y punto. Pero también porque se trató de un ciudadano blanco y estadounidense.
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Por otro lado, Trump quiere catalogar a las bandas narcotraficantes como terroristas. El presidente de Brasil habló sobre este tema la semana pasada con Trump en la Casa Blanca. ¿Crees que elevar los cárteles al nivel de amenaza terrorista abre la puerta a una intervención estadounidense en América Latina?
Eso ha tenido una consecuencia directa en Venezuela, pero también en México.
Según mis fuentes, a comienzos de 2025 existía en el gobierno un fuerte interés por impulsar una acción de alto impacto en territorio mexicano, en el marco de la lucha contra el fentanilo. Sin embargo, Trump notó que una operación de ese tipo era inviable.
En paralelo, comenzaron a verse las derivaciones en el Caribe, con ataques a las lanchas en el mar, en lo que se interpretó como parte de una estrategia más amplia de presión sobre el entorno venezolano y el régimen de Nicolás Maduro.
En este contexto, la política exterior y la política migratoria terminaron conectándose. El eje común es la clasificación de ciertos grupos criminales como organizaciones terroristas, una definición que, en términos legales, amplía el margen de acción del Ejecutivo y reduce los contrapesos del Congreso.
¿Crees que la política migratoria puede afectar a Trump en las próximas elecciones de mitad de mandato o, para sus votantes, solo pesa la economía?
La verdad que no sé.
Es cierto que la política migratoria nunca ha sido una prioridad para los votantes promedios de Trump. Pero, lo que estamos viendo de los arrestos y los abusos de los agentes migratorios federales está afectando a todo el país, a toda la sociedad.
Puedo pensar que un padre o madre de un hijo que ven la imagen de agentes enmascarados matando gente a sangre fría en la calle de una ciudad estadounidense puede llevarlos a pensar si Trump está haciendo las cosas bien. Pero si esto influye en el voto, pues no sé.
Por eso, es tan importante que los demócratas sepan aprovechar el descontento con Trump. Para eso, deben saber cómo hablar del tema, no solo de los abusos de Trump, sino también de la importancia de los valores de este país y conectar el valor de inmigración y las instituciones democráticas, aunque no creo que los demócratas sean capaces de manejar esto.
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