Jueves, 02 de abril de 2026 Jue 02/04/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

Trabajar con IA: ¿puede el error convertirse en habilidad valorada?

Trabajar con IA: ¿puede el error convertirse en habilidad valorada?
Artículo Completo 1,599 palabras
En la era de la IA, ¿puede el error convertirse en habilidad valorada? El 'typomaxxing' emplea el fallo deliberado como prueba de humanidad. Leer
TendenciasTrabajar con IA: ¿puede el error convertirse en habilidad valorada?Actualizado 1 ABR. 2026 - 13:08

En la era de la IA, ¿puede el error convertirse en habilidad valorada? El 'typomaxxing' emplea el fallo deliberado como prueba de humanidad frente a la perfección fría de las nuevas herramientas.

Ser más torpe, cometer errores o hacer las cosas deliberadamente mal, ¿puede tener valor y premio? Si atendemos al fenómeno del typomaxxing, que surge por la adopción de la inteligencia artificial y que pretende corregir algunas consecuencias de su uso, podría decirse que la imperfección se eleva al rango de habilidad valorada... Aunque con matices.

Básicamente, se refiere a cometer errores a sabiendas para parecer justo lo que somos: seres humanos imperfectos. Y hay quien habla de la humanidad competente para definir una capacidad profesional que resalta lo humano sobre la perfección de la IA.

Así, ciertos defectos pasan a funcionar como marcador de presencia que lleva a pensar que hay una persona detrás, al margen de la IA, y a decir "esto lo escribió una persona real, deprisa, con criterio propio, sin filtro automático". Es dejar una falta leve, escribir en minúsculas, comerse una coma, mandar una frase algo brusca, mantener una formulación torpe pero natural, o renunciar a pulir el mensaje con IA para que no parezca prefabricado.

Como en muchos de estos fenómenos modernos, el typomaxxing tiene sus pioneros famosos. Se atribuye a dos casos recientes la visibilidad de esta lógica: el primero es el de David Ellison, fundador de Skydance y actual CEO de Paramount Skydance. En un documento de la SEC quedó registrado que el 4 de diciembre de 2025 envió a David Zaslav un mensaje que empezaba con "Daivd" e incluía otras incorrecciones. El interés no está sólo en el error, sino en que se trataba de una comunicación de altísimo nivel empresarial en el que la imperfección visible no impidió que el mensaje fuera tratado como relevante.

El segundo es el de Jack Dorsey, cofundador de Twitter y Block, que el 26 de febrero de este año anunció en un mensaje público, escrito en minúsculas, el despido de más de 4.000 personas en Block. El formato áspero y nada corporativo del texto hizo que muchos lo vieran como un ejemplo extremo de escritura deliberadamente poco pulida.

Podría decirse que este fenómeno del typomaxxing es una especie de estrategia de señalización de la autenticidad. Nos volvemos locos y cometemos una falta de ortografía por aquí... o dejamos caer un error a sabiendas por allá...

Prueba de humanidad

El dilema es si el error puede funcionar como una prueba de presencia humana que vaya a convertirse en una cualificación laboral premiada de forma general. Y también si podría llegar a venderse el error como un valor diferencial de la actividad humana.

Cabe preguntarse incluso si los reclutadores en la era de una IA avanzada llegarán a preferir a aquellos candidatos que son hábiles "usando el error", porque se haya convertido en una marca distintiva de humanidad. ¿Se valorará más a estos aspirantes? Hay que recordar que un estudio con reclutadores publicado en PLOS One encontró penalizaciones de entrevista para currículos con errores ortográficos, no sólo en empleos de cuello blanco, sino de cuello azul. Los reclutadores interpretan esos fallos como señales de menor capacidad mental, menor escrupulosidad y peores habilidades interpersonales.

En realidad, lo que se plantea no es tanto si los reclutadores premiarán a quien comete o maneja errores como la posibilidad de premiar a quien sepa producir señales creíbles de humanidad sin deteriorar la señal de competencia.

Sara Álvarez, directora de adquisición de talento en The Adecco Group, cree que hoy la inteligencia artificial nos ayuda a construir currículos cada vez más perfectos, más orientados a la vacante que se publica, al propósito o a la misión de la empresa. Trabajar con la IA para construir nuestro currículo más adaptado habla de que el candidato trabaja proactivamente ese currículo.

Álvarez recuerda que "durante años hemos defendido adaptar el CV a cada oferta, y hoy la IA puede ayudar a hacerlo mejor, más rápido y con más precisión". Cree que eso no resta valor al candidato, y añade que "también demuestra interés y motivación por la vacante. Pero la diferencia ya no se juega sólo en esa primera criba documental. La humanidad y la autenticidad deben demostrarse después, en las fases conversacionales y de evaluación: en llamadas, entrevistas por Teams, encuentros o dinámicas de grupo. Ahí es donde se percibe si hay criterio, espontaneidad, coherencia y presencia personal. La humanización del talento se verifica en el tú a tú".

¿Competencia laboral?

Álvarez coincide en que el error se puede convertir en una señal de presencia, pero difícilmente se puede catalogar como una competencia profesional al uso. Asegura que "está muy bien que la IA ayude a conectar el currículo con la posición, pero si los 20 candidatos que se presentan van a hacer lo mismo, hay que darle una vuelta a ese currículo y adaptarlo no sólo a lo que diga la IA".

Andrés Pérez Ortega, consultor en estrategia personal, recuerda el comentario típico de "los tomates de hoy no saben a nada". Cree que con la IA puede ocurrir lo mismo: "Hemos conseguido hacer accesible para todo el mundo la generación de contenidos y el manejo de la comunicación. Pero el precio a pagar es que 'no sabe a nada', no emociona, no conecta, ni sintoniza".

Pérez añade que "posiblemente pase con los contenidos como con las tiendas de legumbres y frutas a granel: aquellos que sepan ofrecer algo con sabor, aunque no sea perfecto ni homogéneo no sólo serán capaces de atraer a los desencantados sino también ganar más con ello. Lo que no pase por la IA, será como lo BIO, lo Sostenible o lo ECO en el mundo de la alimentación".

El reclutador no tenderá tanto a premiar el error como a valorar a quien parezca humano sin dejar de parecer excelente. Y no se pagará, recompensará o valorará el error, sino que se valorará lo que podríamos llamar la humanidad verificable. Álvarez considera que está muy bien apoyarse en la IA para buscar empleo, pero ésta "no tiene por qué decidir cómo es un currículo adecuado a una oferta concreta. Ahí entra en juego la propia experiencia, el conocimiento o el toque humano que le quiera dar la persona, porque si todos funcionamos de la misma manera, todos pasaremos desapercibidos".

Pérez cree que "la inteligencia artificial está consiguiendo justo lo contrario de lo que pretendíamos cuando empezamos a hablar de marca personal, que era dejar de ser profesionales commodity. La marca personal pretendía extraer la esencia de las personas, defender nuestros valores (aunque molesten), encontrar un estilo propio, probar (y equivocarse) para dejar huella, salirse del casillero en el que pretendían meternos los responsables de recursos humanos y los expertos en eneagramas. Y cuando casi lo teníamos, llegó la IA, que es la antimarca personal, que elimina el estilo, impone sus valores (o los que crean los algoritmos), implica una vuelta a la homogeneidad y corrige los errores. Lo hemos visto en muchas películas distópicas: nos ofrece un mundo impoluto, pero sin alma".

Pérez concluye que el problema es que la corrección política que impone la IA puede acabar con la libertad, que es justo lo que buscábamos con la singularidad de cada marca personal. ¿Está todo mal? Ni mucho menos. El experto recuerda que esto pasó "con las calculadoras, los alimentos precocinados o los tractores. Podemos utilizar herramientas, pero no convertirnos en sus esclavos.

Se trata de separar los usos de la IA que no necesitamos para dejar huella de aquellos en los que debemos transmitir nuestra esencia. ¿Quiere escribir una carta para reclamar una multa a la DGT? Use la inteligencia artificial. ¿Quiere que le consideren la persona a la que hay que elegir porque es 'de los suyos', porque siempre sorprende, porque ha metido tanto la pata que se las sabe todas o porque dice lo que se supone que no debe decir? Entonces olvídese de la IA, no se autocensure y cometa faltas de ortografía. Y sobre todo, intente que le conozcan en persona, que vean y escuchen cómo se equivoca".

La fórmula más precisa sería algo así: no se recompensa lo defectuoso. Más bien se recompensa la humanidad competente.

"Cuanto mejor es la máquina, más falta hacen las capacidades humanas"Saber teletrabajar, la habilidad clave en un mundo en conflictoIA o máster: ¿por qué debo ir a una escuela de negocios? Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir