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Tras las elecciones, miles de jóvenes húngaros festejaron la victoria de Magyar. Reuters Tras el fin de la era Orbán, Péter Magyar afronta la segunda transición de HungríaEsperanza e incertidumbre van de la mano en la nueva época que lidera un político decidido a reformar un sistema que conoce bien
Berlín
Domingo, 19 de abril 2026, 00:24
... miles de jóvenes salieron sin convocatoria previa a las calles de Budapest, en una fiesta colectiva y contagiosa. «Creo que fue como la caída del Muro de Berlín», compara Péter Adamik, artista húngaro afincado en la capital alemana y que viajó a su país para votar en unas elecciones históricas y vivir allí ese momento.Noticias relacionadas
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Pero el fin de una era no garantiza automáticamente el comienzo de otra. Y es aquí donde entra en escena Péter Magyar, un político que hasta hace un año era prácticamente desconocido para el gran público y que ahora se ha convertido en el rostro de la esperanza para unos, y de la incertidumbre para otros. Magyar no es un político convencional. Su ascenso meteórico, alimentado por denuncias internas, vídeos virales y una campaña que combinó indignación moral y promesas de regeneración, se debe en buena parte a que se presenta como un hombre que llega desde fuera del sistema, aunque en realidad lo conoce desde dentro. Fue alto funcionario, diplomático y marido de una ministra de Orbán, lo que le permite hablar el lenguaje del poder, pero también denunciarlo con autoridad. «Sé cómo funciona el sistema porque yo mismo formé parte de él», ha repetido en numerosas entrevistas.
Miedo, ira y odio
Ana Palacio, exministra de Exteriores de España, comentaba sobre la figura de Magyar en un encuentro privado organizado por la consultora Thinking Heads: «No hay mejor cuña que la de la misma madera. Magyar es hijo de Fidesz y con toda probabilidad defenderá posiciones similares en los grandes asuntos. Cambiará el tono y la actitud será seguro buscar acuerdos y no secuestrar grandes decisiones. Así, levantará el veto a los 90.000 millones de euros a Ucrania, pero Hungría seguirá siendo contraria a que entre en la UE con la prioridad que otros dibujan. Magyar tiene un voto prestado; es un voto anti-Orbán. En las elecciones ha habido una participación masiva y entusiasta de jóvenes, pero que no nos cieguen las banderas europeas que enarbolaban; las encuestas dicen que en inmigración o ampliación son muy nacionalistas».
Sus primeras actuaciones han sido para tomar al asalto en las fortalezas del viejo poder, legitimado por dos tercios de los votos. En su aparición por sorpresa en la radio pública Kossuth y en el canal M1, dos bastiones de la propaganda gubernamental, no ha dudado esta semana en enfrentarse a los mismos presentadores que han hecho carrera cantando alabanzas a Orbán. Les anunció personalmente, en el estudio, su intención de «suspender las emisiones y aprobar una ley que garantice la libertad de expresión y el pluralismo en los medios en cuanto se forme gobierno», lo que Tibor Nagy considera un «estallido de tensión acumulada entre Tisza y los medios públicos en los últimos años». No descarta que se desate una purga y recuerda que ejercer la libertad de prensa no es algo que se improvise de un día para otro.
«Más de la mitad de los miembros de nuestro equipo editorial aún no han escrito nunca un artículo en el que Orbán no sea primer ministro de Hungría. Nuestros jóvenes fotógrafos y el equipo audiovisual eran niños de infantil en el verano de 2007, cuando el presidente de Fidesz dijo en Tusványos: tienes que ganar una vez, pero luego tienes que ganar muchas más… Y desde entonces, ha utilizado su superioridad para crear los instrumentos de poder más fuertes», arroja una mirada realista Márton Gergely, editor jefe del semanario HVG.
CooperaciónHungría levantará el veto y permitirá las ayudas a Ucrania, pero ralentizará su entrada en la UE
RegeneraciónMagyar revisará la composición del Tribunal Constitucional, la Fiscalía y otras instituciones
Emociones opuestas«Desde las elecciones, hay mayores que lloran y jóvenes que se embriagan por el milagro inmediato»
Gerfely reconoce que «el papel histórico de Magyar dependerá de lo que haga con su mandato y de lo que haya aprendido de un gobierno cuyo único objetivo era evitar la derrota». «Que quiera limitar la duración de su mandato es una buena señal, pero también deberá limitar los privilegios asociados a su cargo», advierte. Lo ve como un nuevo Lajos Batthyány, que desmanteló el feudalismo y sentó las bases del parlamentarismo, la separación de poderes y la independencia de la prensa tras la revolución de 1848. Sin embargo, no debemos esperar de Magyar la reconciliación de la sociedad húngara», lamenta. «Tenemos familiares mayores que llevan llorando desde el domingo. Y tenemos familiares jóvenes que se embriagan por el milagro inmediato. La política ha despertado una cantidad irrazonable de emociones en el país, incluidas las más peligrosas: miedo, ira y odio».
En el plano institucional, la tensión es palpable. Magyar exigió la dimisión del presidente Tamás Sulyok, al que acusó de haber sido «indigno ante el pueblo», durante el primer acto oficial protocolario. También ha anunciado que revisará la composición del Tribunal Constitucional, la Fiscalía General y otras instituciones donde Orbán colocó a leales con mandatos largos. «Si no ceden voluntariamente, usaremos nuestra mayoría de dos tercios», ha dicho, en una frase que sonó más a amenaza que ha promesa.
Tibor Nagy profetiza una Hungría más cooperativa con la Comisión Europea, unida a la Fiscalía Pública Europea y más indulgente hacia Ucrania. El nuevo gobierno, opina, considera importante la situación de los húngaros en el exterior y creará una Oficina Nacional de Recuperación de Activos. Pero la tarea es hercúlea y pocos analistas creen que Magyar pueda abordarla con éxito sin ayuda efectiva de la UE. «Hungría ha demostrado lo que constituye la esencia de la democracia: la capacidad de corregir el rumbo. Pero la UE deberá acompañar el proceso con prudencia», advierte el politólogo Eric Frey.
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