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L. CarvajalRafael Ravina
Coautor del 'Informe socioeconómico de la felicidad en España' «Tras la crisis de los cuarenta, los niveles de felicidad suelen aumentar con la edad»Los jóvenes son infelices, los de izquierda también, mientras que las mujeres, a pesar de la desigualdad, tienen mejor ánimo, revela un estudio. Su autor explica algunas claves
Madrid
Sábado, 4 de abril 2026, 14:06
... amistad… y ganar varios miles al mes, según se desprende del 'Informe socioeconómico de la felicidad en España', presentado esta semana por la Red Internacional Universitaria de la Felicidad. «Podríamos decir que es un estado emocional que nos impulsa y nos ayuda a avanzar en nuestros proyectos de vida, tanto personales como profesionales y familiares», sostiene una de las personas que más sabe de felicidad, primer autor del estudio y profesor de la Universidad de Cádiz, Rafael Ravina. «La verdadera felicidad se encuentra en llevar una vida sencilla, humilde y tranquila».-¿Qué españoles no son felices?
-Los menos felices responden, en mayor medida, a un perfil masculino, divorciado, de clase social baja, agnóstico, con ingresos inferiores a 1.100 euros mensuales y residente en grandes urbes. Motivos de infelicidad son la situación económica del país y las dificultades de acceso a la vivienda, mientras que el aumento de la felicidad se explica por el crecimiento del consumo privado y el mayor gasto en infraestructuras, que han impulsado la percepción de bienestar subjetivo.
«Quienes tienen ingresos superiores a 5.000 euros al mes son, en promedio, los más felices»
-Los mayores de 75 son los más felices, según el estudio. ¿España es un país para viejos?
-En absoluto. Tras la crisis de los cuarenta, los niveles de felicidad suelen aumentar progresivamente con la edad. El periodo entre los 40 y los 50 años es el punto de inflexión, porque las personas empiezan a enfocar su vida no en lo material sino en los elementos intangibles como son la familia, la amistad, el deporte y la salud. Por ejemplo, muchas personas mayores de 60 años que no ha podido estudiar se apuntan en las aulas de mayores que poseen las diferentes universidades públicas a lo largo del territorio no solo con el objeto de socializarse sino también con el propósito y la ilusión de ser graduados universitarios y pertenecer a su comunidad.
-¿Y la crisis de los 40 es un bache?
-Suele ser un periodo caracterizado por la infelicidad, porque es la etapa de la vida en que solemos hacer balances de nuestros logros y éxitos profesionales y familiares. Una vez superado esa etapa de reflexión y aceptación, que suele estar en torno a los 50 años, nuestros niveles de felicidad se incrementan de forma gradual porque empezamos a ser conscientes de que hoy no vamos a estar mejor que ayer, y que un día más es un día regalado para gozar de la vida, la familia y las amistades.
-¿Qué tiene que ver la felicidad con la economía?
-Mucho, cuando la economía se orienta hacia la inclusión, el empleo y la cohesión social, no solo crece, sino que también mejora la vida de las personas.
«El ejercicio del gobierno puede afectar negativamente la felicidad de los ciudadanos que comparten su ideología»
-¿El dinero sí hace la felicidad?
-Quienes tienen ingresos superiores a 5.000 euros al mes son, en promedio, los más felices. Sin embargo, también sucede que, una vez cubiertas las necesidades básicas, el dinero deja de ser el principal factor determinante. A partir de ahí, la felicidad depende más de elementos como la estabilidad laboral, la conciliación familiar o el tiempo de ocio.
-Los jóvenes se muestran frustrados e infelices en el estudio, ¿cómo será el futuro anímico?
-El aumento de la frustración entre los jóvenes es un reto, pero también una oportunidad para repensar nuestras prioridades como sociedad. Si queremos una juventud más feliz, quizá deberíamos recuperar el espíritu de la Constitución de 1812, que ya señalaba que el objetivo principal del gobierno es la felicidad de la nación. Apostar por ese enfoque nos acercaría a una juventud más innovadora, creativa y dinámica.
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El investigador Rafael Ravina con su esposa, en uno de aquellos momentos que le dan felicidad. R. C.-¿Por qué son más felices las mujeres (8,2 puntos sobre 10) si la desigualdad les afecta más a ellas y tienen peor conciliación?
-Aunque el género femenino enfrenta mayores niveles de desigualdad y precariedad laboral en España, su alto nivel de felicidad no resulta sorprendente. Los estudios de economía de la felicidad muestran que muchas mujeres experimentan emociones positivas que no dependen directamente de su situación económica o profesional, lo que contribuye a mantener un bienestar subjetivo elevado a pesar de las dificultades.
-¿Quiénes son más felices? ¿Los de izquierda o los de derecha?
-Mostraban un poco más de felicidad las personas de ideología de derecha y las mujeres de izquierda. Estos datos nos hacen reflexionar sobre que el vínculo entre ideología política y felicidad está influido por múltiples factores sociológicos, lo que genera cambios pendulares. Uno de ellos es que el ejercicio del gobierno puede afectar negativamente la felicidad de los ciudadanos que comparten su ideología, especialmente cuando perciben que las promesas electorales se alejan de la realidad.
-¿Pareja estable o divorcio?
-Las personas más felices son aquellas que tienen una pareja estable e hijos. Esto demuestra que el estar casado o en pareja constituye una fuente de apoyo personal, emocional y material.
«Vivir en municipios de menos de 2.000 habitantes favorece la felicidad frente a la vida en la ciudad»
-¿Hay una «felicidad de pueblo» y otra «de ciudad»?
-No es la misma. Vivir en municipios de menos de 2.000 habitantes favorece la felicidad frente a la vida en la ciudad. Esto se debe a que en estos entornos hay menores niveles de estrés y los vecinos suelen formar parte de comunidades familiares, no son solo residentes.
-¿Es mejor tener altas expectativas o ser más realistas y conformarse?
-Nuestras expectativas sobre el futuro dependen de cómo vivimos el presente. Una vida feliz prepara a las personas para enfrentar retos y aprovechar oportunidades. Por eso insisto a mis estudiantes: el esfuerzo diario y la constancia en el estudio generan buenos resultados a largo plazo.
-¿Hay que estudiar para ser feliz?
-Sí, los estudios no solo amplían conocimientos, sino que también abren mayores oportunidades profesionales, lo que contribuye a alcanzar mayores niveles de felicidad.
-¿Usted es feliz?
-A pesar de las dificultades de la vida y de la ausencia de mis padres, me considero, en líneas generales, una persona feliz. Parte de ello se debe a los valores que me transmitieron, especialmente a disfrutar de las pequeñas cosas, como el café que tomo cada mañana en el bar Brim de Cádiz con mi amigo Tino, un placer que, según algunos estudios, aumenta la sensación de bienestar subjetivo. Pero mi verdadera felicidad la vivo y la encuentro en el microcosmos que forman mi esposa, mi hija, mis amigos y mis estudiantes, quienes son el motor que me hace avanzar cada día.
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