Instituciones Penitenciarias celebra el día de su patrón reconociendo la trayectoria y los servicios excepcionares de funcionarios, así como a otros cuerpos e instituciones colaboradoras
Regala esta noticia Añádenos en Google (Subdelegación del Gobierno de Málaga.) 24/09/2026 a las 18:32h.Casi 18 años son los que María José acumula a sus espaldas en diferentes prisiones. Tras pasar por distintas áreas administrativas y de atención directa ... a los reclusos, no oculta la satisfacción por uno de los proyectos más especiales de su trayectoria: un taller de teatro que logró levantar entre los muros del centro penitenciario Málaga II, en Archidona. Ha sido en el marco de la celebración del día de su patrón donde se ha reconocido el trabajo y la dedicación de 42 funcionarios, miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, de Justicia y diversas asociaciones e instituciones.
Tras años gestionando expedientes de condenas y seguimiento de permisos por violencia de género, María José ejerce hoy como guía en la unidad cinológica. Junto a su perro adiestrado, lleva a cabo inspecciones periódicas para interceptar la entrada de sustancias estupefacientes en la prisión. «Lo que más encontramos es hachís», explica, señalando que en el 80% de los casos los reclusos intentan ocultarlo en la zona anal. Asimismo, advierte sobre la irrupción de nuevas sustancias impregnadas en papeles, como el fentanilo o el THC sintético. «Es un trabajo en el que no puedes bajar la guardia», reconoce.
El módulo de aislamiento
Otro funcionario de la prisión de Archidona, que prefiere mantenerse en el anonimato tras sufrir amenazas de un interno, también conoce el riesgo de cerca. A punto de cumplir dos décadas de servicio, este trabajador desempeña sus labores en el módulo de aislamiento, donde se custodia a los reclusos de especial peligrosidad o inadaptación. Su trabajo transcurre bajo regímenes de estricta contención, en los que los presos salen al patio solos o acompañados por un único recluso y bajo la custodia constante de «tres o cuatro funcionarios».
«El día a día es duro. Llegas allí y la alegría que tienes es ver a tus compañeros», reconoce. La rutina exige una alerta permanente desde el mismo momento en que se abren los barrotes: «Hay que ver rápidamente la cara de los tíos e identificar si un interno que te saludó ayer te deja de saludar hoy» para tratar de prevenir una posible reyerta. Ha vivido situaciones extremas, desde un recluso que terminó quitándose la vida tras numerosos intentos de ayuda hasta un intento de agresión: «Un preso me quiso apuñalar, pero otros dos lo cogieron, lo echaron para atrás y le quitaron el pincho carcelario».
Con la perspectiva que le da su trayectoria, reflexiona con crudeza sobre la realidad con la que convive: «El mal existe y algunos lo tienen». Por ello, está convencido de que «sin seguridad no hay reinserción». En su labor diaria lidia también con la frustración de escuchar a reos que le han llegado a admitir que «no van a trabajar en su vida. A mí me han llegado a decir: '¿Usted se cree que yo me voy a hinchar el lomo de trabajar por 1.500 euros cuando yo en una noche puedo ganar 3.000?'»
Uno de los veteranos de la cárcel de Archidona, jefe de servicio, con 35 años de trayectoria en la institución penitenciaria, ha sido testigo de la transformación que ha experimentado la delincuencia en España. «La violencia de género antes no estaba tan puesta en el foco como ahora», ha destacado junto a la «delincuencia internacional». A diferencia del terror que siembra en la calle el crimen organizado, este responsable aclara que estos presos no suelen provocar graves altercados ya en prisión: «Son internos más o menos normalizados, muchos vienen de bandas del este, han estado sometidos a disciplina militar y se adaptan generalmente bien a las normas».
En su opinión, las mayores dificultades de convivencia cotidiana en el centro —que alberga actualmente a unos 400 reclusos— provienen de las carencias en la atención a la salud mental. Ante la escasez de psiquiátricos penitenciarios, el trato diario con internos que padecen patologías severas se ha convertido en el reto más complejo para la plantilla.
Durante el acto, el subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, ha reconocido el compromiso y desempeño de los funcionarios porque «hacen que se cumplan los objetivos de nuestro ordenamiento jurídico, que establece que las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad están orientadas hacia la reeducación y la reinserción social».
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