El anuncio, que llega tras el reciente fracaso de las negociaciones entre ambos países, supone un enorme golpe para la economía canadiense
Regala esta noticia Añádenos en Google Donald Trump y Mark Carney. (AFP)Corresponsal. Nueva York
24/08/2026 a las 19:00h.La reanudación de la guerra comercial entre EE UU y Canadá se encuentra en plena escalada: Donald Trump anunció este lunes que impondrá aranceles del ... 50% a las importaciones canadienses de automóviles, camiones de todo tamaño, piezas de automoción y acero. El presidente detalló que la medida no entrará en vigor hasta enero del año que viene, lo que apunta más a una medida de presión al Gobierno canadiense para que se avenga a sus exigencias para un acuerdo comercial.
«¡Ya no trataremos a Canadá como un Estado más!», dijo el líder republicano, en una referencia a que el vecino del Norte tiene un tratamiento preferencial. Y también en un guiño a su ambición -que ha desatado una ola de antiamericanismo en ese país- de convertirlo en el Estado 51 de EE UU. «En comercio, y también en otras cosas, están entre las peores naciones del mundo con las que tratar», protestó. «Se sienten con derecho a todo. Pero nosotros no les necesitamos, ¡ellos nos necesitan a nosotros!».
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We are stronger now than when the United States started this trade war. More unified, more determined and more ambitious. pic.twitter.com/H6e0WNahjA
— Mark Carney (@MarkJCarney) August 23, 2026Carney no se quedó quieto y respondió que Canadá igualaría las nuevas tasas comerciales «dólar por dólar». Su combatividad tiene riesgos. Ambos países mantienen un intercambio comercial muy elevado, que suma los 880.000 millones de dólares al año. Pero los canadienses son mucho más dependientes de ese flujo: tres cuartas partes de sus exportaciones van a EE UU, de donde llegan la mitad de sus importaciones.
La guerra comercial, sin embargo, también tiene muchos problemas para EE UU. Si Trump cumple sus amenazas, provocará sacudidas en un mercado clave en el país, el de la automoción, con subidas de precios. Esto sería muy impopular entre los votantes estadounidenses, descontentos con la gestión económica del republicano y para los que la principal preocupación es el coste de la vida. Pero, en cualquier caso, la medida no entraría en vigor hasta enero: de momento, sirve para meter presión al vecino del Norte.
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