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Trump busca la inmortalidad con un legado de grandes monumentos y centros artísticos con su nombreEl magnate levantará un colosal arco del triunfo, instala una estatua de colón en la Casa Blanca y planta su nombre en las fachadas de las organizaciones de referencia
Viernes, 6 de febrero 2026, 00:07
... de Colón. Para Donald Trump, alterar los enclaves y edificios emblemáticos de su nación es la manera de satisfacer su obsesión de dejar un legado «histórico y monumental». El último movimiento de su megalomanía ha sido construir un arco del triunfo más grande que el de París. Grabar su apellido con letras doradas en las fachadas de prestigiosas organizaciones no es suficiente para el presidente de Estados Unidos. La demolición del ala este de la Casa Blanca tampoco. Su ansia de conquista le llevó a construir un monumental salón de baile que cuadruplica el tamaño de la propia residencia que lo alberga. El republicano derriba, borra y sustituye símbolos con la misma impunidad y contundencia con que somete a otros países. Pero los delirios de grandiosidad y el afán imperialista no solo lo siente por el territorio extranjero. Dentro de sus propias fronteras, el inquilino del Despacho Oval tiene miedo de pasar desapercibido.'ARC DE TRUMP': President Trump is pushing plans for a massive triumphal arch in Washington, D.C., a project the White House says will become one of the most iconic landmarks in the world, describing the monument as a central part of Trump’s legacy and vision ahead of the… pic.twitter.com/wx3wmY5Hc3
— Fox News (@FoxNews) February 2, 2026
Colón como espejo
Trump se mide con su arco, pero se refleja en sus estatuas. Un día antes de presentar su colosal proyecto, distintas cabeceras informaron de que el magnate plantará una estatua de Cristóbal Colón en el jardín sur de la Casa Blanca. Como si de un espejo se tratase, Trump trae a su casa la figura que simboliza el imperialismo en su máxima expresión. La escultura del genovés, que antes se alzaba en Baltimore, terminó sumergida en el puerto tras las multitudinarias protestas antirracistas y anticolonialistas de 2020.
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Un macrosalón deslumbrante
En la misma sede presidencial, Trump también pretende deslumbrar a sus invitados. Para ello, desde septiembre del año pasado construye un descomunal salón de baile de 8.400 metros cuadrados, más grande que la propia residencia. No vaciló a la hora de derribar el ala este de la Casa Blanca al completo. Pero la grandiosidad del espacio no le será dada solo por su tamaño, la estancia estará cubierta de infinitos destellos provenientes de candelabros de oro y cristal, doradas columnas corintias e incrustaciones preciosas que decorarán cada rincón. Así es el estilo Trump, impresionar y reforzar la imagen de grandeza tanto del país como de su líder.
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Instituciones con su nombre
Más allá de protagonizar a diario los titulares internacionales, el magnate muestra una fijación por grabar su nombre en las fachadas de las instituciones referentes de su país. En diciembre del pasado año, el Instituto de la Paz de Estados Unidos cambió su apellido territorial para incluir el del presidente. 'Instituto de la Paz Donald J. Trump', se lee ahora en el gran letrero de la entrada de su sede en Washington. El magnate firma sin escrúpulos y con letras doradas las mismas organizaciones que ordena desmantelar. La conquista de esta entidad sin ánimo de lucro, sin embargo, además de paliar su sed imperialista, también refuerza la imagen de hombre «de la paz» que trata de proyectar, motivo por el cual solicitó públicamente que se le otorgara el premio Nobel de la Paz. «Nadie ha parado tantas guerras como yo, creo que no hay nadie que se lo merezca más», aseguró el republicano.
Más recientemente, el mandatario ha plantado su nombre en otra fachada icónica de la capital: el Centro Kennedy para las Artes. El motivo, o más bien la excusa, se apoya en que su mujer –que también lleva sus siglas–, en sus funciones de primera dama ejerce como presidenta honoraria de la entidad y ésta es «una forma excelente de reconocer su apreciación por las artes», aseguran. Ahora se llama 'The Donald J. Trump and the Jhon F. Kennedy Memorial Center of Performing Arts'.
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Un legado gigantesco
Estos episodios ilustran el gigantesco legado que el presidente pretende dejar cuando ya roza los ochenta años. No está dispuesto a desaprovechar la oportunidad única que este último mandato le concede para dejar su marca. Pero Trump no quiere dejar huella, sino una gran pisada, casi un socavón. Y tanto sus partidarios como sus detractores pueden coincidir en que el mandatario está marcando un antes y un después en la historia y en el equilibrio global.
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