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El congresista Al Green ante Trump con una pancarta que dice: 'Los negros no somos monos'. Reuters Trump carga contra los «locos» demócratas y los inmigrantes ante el descenso de su popularidadEn el discurso del estado de la Unión más largo de la historia, no citó al ICE ni a Epstein y aseguró que Irán nunca tendrá armas nucleares
Miércoles, 25 de febrero 2026, 19:46
... dos partes. Con él o contra él. El líder republicano cargó contra los demócratas, «que quieren hacer trampa» en las elecciones y que no reconocen sus supuestos logros económicos. «Esta gente está loca, se lo aseguro», dijo mientras los suyos aplaudían en pie –hasta en cien ocasiones se alzaron para ovacionar al presidente– y la mitad de la oposición se ausentaba de la Cámara de Representantes. El magnate, fiel a sí mismo, también partió el país entre «ciudadanos estadounidenses» a los que proteger e «inmigrante ilegales» a los que expulsar. No citó en ningún momento al ICE, el servicio de Inmigración que ha causado el terror y varias muertes. En cambio, fue obligado a salir de la sala el demócrata afroamericano Al Green por exhibir una pancarta en la que se leía:«Los negros no somos monos», en respuesta al vídeo difundido por el mandatario en el que Michelle y Barack Obama aparecían con cuerpo de simio.La conducta errática de Trump preocupa a los estadounidenses
Agentes del Servicio Secreto de EE UU matan a un joven armado que irrumpió en la mansión que Trump tiene en Florida
Trump tenía ganas de hablar. Necesita divulgar su mensaje triunfalista para contrarrestar el peso de las encuestas: el 56% de los estadounidenses desaprueba sus políticas, especialmente, en el campo económico. Algunos sondeos, incluso, rebajan su índice de aceptación al 36%. Y en noviembre están fijadas las elecciones de medio mandato. Si le van mal, puede perder el poder en la Cámara de Representantes y el Senado. Tras el varapalo del Tribunal Supremo, de mayoría republicana, que tumbó la semana pasada los aranceles aplicados a capricho por el presidente, el panorama empieza a oscurecerse para el inquilino de la Casa Blanca.
Por eso, necesitó casi dos horas para el autobombo. Habló del inicio de una «época dorada sin precedentes» y dijo que Estados Unidos es hoy, bajo su mando, un país más grande, mejor, más rico y más fuerte que nunca. Fue más allá:«Somos la nación más increíble y excepcional que haya existido sobre la tierra».
En ese ambiente de euforia presentó a los jugadores del equipo de hockey sobre hielo que acababan de colgarse la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Invierno. Se sumó al carro vencedor. «Estamos ganando tanto que nos cansaremos de ganar, pero no nos cansaremos, ¡porque Estados Unidos nunca se cansa de ganar!», resaltó traspasando el éxito deportivo al plano económico. Según las agencias Reuters y AP, el discurso fue diseñado por un equipo encabezado por Stephen Miller, su gurú ideológico, y Marco Rubio, secretario de Estado, con el objetivo de proyectar optimismo y contrarrestar las encuestas.
El congresista Al Green fue expulsado por una pancarta que decía: «Los negros no somos monos»
Tras glosar sus avances en economía y criticar, aunque esta vez sin descalificaciones, a los jueces del Supremo por limitar sus aranceles, Trump salió de sus fronteras y habló del mundo, eso sí, con el mismo tono triunfalista. Repitió que ha terminado con «ocho guerras» y que ha conseguido el alto el fuego en Gaza, donde «todos los rehenes, vivos y muertos, han sido devueltos a sus familias». Culpó a su antecesor, Joe Biden, de la invasión rusa de Ucrania y sobre Teherán apostó por la vía diplomática, aunque lanzó una advertencia a los persas: «Estamos negociando como nunca antes, pero sepan esto: Irán no tendrá armas nucleares mientras yo sea presidente». Reiteró que empleará una «fuerza letal» si las conversaciones fallan.
Sesión «tediosa y agotadora»
De vuelta al autoelogio, presumió de la captura de Nicolás Maduro, una «victoria colosal para EE UU y Venezuela», y anunció que el nuevo Gobierno de Caracas, bajo la presidencia de Delcy Rodríguez, ya ha proporcionado a Washington más de 80 millones de barriles de petróleo. La geopolítica como negocio. La esencia de Trump.
En un artículo sobre el discurso, el diario 'The New York Times' recogió opiniones de varios analistas. Coincidieron en que fue una sesión «tediosa y agotadora». «El mejor momento fue cuando acabó». A juicio de estos especialistas, el papel de 'showman' al que tanto jugo ha sacado hasta ahora el presidente empieza a generar rechazo. Pese a estar casi dos horas ante la Cámara no habló de Jeffrey Epstein, el empresario pederasta cuyos archivos amenazan con tumbar a muchas personalidades mundiales. Tampoco ser refirió a Renee Good y Alex Pretti, los dos ciudadanos estadounidenses asesinados a quemarropa en Mineápolis por agentes del ICE.
Sobre ese Estado, Minesota, sí puso el foco sobre «los piratas somalíes» que «han saqueado» las arcas públicas. «¡Eso es mentira!», gritó Ilhan Omar, congresista demócrata de ese territorio mientras los republicanos apoyaban con entusiasmo a su presidente en un Capitolio dividido por un muro cada vez más visible y elevado sobre los hombros de Trump.
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