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Trump contra todos: rompe con Meloni, su última gran aliada europea, mientras Starmer y Macron presionan con Ormuz

Trump contra todos: rompe con Meloni, su última gran aliada europea, mientras Starmer y Macron presionan con Ormuz
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La primera ministra italiana se enzarza con Trump y revoca un acuerdo de defensa con Israel, mientras Macron y Starmer buscan una solución propia a la crisis de Ormuz al margen de la postura estadounidense. Más información: Trump rompe con Meloni, su gran aliada en Europa por su enfrentamiento con el Papa e Irán: "La inaceptable es ella"

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúne con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en el Despacho Oval. Evelyn Hockstein Reuters

EEUU Trump contra todos: rompe con Meloni, su última gran aliada europea, mientras Starmer y Macron presionan con Ormuz

La primera ministra italiana se enzarza con Trump y revoca un acuerdo de defensa con Israel, mientras Macron y Starmer buscan una solución propia a la crisis de Ormuz al margen de la postura estadounidense.

Más información:Trump rompe con Meloni, su gran aliada en Europa por su enfrentamiento con el Papa e Irán: "La inaceptable es ella"

Publicada 15 abril 2026 02:53h Las claves

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La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, lleva meses haciendo equilibrios sobre el alambre de las tensiones entre Estados Unidos y la Unión Europea. Fue durante más de un año el referente europeo de Donald Trump: la única líder del Viejo Continente invitada a su toma de posesión en enero de 2025, la que le llamaba "hombre brillante" y junto a quien prometía "hacer grande de nuevo a Occidente".

Ese romance político se ha roto esta semana de una manera que habría resultado impensable hace apenas unos meses.

Trump rompe con Meloni, su gran aliada en Europa, por su enfrentamiento con el Papa e Irán: "La inaceptable es ella"

Este martes, Meloni dio dos pasos en un mismo día que resumen muy bien hasta dónde han llegado las cosas: calificó de "inaceptables" las críticas de Trump al Papa León XIV y suspendió el acuerdo de defensa con Israel.

El encontronazo con el pontificado tenía algo de inevitable: Trump ha criticado repetidas veces al pontífice por sus llamamientos a la paz en la guerra que Estados Unidos e Israel libran contra Irán desde el 28 de febrero.

El domingo, el presidente lo había calificado de "terrible para la política exterior" y "muy débil en materia de seguridad". Meloni, católica confesa y primera ministra de uno de los países más concernidos por la autoridad moral del Vaticano, no pudo —o no quiso— guardar silencio.

"El Papa es el jefe de la Iglesia Católica, y es correcto y normal que llame a la paz y condene toda forma de guerra", dijo ante los medios.

Trump no tardó en llamar a la corresponsal de Il Corriere della Sera en Washington para organizar una "entrevista" que se convirtió en una larga diatriba contra Meloni, a la que calificó de "cobarde" por no enfrentarse a la amenaza nuclear iraní.

"Italia tiene un grave problema. Toda Europa tiene un grave problema", aseguró el magnate neoyorquino en referencia a la inmigración y la supuesta tibieza estratégica de la Unión.

Distancias con Israel

Horas antes, en el marco del foro vinícola Vinitaly en Verona, Meloni había anunciado la suspensión de la renovación automática del acuerdo de defensa bilateral con Israel, un memorándum en vigor desde 2016, prorrogado tácitamente cada cinco años y que regula el intercambio de equipamiento militar y cooperación tecnológica en materia de defensa.

"En vista de la situación actual, el Gobierno ha decidido suspender la renovación automática del acuerdo de defensa con Israel", declaró escuetamente.

La decisión fue tomada de forma colegiada: la firmaron también el ministro de Exteriores, Antonio Tajani, el de Defensa, Guido Crosetto, y el vicepresidente Matteo Salvini, líder de la Liga Norte y estrecho aliado de Vladímir Putin.

En otras palabras, no fue un gesto impulsivo de Meloni: fue una decisión del núcleo duro de su gobierno. Una fuente diplomática confirmó a la agencia France-Presse que la medida se venía gestando desde hace tiempo: "Habría sido políticamente difícil mantenerlo".

Con todo, lo llamativo no es solo lo que se ha decidido, sino cuándo y cómo. El acuerdo había expirado el lunes 13 y hasta la misma víspera la prensa italiana daba por hecho que se renovaría en silencio, como siempre. No ha sido así.

Tampoco es un gesto aislado: en marzo, Meloni había definido los ataques contra Irán como acciones "al margen del derecho internacional" en el Senado, y a principios de este mes pidió explicaciones por el fuego israelí contra un convoy de su misión de paz en el Líbano.

Merz y Macron, juntos

Mientras Meloni marcaba distancias en Verona, al otro lado del Mediterráneo el conflicto por el estrecho de Ormuz continuaba en todo su esplendor, con noticias contradictorias en torno a la eficacia del bloqueo estadounidense.

Al parecer, según los seguimientos satelitales, varios barcos habrían escapado a la vigilancia de la armada norteamericana, levantando dudas de hasta qué punto está dispuesto Washington a cumplir su amenaza.

Pese a la enésima petición de ayuda a los socios europeos, la respuesta ha sido la habitual: Alemania, Francia, Reino Unido y Estonia rechazaron participar en el bloqueo el pasado lunes.

El canciller alemán Friedrich Merz, que horas antes había llamado a Benjamin Netanyahu para pedirle que cesara las hostilidades en el Líbano y le había exigido que no procediera a una "anexión de facto parcial de Cisjordania", señaló que Berlín podría contribuir a garantizar la libertad de navegación en el estrecho, pero únicamente "tras el cese de hostilidades" y "siempre que se den las condiciones necesarias".

El presidente francés, Emmanuel Macron, fue más lejos y anunció la convocatoria de una conferencia internacional, organizada junto al Reino Unido, para el próximo viernes en París.

El objetivo es planificar una misión naval multinacional de carácter estrictamente defensivo en el estrecho. "Esta misión, separada de las partes beligerantes en el conflicto, está destinada a desplegarse en cuanto las circunstancias lo permitan", publicó en la red social X.

El primer ministro británico, Keir Starmer, respaldó la propuesta desde Londres con un contundente: "Por mucho que nos presionen, no vamos a dejarnos arrastrar a la guerra". Y añadió, sin que nadie se lo preguntara, que la OTAN "es en interés de América".

La propuesta franco-británica tiene una doble lectura. Por un lado, se puede entender como un gesto hacia Washington: Europa quiere abrir el estrecho, pero a su manera, sin plegarse a la lógica de guerra de Estados Unidos. Por otro lado, es una advertencia: si la crisis se prolonga, los europeos actuarán por su cuenta.

Trump lleva semanas calificando a la Alianza de "tigre de papel" y amenazando con retirar a Estados Unidos de la organización.

En la reunión privada que mantuvo la semana pasada con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, según contaron fuentes europeas a Politico, Trump lanzó "una andanada de insultos" y amenazó con "hacer prácticamente cualquier cosa". Una fuente lo resumió así: "La reunión fue una mierda".

¿Adiós al "trumpismo" europeo?

El "trumpismo" europeo —el intento de Steve Bannon y JD Vance de alinear a los líderes populistas del continente bajo el paraguas ideológico de Washington— acumula un revés tras otro: Meloni lo desaprueba en público.

Marine Le Pen describe los objetivos de guerra de Trump como "erráticos", la AfD alemana pide la retirada de las tropas estadounidenses de suelo alemán… y el pasado domingo, su último baluarte en Europa se derrumbó en las urnas: Viktor Orbán, durante 16 años el líder más afín a Trump en el continente sufrió una derrota aplastante frente a la oposición europeísta de Péter Magyar.

No se puede considerar una casualidad que, ese mismo día, sin tanta atención mediática, el Partido Liberal canadiense del primer ministro Mark Carney arrasara en las elecciones parciales.

Los liberales canadienses, que parecían muertos tras los erráticos últimos años de Justin Trudeau al frente del país, han recuperado la mayoría parlamentaria gracias, en parte, a su posición contraria a Trump y la contundencia de su líder a la hora de plantar cara a los delirios MAGA.

En ese tablero reconfigurado, la visita de Pedro Sánchez a Pekín estos días adquiere una dimensión que va más allá de lo comercial.

El presidente del Gobierno español llegó a la capital china el pasado sábado para su cuarta visita oficial a Xi Jinping en poco más de tres años —tuvo que modificar la ruta de regreso por el cierre del espacio aéreo iraní— y firmó este martes siete memorandos en materia de energía solar, logística ferroviaria y digitalización.

El Papa califica de "inaceptable" la amenaza de Trump a Irán de "eliminar toda su civilización": "Volvamos a las negociaciones"

El ciclo que se abre ahora es incierto. Trump sigue amenazando, el estrecho de Ormuz sigue doblemente bloqueado —"es la primera vez que un bloqueo intenta acabar con un bloqueo", afirmó el presidente del Consejo Europeo, António Costa—, el alto el fuego con Irán expira el 21 de abril y los precios de la energía no dan tregua.

Eso sí, algo parece haber cambiado en los últimos días. Europa, con sus matices y sus ritmos distintos, ya no se limita a protestar o a mandar mensajes privados que Trump difunde en Truth Social para humillar a quien los escribe. Actúa. Y lo hace, por primera vez desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, sin pedir permiso.

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