- EDWARD LUCE
Envalentonado por la operación venezolana, Trump busca un bálsamo extranjero para el malestar que reina en su país.
Aunque abstemio, Donald Trump tiene una "personalidad de alcohólico", según Susie Wiles, su jefa de gabinete. Las personalidades adictivas tienden a ser personas que asumen riesgos de forma compulsiva. Hacer lo que les hace sentir bien sofoca el dolor.
En el caso de Trump, ese dolor es cada vez más interno y la cura, externa. Cuanto más grave es la situación en su país —sus cifras en las encuestas son malas y no muestran señales de mejorar—, mayor es la tentación de buscar una solución en el extranjero.
El hecho de que casi todos los presidentes de EEUU centren en la política exterior a medida que transcurre su mandato ofrece pocas pistas sobre Trump. Ha aprendido que es mucho más fácil eludir la ficción cortés del derecho internacional que las sentencias judiciales estadounidenses. Al explicar por qué ordenó el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro el sábado pasado, Trump mencionó una orden judicial estadounidense. Envió al sheriff a la selva para rescatar a un fugitivo de la justicia estadounidense. Funcionó a la perfección. Mientras el objetivo esté en inferioridad en materia de defensa, el éxito está asegurado.
Trump confía cada vez más en su control absoluto sobre la maquinaria bélica estadounidense. Por lo tanto, la preocupación de Dinamarca está justificada. Sin que nadie se lo pidiera, mencionó Groenlandia en su aparición posterior a Maduro el domingo pasado. Desde entonces, ha afirmado en varias ocasiones que "necesitamos" Groenlandia. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, asegura que "no tiene ningún sentido hablar de la necesidad de apoderarse de Groenlandia". A lo que Trump simplemente repite que Groenlandia es fundamental para la seguridad estadounidense.
"¿Saben lo que hizo Dinamarca hace poco para reforzar la seguridad en Groenlandia?. Añadieron otro trineo tirado por perros", bromeó.
Tal es la obsesión de Trump que nombró a un enviado para Groenlandia —el gobernador republicano de Luisiana, Jeff Landry— justo antes de Navidad. "Es un honor servirles en este puesto con el fin de que Groenlandia forme parte de Estados Unidos", declaró Landry. El año pasado, Trump envió a su vicepresidente, J.D. Vance, sin invitación, a Groenlandia para inspeccionar el territorio. Cualquiera que crea que Trump solo está troleando debería reservar unas vacaciones en Caracas.
Pero ¿por qué Groenlandia? Primero, porque sería fácil. Al igual que la "Operación Resolución Absoluta" en Venezuela, Trump podría anexionarse Groenlandia desde la comodidad de su sala de crisis (creó una réplica en Mar-a-Lago). Tardaría una o dos horas y no se arriesgaría a que hubiera bajas entre las tropas estadounidenses. Así, Trump podría seguir emulando a Barack Obama, cuyas icónicas imágenes, en las que aparece presenciando la caza y captura de Osama bin Laden en 2011, tanto envidia. Aunque los daneses no son pacifistas, resistirse a la superpotencia sería suicida.
Segundo, sumar Groenlandia a su lista de éxitos sería lucrativo. Los amigos libertarios de Trump llevan tiempo interesados en ella. Peter Thiel, que quiere establecer "estados-red" potenciados por criptomonedas en territorios sin desarrollar, ha invertido en Praxis, una startup que tiene precisamente ese objetivo y que ha explorado Groenlandia.. El embajador de Trump en Dinamarca, Ken Howery, fue cofundador de PayPal junto con Thiel y Elon Musk. Silicon Valley está repleto de multimillonarios que invierten en algún tipo de "networked venture", un negocio que depende de la construcción y el uso estratégico de redes de personas, contactos o distribuidores para lograr sus objetivos. Groenlandia ocupa un lugar destacado en la mayoría de las listas. A diferencia de Marte, ocupar Groenlandia es factible.
Además de complacer a los libertarios, tomar el control de Groenlandia sería bien recibido por los ideólogos de Maga, ya que liquidaría a la OTAN de un plumazo. Dinamarca podría invocar el Artículo V, según el cual un ataque contra uno es un ataque contra todos. Dado que EEUU lidera la OTAN, el tratado sería nulo. Ningún aliado saldría en defensa de Dinamarca. Si Dinamarca aceptara los hechos consumados, el resultado sería el mismo. En cualquier caso, la geografía, no la ley, justificaría la decisión de Trump. Aunque una parte de Groenlandia se encuentra en el hemisferio oriental, la mayor parte está en el occidental.
Es plausible que los acontecimientos en Venezuela mantengan la atención de Trump en el Caribe en lugar del Ártico. Un ataque a una plantación de coca colombiana o a un yacimiento de fentanilo mexicano no sería una sorpresa. Cuba también debería tener cuidado. Aunque Trump también anhela que Canadá sea el estado número 51 de EEUU, ha dejado de airear esa ambición desde que Mark Carney sustituyó a Justin Trudeau como primer ministro. Por otro lado, la bandera de EEUU podría plantarse en Groenlandia en cualquier momento.
Los opositores nacionales de Trump apuestan a que arriesgará más a medida que pierda popularidad. Se espera que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes en noviembre. La presión para publicar los archivos completos de Jeffrey Epstein no disminuirá hasta que Trump lo haga, algo que ha dicho que nunca hará. No puede mejorar su imagen dando la impresión de que está empeñado en ocultar lo que legalmente está obligado a hacer público.
Incluso la Corte Suprema de EEUU podría dar malas noticias pronto si anula la mayor parte de los aranceles de Trump. Algunos tribunales están bloqueando el despliegue del ejército estadounidense en ciudades estadounidenses. Hasta ahora, Trump ha cumplido en gran medida con las sentencias judiciales. Pero ningún tribunal puede controlar su uso del ejército estadounidense en el extranjero. Tampoco, como en su primer mandato, hay voces a su alrededor que aconsejen moderación.
Como noticia de impacto, misión cumplida y fuente de ingresos, Trump siempre tiene a Groenlandia. Es probable que su tentación no haga más que aumentar.
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