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Columna de humo este sábado en Teherán, la capital iraní, tras anunciar Israel que ha atacado el país. Europa PressRoberto R. Aramayo
Sábado, 28 de febrero 2026, 12:36 | Actualizado 12:41h.
... de los talibanes incluso a quienes habían colaborado estrechamente con ellos y sufrieron por lo tanto las represalias de un régimen teócrata. Las promesas relativas a respetar los derechos femeninos no tardaron en olvidarse y se acaba de amparar por ley el maltrato a las mujeres, consideradas como seres inferiores al servicio del varón. Afganistán carece de petróleo y no tiene interés geoestratégico alguno. Irán es otro cantar.EE UU e Israel bombardean Irán, que responde con varios ataques selectivos en Oriente Medio
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Cuando ganó las elecciones, escribí que Donald Trump impactaría como un meteorito en el tablero geopolítico internacional. Me quedé cortó en mis apreciaciones. Quien gusta de presentarse como un pacificador cuya misión es acabar con los conflictos bélicos, está frustrado porque Putin ignora su intermediación a propósito de Ucrania y, por otra parte, decidió bendecir el genocidio de Netanyahu en Gaza, donde se planea construir un emporio turístico para multimillonarios. Nadie ha sabido afearle que se permitiera secuestrar a Maduro para someter al régimen venezolano y explotar sus recursos petrolíferos. Cuba caerá cual fruta madura por la miseria que vive su población merced al bloqueo internacional y esto hará especialmente feliz a Marco Rubio.
Las premisas del derecho internacional son cordialmente ignoradas por el actual inquilino de La Casa Blanca, quien parece habilitado para hacer de su capa un sayo gracias al poder militar de su ejército. Israel ha declarado que inicia una guerra preventiva contra Irán, utilizando un peligroso concepto capaz de justificar cualquier ataque bélico sin que medie previamente provocación alguna. Estados Unidos esgrime su propia excusa, cual es evitar que los iranies logren dotarse de un arsenal nuclear, lo que recuerda mucho al pretexto para invadir Irak, cuyas armas biológicas nunca existieron. Netanyahu continúa esquivando sus problemas personales con la justicia de su país al seguir guerreando contra el enemigo exterior y colonizando todos los territorios colindantes que les pertenecen por derecho divino.
Resulta muy difícil calibrar cuál pueda ser el desenlace de una declaración de guerra contra un país como Irán. Por mucho que su ciudadanía esté descontenta con unas condiciones de vida poco satisfactorias, no es menos cierto que ante semejante agresión externa ese malestar pudiera difuminarse. Repetir la operación venezolana poniendo al frente del gobierno a un militar no parece algo sencillo en un contexto tan fanatizado.
Trump cuenta con propiciar una sublevación interna contra el régimen y erigirse luego en protector del nuevo gobierno. Quizá disponga de una información solvente proporcionada por la CIA y el Mossad, pero hay demasiadas piezas en juego como para hacer un pronóstico fiable del desenlace de la partida. Por de pronto, Irán ha respondido atacando las bases militares de Estados Unidos en Oriente Próximo, expandiendo las casillas del tablero bélico. Están comprometiéndose indirectamente los intereses de China y esta variable de la ecuación da una nueva dimensión al conflicto bélico, cuyas consecuencias no son fáciles de calcular.
Lo más penoso es que tanto Trump como Netanyahu tienen motivos personales para iniciar este peligroso juego. Ambos tienen muy baja su popularidad y quieren remontarla con miras a sus próximos lances electorales. Al primero además le persigue la sombra del escándalo Epstein, cuya documentación sigue sin desclasificarse íntegramente. Ahora pueden eliminar a los dirigentes con una sofisticada tecnología militar y confiar en que la población vea como sus libertadores a los atacantes. Eso es lo que Putin esperaba de la ciudadanía ucrania. Pero las guerras relámpagos no siempre salen bien y en ocasiones tienden a enquistarse, de uno u otro modo, máxime cuando las invasiones terrestres no son fáciles de articular. Agitar ese avispero puede tener muchas otras derivadas, bajo el formato de acciones terroristas indiscriminadas y llevadas a cabo por doquier.
Este 28 de febrero puede ser una fecha histórica, otra más, que de paso al inicio de alianzas inesperadas o a una sumisión al poder de un mandatario errático y nada confiable, porque cambia de parecer con suma frecuencia y se desdice de lo dicho un momento antes. Tras el caso de Venezuela, si lo de Irán le sale bien, Trump entenderá que puede hacer cuanto le venga en gana, como apropiarse de Groenlandia o anexionarse Canadá. Europa debe independizarse de un aliado tan inestable, invirtiendo en las punteras tecnologías que le permitan pararle los pies al bravucón de Trump y tener una voz propia en el ámbito internacional.
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