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Trump está librando contra Irán una guerra basada en el instinto y no está funcionando

Trump está librando contra Irán una guerra basada en el instinto y no está funcionando
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Mientras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se muestra poco preciso sobre sus objetivos militares en Irán, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu parece tener un plan más claro.
Trump está librando contra Irán una guerra basada en el instinto y no está funcionandoInformación del artículo
    • Autor, Jeremy Bowen
    • Título del autor, Editor Internacional de BBC News
  • 31 marzo 2026, 02:34 GMT
  • Algunas viejas verdades sobre la guerra han estado golpeando la puerta del Despacho Oval en el mes desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, enviaron aviones de combate estadounidenses e israelíes a bombardear Irán.

    La incapacidad de aprender del pasado significa que Donald Trump se enfrenta ahora a una disyuntiva determinante. Si no logra alcanzar un acuerdo con Irán, puede intentar declarar una victoria que no engañará a nadie, o bien escalar la guerra.

    La más antigua de esas viejas verdades proviene del estratega militar prusiano Helmuth von Moltke el Viejo: "Ningún plan sobrevive al primer contacto con el enemigo". Escribía esto en 1871, el año en que Alemania se unificó como imperio, un momento que fue tan decisivo para la seguridad de Europa como esta guerra podría serlo para la seguridad de Medio Oriente.

    Quizás Trump prefiera la versión moderna del boxeador Mike Tyson: "Todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un golpe".

    Aún más relevantes para Trump resultan las palabras de uno de sus predecesores, Dwight Eisenhower, el general estadounidense que comandó los desembarcos del Día D en 1944 y que ejerció dos mandatos como presidente republicano de EE.UU. en la década de 1950.

    La versión de Eisenhower decía: "Los planes no valen nada, pero la planificación lo es todo". Con ello quería decir que la disciplina y el proceso de elaborar planes para librar una guerra hacen posible cambiar el rumbo cuando ocurre lo inesperado.

    Para Trump, ese factor inesperado ha sido la resiliencia del régimen de Irán. Al parecer, él esperaba que se repitiera la operación relámpago mediante la cual el ejército estadounidense secuestró en enero al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores.

    Ambos se encuentran ahora detenidos en Nueva York a la espera de juicio. La vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, lo ha sustituido en la presidencia y acata órdenes de Washington.

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    El aforismo de Eisenhower sobre la importancia de planificar con anticipación surgió en un discurso de 1957. Había sido el responsable de planificar y comandar la mayor operación militar anfibia de la historia, el desembarco de Normandía, así que sabía de lo que hablaba.

    Explicó que, ante una emergencia inesperada, "lo primero que hay que hacer es desechar todos los planes y empezar de cero. Pero si no se ha planificado, no se puede empezar a trabajar, al menos no de forma inteligente".

    "Por eso es tan importante planificar, para mantenerse al tanto de la naturaleza del problema que algún día se nos pueda pedir que resolvamos o que ayudemos a resolver".

    Lejos de capitular o colapsar tras el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, en el primer ataque aéreo de la guerra, a manos de Israel y Estados Unidos, el régimen de Teherán sigue funcionando y contraatacando. Está jugando bien sus cartas, a pesar de su debilidad.

    Por el contrario, Trump ha dado la impresión de improvisar sobre la marcha. Se guía por su intuición, no por las páginas de inteligencia y asesoramiento estratégico que otros presidentes han estudiado a fondo.

    El punto final de Trump

    Trece días después del inicio de la guerra, Fox News Radio le preguntó a Trump cuándo terminaría el conflicto. Respondió que no creía que la guerra "vaya a ser larga". En cuanto a su finalización, esta ocurriría "cuando lo sienta, lo sienta en los huesos".

    Trump se apoya en un círculo íntimo de asesores cuya función consiste en respaldar sus decisiones y hacerlas realidad. Decirle la verdad al poder no parece figurar, al parecer, en la descripción de sus puestos de trabajo.

    Depender de los instintos del presidente —en lugar de un conjunto de planes bien elaborados, aun cuando estos deban ser adaptados o descartados— dificulta la conducción de una guerra. La falta de una dirección política clara resta filo al devastador poder de fuego y a la eficacia de las fuerzas armadas de Estados Unidos.

    Hace cuatro semanas, Trump y Netanyahu depositaron su confianza en una feroz campaña de bombardeos que acabó no solo con la vida del líder supremo, sino también con la de sus asesores más cercanos, y que hasta la fecha ha causado la muerte de 1.464 civiles iraníes, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), un grupo con sede en Estados Unidos que monitorea las violaciones de los derechos humanos en Irán.

    Ambos líderes esperaban una victoria rápida. Los dos desafiaron a los iraníes a dar continuidad a los bombardeos mediante un levantamiento popular para derrocar al régimen.

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    La intransigencia de Irán

    Sin embargo, el régimen de Teherán sigue en pie, sigue resistiendo, y Trump está descubriendo por qué sus predecesores nunca estuvieron dispuestos a unirse a Netanyahu en una guerra de elección para destruir la República Islámica.

    Los opositores al régimen no se han alzado. Todos ellos son plenamente conscientes de que en enero pasado las fuerzas gubernamentales mataron a miles de manifestantes y esta vez se han difundido advertencias oficiales diciendo que cualquiera que contemple la posibilidad de intentar repetir las protestas será tratado como un enemigo del Estado.

    El régimen iraní es un adversario obstinado, despiadado y bien organizado. Fundado tras la revolución de 1979 que derrocó al Sah, se forjó posteriormente en la más sanguinaria miseria de la guerra de ocho años contra Irak.

    El régimen se sustenta en instituciones, no en individuos, y se ve reforzado por creencias religiosas inquebrantables y una ideología del martirio. Esto significa que el asesinato de líderes, si bien resulta indudablemente impactante y desestabilizador, no constituye, a su vez, una sentencia de muerte para el régimen.

    Tras las muertes de enero, considerarán la muerte de muchos más iraníes —ya sea a manos de las propias fuerzas del régimen o por efecto de las bombas estadounidenses e israelíes— como un precio aceptable para su supervivencia.

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    El régimen iraní no podría aspirar a igualar la potencia de fuego de Estados Unidos e Israel. Sin embargo, al igual que Moltke, Tyson y Eisenhower, ha estado elaborando planes: amplió el conflicto atacando tanto a sus vecinos árabes del Golfo —así como a las bases estadounidenses situadas en sus territorios— como a Israel, extendiendo el sufrimiento tan ampliamente como fuera posible.

    El cierre efectivo del estrecho de Ormuz —la angosta entrada al Golfo— por parte de Irán ha interrumpido aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y ha sumido a los mercados financieros globales en el caos.

    Irán dedicó años y miles de millones de dólares a construir la red de aliados y grupos afines que denominó "el eje de la resistencia", que incluía a Hezbolá en el Líbano y a Hamás en Gaza y Cisjordania, con el objetivo de amenazar y disuadir a Israel. Los israelíes han golpeado esta red con gran dureza y eficacia desde que estalló la guerra en Gaza, tras los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023.

    Sin embargo, Irán está demostrando ahora que un accidente geográfico —el estrecho de Ormuz— puede constituir un elemento disuasorio y una amenaza incluso más eficaces que su ruinoso y costoso sistema de alianzas militares. Irán puede ejercer su control sobre el estrecho mediante drones baratos, capaces de ser lanzados desde cientos de kilómetros de distancia, desde el montañoso interior del país.

    Los aliados mueren. La geografía permanece inalterable. A menos que se capturen y ocupen los acantilados que flanquean el estrecho —así como una extensa franja de territorio iraní más allá de ellos—, tanto Estados Unidos e Israel —como el resto del mundo— están descubriendo que el régimen iraní exigirá tener una voz decisiva en la reapertura del estrecho de Ormuz.

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    Tal como señaló el excomandante adjunto de la OTAN, el general Richard Shirreff, en el programa Today de BBC Radio 4, cualquier ejercicio de simulación bélica destinado a analizar las consecuencias de un ataque contra Irán habría revelado que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica procedería a cerrar el estrecho de Ormuz.

    Esto nos remite, una vez más, a la importancia de planificar cómo iniciar una guerra, cómo ponerle fin y cómo gestionar el escenario posterior a su conclusión. Donald Trump y su círculo íntimo, embriagados ante la perspectiva de una victoria rápida y sencilla, parecen haber pasado por alto estos pasos fundamentales.

    El "eje de la resistencia" incluye también a los hutíes en Yemen. El viernes, estos lanzaron una andanada de misiles contra Israel; se trataba de la primera vez que lo hacían desde que la actual contienda bélica se desencadenara con los ataques aéreos contra Irán el pasado 28 de febrero.

    Si los hutíes reanudaran sus ataques contra el tráfico marítimo en el mar Rojo, Arabia Saudita perdería su ruta marítima occidental para la exportación de petróleo hacia Asia.

    El mar Rojo cuenta con su propio punto de estrangulamiento: el estrecho de Bab el-Mandeb, cuya importancia para el comercio mundial es equiparable a la del estrecho de Ormuz. Si los hutíes decidieran intensificar el conflicto atacando a los buques en Bab el-Mandeb —y más al sur—, tal como hicieron durante la guerra de Gaza, interrumpirían la ruta que conecta Asia con Europa a través del canal de Suez.

    Ello desencadenaría una emergencia económica mundial de consecuencias aún más graves.

    La claridad de Netanyahu

    Netanyahu, a diferencia de Trump, ha estado pensando en detalle sobre esta guerra desde que inició la carrera política que lo ha convertido en el primer ministro de Israel con el mandato más largo.

    En el primer día completo de la guerra contra Irán, Netanyahu grabó una declaración en video desde la azotea del edificio de gran altura en Tel Aviv conocido como la Kirya, sede del cuartel general militar de Israel. Lo hizo con la claridad sobre los objetivos bélicos de Israel que le ha resultado esquiva a Trump.

    Esto no debería sorprender. Entrar en guerra con Irán constituye una perspectiva más directa para Israel que para Estados Unidos. Las preocupaciones de una potencia regional difieren de los desafíos globales, mucho más amplios, que enfrenta Estados Unidos.

    Netanyahu está convencido de que puede garantizar la seguridad futura de Israel infligiendo el mayor daño posible a la República Islámica. La guerra, afirmó en el video, tenía como fin "asegurar nuestra existencia y nuestro futuro". Netanyahu siempre ha considerado a Irán como el enemigo más peligroso de Israel.

    Sus críticos sostienen que dicha obsesión fue una de las razones por las que Israel no logró detectar ni detener los ataques de Hamás lanzados desde Gaza el 7 de octubre de 2023.

    El primer ministro israelí agradeció a las fuerzas armadas estadounidenses y a Trump por su "asistencia", y pasó a abordar el punto que, para él, constituye el meollo de la cuestión.

    "Esta coalición de fuerzas nos permite hacer lo que he anhelado hacer durante 40 años: golpear al régimen del terror sin piedad. Esto es lo que prometí, y esto es lo que haremos".

    Netanyahu y la cúpula militar israelí habían analizado, en diversos momentos a lo largo de sus muchos años en el cargo, distintas formas de entrar en guerra con Irán, destruyendo sus instalaciones nucleares y sus misiles balísticos, así como cualquier otro elemento que representara una amenaza para ellos.

    La conclusión a la que siempre se llegó en Israel fue que, si bien podrían infligir un daño considerable a Irán, ello no supondría más que un revés para el régimen. Se convirtió en una convicción generalizada la idea de que la única manera de aniquilar la capacidad militar de Irán —dejándola inoperativa durante una generación o más— era hacerlo en alianza con Estados Unidos.

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    Pero eso requería un presidente en la Casa Blanca que estuviera dispuesto a ir a la guerra junto a Israel, algo que nunca había sucedido, a pesar de la estrecha relación entre ambos países y de la dependencia de Israel respecto al apoyo militar y diplomático de Estados Unidos.

    Netanyahu nunca logró convencer a un presidente estadounidense de que ir a la guerra con Irán redundara en los intereses de Estados Unidos, hasta el segundo mandato de Donald Trump.

    A pesar de la amarga y tóxica relación entre Estados Unidos e Irán —vigente desde que el Sha, un firme aliado estadounidense, fuera derrocado en 1979—, los sucesivos presidentes estadounidenses consideraron que la mejor manera de tratar con la República Islámica de Irán era contenerla.

    Durante la ocupación estadounidense de Irak, Estados Unidos no entró en guerra con Irán, ni siquiera cuando Teherán estaba equipando y entrenando a milicias iraquíes que daban muerte a las tropas estadounidenses. La única justificación posible, según sus cálculos, sería una amenaza inminente, en particular, la existencia de información que indicara que Irán estaba cerca de desarrollar un arma nuclear.

    Trump incluyó la amenaza nuclear en su cambiante lista de motivos para ir a la guerra. Sin embargo, no existe prueba creíble alguna de que Irán estuviera a punto de adquirir un arma nuclear o de obtener los medios para lanzarla.

    De hecho, la Casa Blanca mantiene todavía en su sitio web una declaración del 25 de junio de 2025 bajo el titular: "Las instalaciones nucleares de Irán han sido aniquiladas; cualquier sugerencia en sentido contrario constituye 'noticias falsas'".

    Ahora, Trump está descubriendo por qué sus predecesores concluyeron que los riesgos de optar por la guerra serían simplemente demasiado elevados.

    Guerra asimétrica

    La guerra parece estar convirtiéndose en un ejemplo clásico de cómo una potencia más pequeña y débil puede combatir a un enemigo más grande y fuerte: el tipo de conflicto que los estrategas denominan guerra asimétrica.

    Es aún demasiado pronto -apenas ha transcurrido un mes- para compararla con otras guerras que, sobre el papel, Estados Unidos parecía estar ganando en términos de enemigos abatidos y misiones de bombardeo completadas, como las de Vietnam, Irak y Afganistán.

    Sin embargo, es importante recordar que, tras años de derramamiento de sangre, todas ellas concluyeron de un modo que en los hechos supuso una derrota para Estados Unidos.

    Las próximas decisiones que tomen Trump y Netanyahu podría determinar si la guerra en Irán se convierte en otro grave tropiezo para EE.UU. Trump ha pospuesto ya en dos ocasiones su amenaza de destruir la red eléctrica de Irán; una acción que, tal como él mismo la ha descrito, podría constituir un crimen de guerra.

    Trump sostiene que el motivo es que Irán está desesperado por alcanzar un acuerdo que ponga fin al conflicto, dado que el régimen ha sufrido un duro golpe a causa de los daños y las muertes que Estados Unidos ya ha infligido, y ante el temor de que pueda causar aún más estragos.

    Actualmente se están llevando a cabo contactos entre ambas partes, con la mediación de Pakistán y otros actores. Los iraníes niegan que se trate de una negociación.

    Aún no se ha publicado un texto oficial del plan de paz de 15 puntos propuesto por Trump. No obstante, las versiones filtradas revelan un documento que constituye una recopilación de todas las exigencias que Estados Unidos e Israel han planteado a Irán a lo largo de muchos años. Su contenido se asemeja más a unas condiciones de rendición que a una base para la negociación.

    Irán ha respondido con sus propias exigencias, igualmente inaceptables para la otra parte, entre las que se incluyen el reconocimiento de su control sobre el estrecho de Ormuz, el pago de reparaciones por los daños de guerra y la retirada de las bases militares estadounidenses de Oriente Medio.

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    A menos que ambas partes logren dar un salto gigantesco hacia un terreno intermedio inexplorado de compromiso, resulta difícil vislumbrar la consecución de un acuerdo. No es imposible. El régimen iraní cuenta con un historial de negociación.

    Fuentes diplomáticas árabes me aseguraron que Irán estaba ofreciendo una vía hacia un acuerdo sobre su programa nuclear justo cuando Estados Unidos abandonó abruptamente la diplomacia al iniciar la guerra el 28 de febrero.

    Una fuente me dijo: "Los iraníes lo estaban ofreciendo todo". Esto suena a una simplificación excesiva y los estadounidenses niegan que se estuvieran logrando avances. Sin embargo, los indicios sugieren que aún existía margen para la diplomacia cuando Estados Unidos e Israel ordenaron sus bombarderos.

    La guerra se encuentra en un punto crítico. Si no se alcanza un acuerdo entre estadounidenses e iraníes, a Trump le quedarán muy pocas opciones. Podría declarar la victoria, alegando que Estados Unidos ha destruido el ejército iraní y que, por tanto, la misión ha sido cumplida. Así sostener que la apertura del estrecho de Ormuz no es responsabilidad suya.

    Tal medida podría provocar el colapso de los mercados financieros mundiales y consternar a sus aliados —ya de por sí descontentos— en Europa, Asia y el Golfo. Un régimen iraní herido y furioso dispondría de un amplio margen de maniobra para ejercer una mayor presión sobre la economía global.

    Lo más probable es que Trump decida intensificar la guerra. Los estadounidenses cuentan con más de 4.000 infantes de marina a bordo de buques que se dirigen hacia el Golfo, tienen a paracaidistas de la 82da División Aerotransportada en estado de alerta y están evaluando el envío de refuerzos adicionales.

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    Nadie habla de una invasión a gran escala de Irán. No obstante, es posible que los estadounidenses intenten tomar el control de algunas islas del Golfo, incluida la isla de Kharg, la principal terminal petrolera de Irán. Ello implicaría llevar a cabo una serie de desembarcos anfibios sumamente complejos y peligrosos.

    Esta estrategia podría incluso convenir a Irán, cuyo objetivo es arrastrar a los estadounidenses hacia una guerra de desgaste prolongada. Teherán calcula que la capacidad de resistencia del régimen ante el sufrimiento es superior a la de Trump.

    En Irán, Trump está topándose con los límites de su poder. El régimen iraní tiene una definición de victoria y derrota distinta a la suya. Para ellos, la mera supervivencia constituye una victoria.

    Pero ahora aspiran a más, convencidos de que el control del estrecho de Ormuz les otorga una nueva baza para plantear exigencias y tal vez incluso para obtener ventajas estratégicas. Los iraníes han reclamado, entre otras cosas, la promesa de no ser atacados en el futuro, así como el reconocimiento de su control sobre el estrecho de Ormuz, a cambio de permitir el tránsito de todo tipo de embarcaciones por sus aguas.

    La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo el miércoles que "el presidente Trump no hace bluff (amenazas vacías) y está dispuesto a desatar el infierno. Irán no debería volver a cometer un error de cálculo".

    "Si Irán se niega a aceptar la realidad del momento actual, si no logra comprender que ha sido derrotado militarmente —y que seguirá siéndolo—, el presidente Trump se asegurará de que reciban un golpe más contundente que cualquiera que hayan sufrido jamás", agregó.

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    Ser derrotado en la guerra no es una opción. Si Irán hubiera sufrido un golpe tan severo como asegura Trump y su equipo, el régimen de Teherán ya habría colapsado a estas alturas. El presidente de EE.UU. no necesitaría entonces recurrir a las amenazas para obligarlos a aceptar su destino.

    Estados Unidos e Israel tienen la capacidad de infligir mucho más daño y causar muchas más bajas en Irán. En el Líbano, Israel prosigue con su ofensiva contra Hezbolá, el principal aliado de Irán.

    A falta de un alto el fuego, calculan que pueden elevar el nivel de fuerza hasta que los iraníes no tengan más remedio que ceder.

    Eso dista mucho de ser seguro.

    Cuanto más se prolongue la guerra, mayores serán las consecuencias para la región y para el resto del mundo. Un destacado analista sobre Irán, Ali Vaez del International Crisis Group, me comentó que podrían ser "catastróficas".

    En 1956, el Reino Unido y Francia entraron en guerra junto a Israel después de que el presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, nacionalizara el Canal de Suez. Una vía marítima de alcance mundial que constituía un punto de estrangulamiento para la economía global tan significativo como lo es hoy el estrecho de Ormuz.

    Lograron todos sus objetivos militares, pero se vieron obligados a retirarse por orden del presidente de Estados Unidos, Eisenhower.

    Para los británicos, aquello supuso el principio del fin de su dominio imperial en Medio Oriente.

    Estados Unidos se enfrenta al auge de China. Cuando se escriba la historia de su pugna por convertirse en la potencia más poderosa del mundo, la mal planificada guerra de Trump contra Irán podría ser vista como un punto de inflexión, una etapa en el camino hacia el declive, tal como lo fue el Canal de Suez para Reino Unido.

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Fuente original: Leer en BBC Mundo
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