Las amenazas del presidente de EE UU a Omán y el plante a Corea del Sur avivan la desestabilización y le retratan incapaz de imponerse a Irán y Pyongyang
Regala esta noticia Añádenos en Google 19/08/2026 a las 02:00h.La inestabilidad sembrada por Donald Trump en su segundo mandato parece no tener límites. Descargó sus primeras imposiciones sobre sus vecinos de frontera -México y ... Canadá-. Saltó después a Europa con presiones sin precedentes a sus socios en la OTAN. Dio alas a Putin en sus ataques a Ucrania, en una invasión que hoy se recrudece. Y concentró su errática política exterior en Oriente Medio, donde se ha revelado incapaz de salir del atolladero, asfixiado en Ormuz y con una fallida tregua en Gaza. Con todos los frentes abiertos, el presidente de Estados Unidos ha ampliado su particular campo de batalla hacia Asia al poner el foco de su desorden en la península de Corea, zona estratégica para las democracias occidentales por su papel de contención de China y de la siniestra dictadura de Kim Jong-un.
Aunque dé la impresión de haber encendido ya todas las alarmas inimaginables, desestabilizar la península de Corea añade riesgos a un territorio que permanece en un delicado equilibrio, con Japón expectante a cualquier movimiento del eje China-Rusia- Corea del Norte. Trump se equivoca si pretende garantizar la estabilidad mundial con su temerario doble rasero. Está más que justificada la erradicación de la capacidad atómica de Irán. Pero no hay lugar para más polvorines en el mundo. Es una peligrosa incongruencia que apele a su «excelente relación» con un tirano como Kim Jong-un para dejarle hacer con su arsenal nuclear.
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