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Trump perdonó los aranceles a los joyeros de Amberes después de recibir un anillo gigante de oro con más de 300 diamantes

Trump perdonó los aranceles a los joyeros de Amberes después de recibir un anillo gigante de oro con más de 300 diamantes
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Los diamantistas aseguran que la joya es un homenaje a la Independencia de EEUU. El anillo tiene dos 'T' engarzadas en diamantes a ambos lados. Más información: La 'diplomacia MAGA' incendia Europa: los embajadores de Trump fuerzan conflictos con múltiples gobiernos de la UE

El anillo diseñado para Trump, David Gotlib

América Trump perdonó los aranceles a los joyeros de Amberes después de recibir un anillo gigante de oro con más de 300 diamantes

Los diamantistas aseguran que la joya es un homenaje a la Independencia de EEUU.

El anillo tiene dos 'T' engarzadas en diamantes a ambos lados.

Más información: La 'diplomacia MAGA' incendia Europa: los embajadores de Trump fuerzan conflictos con múltiples gobiernos de la UE

Denver Publicada 23 agosto 2026 06:00h Las claves

Las claves Generado con IA

La industria del diamante de Amberes ha convertido los dos mandatos de Donald Trump en una joya: un anillo de oro de 18 quilates, tan grande como un reloj y cubierto con 321 diamantes, sus iniciales y los números 45 y 47.

Veintiséis días después de que la pieza fuera entregada al embajador de Estados Unidos en Bélgica, la Administración Trump devolvió el arancel cero a los diamantes europeos. No hay pruebas de un intercambio de favores y tanto la Casa Blanca como el sector lo niegan.

Pero dos senadores han exigido explicaciones y la coincidencia ha convertido el anillo en el símbolo más vistoso de una política arancelaria llena de excepciones negociadas entre gobiernos, empresas y grupos de presión.

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Una joya para el presidente 45 y 47

La joya, bautizada como 'Freedom 250', no sólo reúne más de 300 diamantes. La engarzan 56 zafiros, 13 esmeraldas y seis rubíes. Las piedras forman la bandera estadounidense, las fechas 1776 y 2026, el sello presidencial y los números de los dos mandatos de Trump.

En el interior puede leerse: "Elaborado en Amberes para Donald John Trump". Su valor se estima entre 25.000 y 35.000 dólares.

La pieza fue encargada por el Antwerp World Diamond Centre (AWDC), que representa a más de 1.300 empresas belgas, y diseñada por David Gotlib. El 28 de junio, el joyero y el presidente del grupo, Isidore Mörsel, se la entregaron al embajador Bill White durante la celebración en Bruselas del 250 aniversario de la independencia estadounidense.

Trump intervino mediante un vídeo grabado y agradeció a sus "amigos de Amberes" el "magnífico" anillo. Mörsel lo presentó como un homenaje a Estados Unidos, el principal mercado del sector, y comparó la relación con los diamantes: "Se forma bajo presión, resiste el paso del tiempo y brilla más cuando se construye sobre la confianza".

La escena tuvo lugar ante más de 8.000 asistentes, en una fiesta financiada con más de 5,5 millones de dólares aportados por empresas como Intel, Google y Meta. El embajador publicó una fotografía luciendo el anillo, aunque después la eliminó.

La Administración sostiene que la joya es propiedad federal y que Trump tendría que pagar su valor de mercado si quisiera conservarla. Las facultades del presidente para aceptar regalos no desplazan la legislación federal contra el soborno.

Veintiséis días y dos senadores

La cronología del escándalo comenzó antes del anillo. En septiembre de 2025, tras semanas de negociaciones, los diamantes naturales tallados en Europa quedaron excluidos del arancel general. El AWDC presentó el resultado como fruto de una intensa campaña de presión y consultas.

El alivio duró cinco meses. En febrero de 2026, el Tribunal Supremo anuló por seis votos contra tres los aranceles globales impuestos mediante una ley de emergencia. Trump respondió con un gravamen universal del 10% durante 150 días bajo otra disposición. La exención de los diamantes dejó de aplicarse.

El embajador de EEUU en Bélgica mostró la joya en X. Bill White

Amberes volvió a movilizarse. Exporta cada año unos 2.100 millones de dólares en diamantes pulidos a Estados Unidos, aunque el arancel cero beneficia solo a los de origen europeo. El sector alegaba que el país no extrae ni talla estas piedras a escala comercial y que el coste recaería sobre joyeros y consumidores.

El 28 de junio se presentó el anillo. El 24 de julio, al expirar el recargo provisional, la Administración implantó nuevos aranceles bajo la Sección 301 y excluyó expresamente los diamantes naturales europeos. El sector recuperó así el arancel cero.

La secuencia llevó a los senadores demócratas Elizabeth Warren y Richard Blumenthal a reclamar información al AWDC y al joyero. En una carta del 10 de agosto, advirtieron de que el regalo crea, como mínimo, una "evidente apariencia de impropiedad" y, en el peor de los casos, podría vulnerar la ley contra el soborno.

Las empresas tienen hasta el 24 de agosto para explicar quién encargó y pagó la pieza, cuánto costó y qué contactos mantuvieron con funcionarios estadounidenses. Que Trump no pueda apropiarse gratuitamente de la joya no despeja la intención con la que fue ofrecida.

El AWDC ha respondido que ambos asuntos estuvieron "completamente separados" y que el anillo solo se diseñó por el aniversario, pese a tener dos enormes "T" en los laterales. La Casa Blanca sostiene que la exención recuperó el trato pactado con la Unión Europea en Escocia en 2025. Hasta ahora no hay pruebas públicas de un intercambio de favores. El joyero no ha respondido.

Un arancel con 471 puertas de salida

Amberes no ha sido la única industria que quedó al margen. Trump impuso el 24 de julio aranceles de entre el 10% y el 12,5% a 60 socios que, según Washington, no frenan las mercancías fabricadas mediante trabajo forzoso. Representan el 99,4% de las importaciones estadounidenses.

La medida reconstruyó una barrera casi universal tras la derrota de Trump en el Supremo. El gravamen provisional expiró a las 00.01, hora de Washington, y el nuevo entró en vigor en ese mismo minuto. La justificación cambió: del déficit comercial a la explotación laboral.

La lista definitiva añadió 471 exclusiones. Dan Anthony, presidente de la consultora Trade Partnership Worldwide, calcula que aproximadamente la mitad del valor importado ha quedado fuera. Se han librado el petróleo y el gas, los fertilizantes, determinados alimentos, la maquinaria para fabricar semiconductores, los aviones, los minerales críticos y las mercancías amparadas por el acuerdo norteamericano.

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Cada sector defendió su excepción. Los agricultores advirtieron de que gravar los fertilizantes elevaría sus costes; las tecnológicas, de que encarecer la maquinaria extranjera retrasaría las fábricas de chips. También quedaron exentas materias primas escasas. La Administración asegura que estas salidas protegen suministros estratégicos.

Algunas chocan con la razón moral invocada. El aceite de palma de Indonesia y Malasia está exento pese a figurar en informes estadounidenses sobre trabajo infantil. También el pimentón, aunque parte de la producción china procede de Xinjiang y una filial de Chenguang Biotech figura desde 2023 entre las entidades vinculadas al trabajo forzoso.

La contradicción alcanza a la minería. El Departamento de Trabajo ha documentado explotación infantil o forzosa en la extracción de oro, estaño, cobalto, tantalio y tungsteno de la República Democrática del Congo. El país no está entre los socios gravados y varias partidas de esos minerales están exentas. Los diamantes de seis países también figuran en las listas oficiales.

Una exención no permite importar productos fabricados mediante trabajo forzoso: las prohibiciones específicas continúan vigentes. Washington dice que los gravámenes buscan obligar a otros gobiernos a reforzar sus controles fronterizos. Pero 25 estados y varias pequeñas empresas ya han recurrido la medida. Alegan que la explotación laboral es un pretexto para reconstruir la barrera anulada por el Supremo.

El anillo de Amberes es el ejemplo más vistoso de esa carrera por quedar fuera. Sus 321 diamantes no demuestran que una decisión de Trump pudiera comprarse con una joya, pero sí iluminan un sistema en el que cada exención puede valer miles de millones y gobiernos e industrias compiten por acceder al presidente.

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