El sultán de Omán, Haitham bin Tariq al-Said, estrecha la mano del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, en Mascate. Oman News Agency
Oriente Próximo Trump ya no intimida: Omán desoye las amenazas de EEUU y propone a Irán cobrar un peaje a los buques que crucen OrmuzEl mediador tradicional entre Teherán y Washington se alinea con los iraníes para rentabilizar el tránsito por el estrecho tras amenazar Trump con "volarlo por los aires".
Más información:Trump amenaza a su aliado Omán con "medidas agresivas" si acuerda con Irán establecer un peaje permanente en Ormuz
Guillermo Ortiz Publicada 1 julio 2026 02:50h Las clavesLas claves Generado con IA
Hace apenas cinco semanas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaraba durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca que el Sultanato de Omán habría de comportarse igual que todos los demás países árabes "o tendremos que volarlos por los aires".
Aquella amenaza, recogida en directo por las cámaras de televisión, parecía el aviso definitivo a uno de los aliados más fiables de Washington en la región. Poco más de un mes después, las cosas han cambiado bastante.
La pasada semana, el sultán Haitham bin Tariq al-Said recibía en Mascate al presidente del Parlamento iraní, Mohammed Baqer Qalibaf, y al ministro de Exteriores, Abbás Araqchi, para acordar un grupo de trabajo bilateral sobre "la futura administración y los servicios marítimos del estrecho".
El presidente francés, Emmanuel Macron, y el sultán de Omán, Haitham bin Tariq al Said, asisten a la ceremonia de firma de acuerdos en el Palacio del Elíseo. Mehdi Fedouach Reuters
Este lunes, Haitham fue recibido por el presidente francés, Emmanuel Macron, en el Elíseo. En resumen, que Trump amenazó… y Mascate hizo lo que le vino en gana.
La fórmula con la que Omán e Irán quieren imponer el cobro es deliberadamente sutil. La declaración conjunta firmada el 23 de junio en Mascate evita la palabra "peaje", pero habla expresamente de "servicios prestados" y de "costes asociados" en la administración futura del estrecho, en línea con "los estándares internacionales" y respetando "los derechos soberanos" de los dos Estados costeros.
Qalibaf, el principal negociador iraní, lo formuló sin tantos eufemismos en un acto en Teherán: "El estrecho de Ormuz no volverá a las condiciones anteriores a la guerra. Irán recibirá un pago por los servicios prestados".
Hay un detalle que conviene recordar: Omán ya cobra, desde hace décadas, lo que técnicamente se conoce como "obligaciones de navegación" ("navdues" en su abreviatura en inglés) en su tramo del estrecho.
Trump ignora las violaciones del alto el fuego de Irán y envía a sus emisarios a renegociar en Catar la reapertura de OrmuzLa Armada Real de Omán opera un centro de control en la isla de Didamar, en mitad del canal, y la empresa Arabian Maritime and Navigation Aids Services —gestionada por antiguos oficiales navales— recauda esas tarifas en concepto de mantenimiento de las 167 boyas de balizamiento.
El sistema existe, está reconocido internacionalmente y nunca ha sido cuestionado por Washington. Lo que Teherán y Mascate están haciendo, en realidad, es extender ese precedente a una arquitectura conjunta que cubra todo el estrecho.
TACO en Ormuz
El movimiento omaní supone en la práctica la última de una larga serie de derrotas verbales para Trump.
El 21 de junio, el presidente amenazaba con invadir Irán si cerraba el estrecho: "Ni podrán volver a su puto país", afirmó.
El 23 de junio, Scott Bessent prometía sanciones agresivas contra cualquier socio omaní que facilitase el cobro de peajes.
El 27 de junio, Trump volvía a Truth Social para asegurar que el barril estaba bajando "gracias a su gestión"... y, a la vez, mientras todas estas amenazas y felicitaciones se sucedían, Omán e Irán firmaban en Mascate la creación del grupo de trabajo bilateral.
El presidente estadounidense Donald Trump. Reuters
Cualquier observador medianamente atento conoce ya la dinámica: en los mercados financieros le han puesto el acrónimo TACO, "Trump Always Chickens Out" ("Trump siempre se acobarda").
Lo vimos con los aranceles. Lo vimos con Ucrania. Lo vimos con el régimen chavista. Lo vimos hace cinco semanas con la propia amenaza a Omán, formulada con tono de patio de colegio y desactivada con un movimiento diplomático preciso.
El presidente amenaza, los aliados regionales hacen sus números, calculan que Trump no va a movilizar a la flota para bombardear el emirato —donde Estados Unidos tiene una base militar en Duqm—, y siguen a lo suyo.
Irán ya hace caja gracias a las concesiones de EEUU: recupera la producción de petróleo previa a la guerra y lo vende más caroEl problema añadido es que la administración del estrecho aparece, negro sobre blanco, en el quinto punto del Memorando de Islamabad que el propio Trump firmó el 17 de junio en el Palacio de Versalles.
El texto, leído ante los periodistas por un alto funcionario estadounidense, dice expresamente que "la República Islámica de Irán mantendrá un diálogo con el Sultanato de Omán para definir la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz".
Lo que ahora Omán y Mascate hacen no es traicionar el acuerdo: es ejecutarlo. Trump firmó esa cláusula y ahora se queja de que se cumpla. Estamos ante la diplomacia del tuit improvisado y del olvido selectivo.
Cuando Omán dejó de ser neutral
Para entender el momento conviene mirar atrás. Omán llevaba al menos cuatro décadas siendo el "canal de Mascate", esa puerta trasera silenciosa por la que estadounidenses e iraníes hablaban cuando no podían hacerlo abiertamente.
Fue Omán quien facilitó las primeras conversaciones secretas sobre el JCPOA durante la administración Obama, fue Omán quien medió durante la primera presidencia de Trump y fue Omán quien hospedó la última ronda negociadora antes de la operación Furia Épica, el 6 de febrero de este año, apenas tres semanas antes de los bombardeos.
La doctrina, formulada por el difunto sultán Qabus bin Said al-Said, fallecido en enero de 2020, se resumía en una sola frase: "Amigo de todos, enemigo de ninguno".
Su sobrino y sucesor, el sultán Haitham bin Tariq al-Said, ha mantenido esa neutralidad pero la ha acompañado de un giro económico que cambia el cálculo estratégico. Haitham es, ante todo, un gestor financiero.
Su prioridad es la Visión 2040, el plan de diversificación económica que aspira a reducir la dependencia del sultanato de los hidrocarburos y a convertir Mascate en un centro logístico, financiero y turístico regional.
Para Haitham, una guerra prolongada en el estrecho es un problema existencial: hunde el turismo, frena la inversión y golpea los puertos de Salalah y Duqm. La explicación de su giro proiraní no es ideológica —Omán no es teocracia chií—, sino estrictamente económica. Si el paso por el estrecho se va a cobrar, mejor cobrarlo desde los dos lados
El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr al-Busaidi, recibe en Mascate a la delegación de Irán. Reuters
Este cambio se ha producido por etapas. El 8 de marzo, Haitham fue uno de los primeros líderes mundiales en felicitar a Mojtaba Jamenei por su designación como nuevo líder supremo iraní, gesto inusual viniendo de un Estado del Golfo. El 26 de abril, recibió en Mascate a Araqchi.
A eso hay que unir el artículo que el ministro de Exteriores omaní Badr al-Busaidi publicó en The Economist, en el que calificaba la guerra contra Irán de "catástrofe" y acusaba a la Administración Trump de "haber perdido el control de su propia política exterior".
Mascate dejó de ser silenciosa hace meses. Ahora ha dejado, también, de ser neutral.
El futuro de Ormuz
La pregunta de fondo es qué se puede hacer ahora, aunque no parece haber muchas respuestas. La diplomacia europea ha empezado a moverse —Macron en el Elíseo este mismo lunes, Ursula von der Leyen pidiendo apertura "sin restricciones ni peajes" durante la cumbre del G7—, pero carece de una influencia real sobre Mascate o sobre Teherán.
Los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo están divididos: Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos no se ven especialmente afectados porque pueden esquivar el estrecho por oleoductos terrestres alternativos, pero Kuwait, Catar y Baréin carecen de esa salida.
La opción militar, en realidad, no existe. Estados Unidos ha demostrado durante tres meses de operación Furia Épica que el control militar del estrecho es inalcanzable sin una ocupación terrestre prolongada de la costa iraní, algo que sólo defienden los halcones más conservadores del Partido Republicano, como el exsecretario de Seguridad Nacional, John Bolton.
EEUU establece un "mecanismo de vigilancia" del alto el fuego en el Líbano y asegura que tiene el "control total" de OrmuzLa opción del cabotaje internacional —dirigir el tráfico a través de rutas alternativas como el puerto omaní de Duqm, fuera del estrecho— es viable a medio plazo, pero requiere invertir mucho dinero en oleoductos y terminales que pueden tardar años en estar operativas.
Por último, la opción jurídica choca con el precedente histórico: los navdues omaníes ya existen, son legales y nunca fueron cuestionados.
Queda una cuarta vía, la única realmente factible a corto plazo: aceptar que en Ormuz va a haber un cobro —lo llamen como lo llamen— y negociar las tarifas más bajas a cambio de la mayor estabilidad posible. Es decir, exactamente lo contrario de lo que Trump ha venido prometiendo a su base electoral durante los últimos meses.
La paradoja final es brutal: cuanto antes acepte Washington la realidad, antes podrá descontarse el coste sobre el barril. Cada día que el presidente siga amenazando con "volar por los aires" a sus propios aliados, la prima de riesgo seguirá en el surtidor.
Mientras tanto, en Mascate, el sultán Haitham hace sus cuentas con la calma de quien sabe que el tiempo, esta vez, juega de su lado.