El premio Nobel de física planteó un problema en los años 70 que había quedado huérfano
Ahora investigadores de Princeton y Oxford han descifrado sus notas
Su investigación explica por qué cuando vamos de vacaciones exploramos más (o menos) en busca del restaurante perfecto
Javier Pastor
Editor Senior - TechJavier Pastor
Editor Senior - Tech Linkedintwitter10074 publicaciones de Javier PastorA finales de los años 1970, el genial físico Richard Feynman se fue con su amigo Ralph Leighton a comer a un tailandés llamado Indra en Glendale, California. Al consultar la carta del restaurante, Leighton no se decidía: ¿debería pedirse su favorito habitual, pollo al jengibre, o probar algo nuevo y quizás mejor?
Cualquier otra persona le hubiera respondido en un sentido o en otro ("si tanto te gusta, mejor asegura" o algo tipo "el que no arriesga no gana"). Richard Feynman, genial como él solo, hizo otra cosa: empezó a garabatear ecuaciones en una servilleta y convirtió aquello en un problema matemático que no solo detectó, sino que resolvió.
Por alguna razón, el prodigioso físico jamás publicó aquel análisis, y sus notas se las quedó Leighton. Durante años aquella historia quedó en el olvido, pero 50 años después investigadores de las universidades de Oxford, Nueva York y Princeton lograron rescatar esas notas y la solución de Feynman.
Y lo que aquello reveló fue sorprendente.
Rescatando el problema del restaurante de Feynman
Los investigadores explicaban en su estudio, publicado en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) que aunque Feynman se había centrado en lo que ocurría con los diferentes platos de un mismo restaurante, ellos prefirieron expandir el problema: qué pasa cuando estamos en una ciudad X, por ejemplo, de vacaciones, y queremos elegir un restaurante.
Las notas manuscritas de Richard Feynman en una servilleta del restaurante resultaron ser un problema fascinante. Fuente: PNAS.El problema del restaurante de Feynman es en realidad una variante de lo que se conoce como el problema de la parada óptima, al que también pertenece la famosa variante del problema de la secretaria, que dio lugar a la regla del 37%: al elegir entre 100 opciones, uno debe probar las primeras 37 para maximizar las posibilidades de elegir la mejor. Luego ya puede "conformarse" con esa, porque es difícil que haya una mejor entre las restantes.
Pero nos estamos desviando. La fórmula matemática original de Feynman establecía una política óptima basada en una distribución uniforme de calidad. Según la formulación del físico, nuestro listón de calidad no es estático ni cae por las buenas, sino que decrece de forma exponencial a medida que se agotan los días disponibles en el calendario de nuestras vacaciones.
Así, suele ocurrir que cuando estamos al principio de nuestras vacaciones, solemos exigir la perfección absoluta en el restaurante elegido porque el tiempo restante permite amortizar el riesgo. Al final, sin embargo, ese umbral de exigencia se desploma y nos conformamos con un restaurante decente. Pasamos de la fase de exploración —arriesgar con locales (o platos) nuevos— al de la explotación —repetir local (o plato) que nos ha gustado—.
Los investigadores quisieron poner a prueba ese modelo matemático con una muestra de 2.520 participantes, y al hacerlo detectaron una anomalía llamativa. Durante las primeras noches en una ciudad nueva, los participantes exploraron de forma masiva, mucho más de lo que la propia lógica matemática aconsejaba.
Los investigadores descubrieron que ese fenómeno respondía al llamado "bono de exploración temprana" que caía rápidamente al pasar los días: si tenemos una oportunidad para "acertar", nuestro cerebro muestra una resistencia psicológica tremenda a atarse a un restaurante a la primera oportunidad. Preferimos seguir probando otros restaurantes porque confiamos en que encontraremos uno mejor.
Los cuatro "mundos gastronómicos" del estudio: el comportamiento de los participantes variaba según cada distribución. Fuente: PNAS.Pero es que a medida que transcurría el experimento, se descubrió algo más. Los humanos no somos robots ciegos, sino que vamos calibrando el listón según la ciudad que visitamos. El experimento situó a los participantes en cuatro "mundos gastronómicos" distintos en los que la tasa de restaurantes excelentes frente a los mediocres (o decentes) variaba. Los datos demostraron que el cerebro humano es capaz de diagnosticar el tipo de "mundo gastronómico" en el que se encuentra con solo probar tres o cuatro restaurantes. A partir de ahí, ajusta el listón.
Feynman intuyó matemáticamente que el listón bajaba de forma exponencial a medida que se acercaba la fecha de regreso, pero el experimento desveló algo distinto. Los seres humanos reducimos nuestro nivel de exigencia de forma lineal respecto a la proporción de días que nos quedan de vacaciones. Nos vamos volviendo cada vez menos exigentes y más "nostálgicos". Eso garantiza algo importante: que al menos las últimas noches disfrutemos del "más vale malo conocido que bueno por conocer", porque ese "malo conocido" no será después de todo tan malo: ya hemos experimentado.
Fascinante.
Imagen | SAP (editada con Magnific)