Actualización de la situación entre Irán, Estados Unidos e Israel.
Oriente Próximo Un español en Irán Un español en Teherán: por qué los bombardeos de EEUU e Israel no conseguirán derribar el régimen iraníLa creencia de que varios días de bombardeos podrían provocar un colapso inmediato refleja una comprensión limitada de la capacidad estatal iraní y de la cohesión de sus élites.
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Xavier Villar Teherán Publicada 7 marzo 2026 02:46hLas claves nuevo Generado con IA
En uno de los momentos más delicados para Irán desde la guerra con Irak en los años ochenta, el asesinato del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jameneí, ha abierto una crisis regional cuyas consecuencias se medirán en años, no en semanas.
La muerte del líder iraní se produce en el contexto de una ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní, y de una respuesta clara por parte de Teherán que ha impuesto costes estratégicos calculados a quienes considera responsables de la agresión.
La magnitud del momento exige un análisis que se aleje de los clichés que con frecuencia dominan la conversación occidental sobre Irán. La República Islámica suele describirse mediante binarios simplistas: un sistema frágil o irracional, al borde del colapso o dominado por el fanatismo. Ninguno de estos marcos explica adecuadamente ni la estructura del Estado iraní ni la lógica estratégica que guía su comportamiento.
Netanyahu logra con Trump lo que no pudo con Clinton, Bush y Obama en 30 años: arrastrar a EEUU a un conflicto contra IránAntes de los ataques, Irán participaba en negociaciones nucleares indirectas con Estados Unidos mediadas por Omán. El canal diplomático existía y, aunque frágil, seguía operativo. La decisión de Washington y Tel Aviv de recurrir a la fuerza militar se basó en la premisa recurrente en ciertos círculos estratégicos occidentales de que el orden político iraní es intrínsecamente frágil y que la presión externa podría provocarlo.
La historia reciente demuestra lo contrario. Irán no es un microestado vulnerable. Es un país grande, con continuidad histórica y experiencia acumulada en resistencia frente a invasiones, sanciones y conflictos prolongados. La creencia de que varios días de bombardeos podrían provocar un colapso inmediato refleja una comprensión limitada tanto de la capacidad estatal iraní como de la cohesión de sus élites.
El fallecido comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, el general de división Hossein Salami, revisa equipo militar durante un ejercicio militar en el área de Aras, provincia de Azerbaiyán Oriental, Irán, el 17 de octubre de 2022. Reuters
Por el momento, existen pocas señales de fractura en la cúspide del sistema. Incluso los ataques dirigidos contra figuras clave no se traducen automáticamente en el colapso de la arquitectura política que sustenta a la República Islámica, tal y como se está viendo.
La República Islámica fue diseñada para resistir situaciones de presión extrema. El poder se distribuye entre instituciones que se superponen parcialmente: autoridades religiosas, Guardia Revolucionaria, fuerzas armadas convencionales, servicios de seguridad y una burocracia estatal densa. Esta arquitectura no es accidental. Surgió de la experiencia de la revolución de 1979 y de la guerra con Irak, y tiene como objetivo garantizar la continuidad del sistema bajo presión extrema.
El cargo de Líder Supremo no es equivalente al de un jefe de Estado convencional. Su autoridad deriva de la doctrina de la velayat-e faqih, que garantiza continuidad política y cohesión institucional en ausencia del duodécimo imán del chiismo. El líder actúa como árbitro entre instituciones y garante de la soberanía estratégica del sistema. La eliminación de líderes concretos difícilmente provoca un colapso inmediato.
Las expectativas occidentales sobre la fragilidad de Irán son frecuentemente sobreestimadas. La fuerza militar puede degradar capacidades o imponer costes, pero resulta poco fiable para producir transformaciones políticas profundas en un Estado complejo y cohesionado.
Irán afronta problemas estructurales importantes: presión económica, desgaste de legitimidad, cambios demográficos y tensiones sociales internas. Sin embargo, estrés estructural no equivale a colapso inminente. Durante la Guerra de los Doce Días en junio, por ejemplo, la población se unió alrededor del sistema en un fenómeno que los analistas denominaron "agrupamiento alrededor de la bandera".
La movilización popular frente a la agresión externa fue masiva y expresiva, aunque las tensiones internas persisten. Esta capacidad de cohesión demuestra cómo Irán integra presión externa y percepción de soberanía estratégica, absorbiendo golpes sin comprometer su continuidad institucional.
La Guardia Revolucionaria de Irán: un ejército ideológico clave para consolidar el régimen ayatolá y reprimir la disidenciaEl artículo 111 de la Constitución iraní establece que, en caso de ausencia del Líder Supremo, un consejo interino supervise la transición hasta que la Asamblea de Expertos elija a su sucesor. La Asamblea de Expertos es un órgano constitucional compuesto por 88 miembros elegidos mediante voto popular. Su función es supervisar al Líder Supremo y, llegado el caso, designar a su sucesor.
Este mecanismo fue concebido para evitar que la estabilidad del sistema dependa exclusivamente de una figura individual. Formalmente ese será el proceso, pero en la práctica el consenso suele formarse mediante negociaciones informales entre las élites religiosas y de seguridad antes de ser ratificado por la Asamblea.
Entre los nombres mencionados con mayor frecuencia aparece Alireza Arafi, responsable de las escuelas religiosas, y Gholam-Hossein Mohseni-Ejei, jefe del poder judicial y exministro de inteligencia. Ambos representan legitimidad clerical y experiencia institucional, alineadas con la tradición de resistencia estructurada de la República Islámica.
Dos de los candidatos más mencionados presentan dificultades particulares. Mojtaba Jamenei, hijo del líder fallecido, ejerce influencia dentro de la oficina del Líder Supremo y en el aparato de inteligencia, pero sus credenciales religiosas son limitadas y podría cargar con la percepción de haber heredado la autoridad de su padre. Hassan Jomeini, nieto del fundador de la República Islámica, ha asumido un papel público visible, incluso reemplazando a Khamenei en ceremonias oficiales.
El hijo del ayatolá Alí Jamenei, Mojtaba Jamenei. Saeid Zareian Europa Press
En 2016, sin embargo, fue excluido de la Asamblea de Expertos por insuficiencia de conocimiento religioso. La República Islámica ha mostrado históricamente resistencia a la sucesión hereditaria, lo que convierte a cualquier candidato de estas familias en una elección controvertida. La elección final probablemente reflejará un equilibrio entre legitimidad religiosa, experiencia política y aceptación dentro de las instituciones de seguridad.
Este momento también evidencia un contraste significativo entre la percepción occidental y la realidad local. En los medios internacionales, la diáspora iraní en Occidente ha sido sobrerrepresentada. Algunas voces, incluyendo figuras como Reza Pahlavi, han apoyado los bombardeos y la ofensiva contra la República Islámica sin hacer referencia a las víctimas civiles en Irán.
Para muchos iraníes dentro del país, estas posiciones parecen desconectadas de la vida cotidiana y de la experiencia directa de la guerra. Este fenómeno contrasta con las manifestaciones diarias de apoyo dentro de Irán y en otros países de la región como Irak, Líbano, Pakistán e India.
La CIA quiere que los kurdos sean quienes lideren la rebelión contra el régimen en Irán: "¿Qué nos van a dar a cambio?"En Teherán y otras ciudades, la respuesta de la población que apoya a la República Islámica ha sido masiva y expresiva, reflejando un respaldo estructural a la continuidad del sistema frente a la agresión externa y una percepción de la guerra como defensa estratégica más que como conflicto aislado.
Este patrón coincide con lo que observan los informantes nativos en estudios de campo: muchas voces de la diáspora se acercan a la política occidental con aspiraciones de reconocimiento y blanquitud social, mientras permanecen desconectadas de la experiencia directa de la vida bajo ataque o sanción en Irán.
Fidelidad al proyecto
La respuesta iraní se articula en torno a un enfoque de resiliencia. La disuasión indirecta, la influencia asimétrica y la gestión cuidadosa de la escalada han sido estrategias deliberadas durante décadas. La contención ha permitido proyectar capacidad y determinación sin perder flexibilidad operativa.
La historia de Kerbala, donde el imán Huséin murió enfrentando un poder considerado injusto, se ha convertido en paradigma moral y cultural de la resistencia prolongada, y sigue informando la narrativa política sobre martirio y sacrificio colectivo. La muerte de figuras políticas o militares puede reinterpretarse dentro de esta tradición como confirmación de fidelidad a un proyecto político que se concibe como defensivo frente a presiones externas.
Las últimas horas de Jamenei: el ataque relámpago de EEUU e Israel que le hizo caer junto a su hija, yerno y nietoLa crisis actual pone a prueba la resiliencia histórica y estructural de la República Islámica. La muerte de Jamenei no representa una fractura estratégica. Las instituciones fueron diseñadas para absorber pérdidas individuales y garantizar continuidad. La movilización popular interna, combinada con la respuesta institucional, muestra un sistema que equilibra resistencia y pragmatismo.
Intentar transformar Irán únicamente mediante la fuerza militar subestima décadas de experiencia en resiliencia, cohesión social y estrategia prolongada. La realidad iraní, tanto en términos de Estado como de sociedad, es más compleja que la imagen reduccionista ofrecida por gran parte del análisis occidental. Comprender esta dinámica exige observar no solo a los líderes sino también a la población y a los actores regionales, y diferenciar entre la sobreexposición de la diáspora occidental y la vida política cotidiana en el país.
*Xavier Villar es analista político y doctor en Estudios Islámicos.