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Un examen para el Tour sin Pogacar pero con Seixas, Del Toro y Ayuso

Un examen para el Tour sin Pogacar pero con Seixas, Del Toro y Ayuso
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CiclismoUn examen para el Tour sin Pogacar pero con Seixas, Del Toro y Ayuso

El antiguo Dauphiné estrena nombre y color, pero mantiene su esencia de ensayo general del Tour con Seixas, Ayuso, Del Toro, Almeida y Van Aert

Seixas, Del Toro y Ayuso en un montaje creado con IA.
  • NACHO LABARGA
Actualizado 07/06/2026 - 07:19CESTMostrar comentarios1

El Dauphiné ya no se llama Dauphiné, pero sigue oliendo a Tour. Cambia el rótulo, adopta el azul corporativo de la región y se presenta ahora como Tour Auvergne-Rhône-Alpes, un nombre más largo, más administrativo, menos romántico. Pero la carretera no entiende de expedientes ni de acuerdos comerciales. Del 7 al 14 de junio, entre Vizille y el Plateau de Solaison, volverá a ocurrir lo de siempre: los aspirantes al trono de julio se mirarán de reojo, los gregarios ensayarán su obediencia y la montaña empezará a separar las promesas de las certezas.

La carrera nace en esta nueva era con ocho etapas, 1.208 kilómetros y un recorrido que parece escrito para no dejar dormir tranquilo a nadie. Habrá jornadas quebradas desde el primer día, una contrarreloj por equipos en Perreux y un último bloque de montaña que hará de juez severo. Crest-Voland abrirá la puerta del infierno alpino; el Grand Colombier pondrá la voz grave; y el Plateau de Solaison, con sus rampas de castigo, dictará sentencia. No hay crono individual donde esconder flaquezas ni regalarse un cálculo frío. Aquí mandarán las piernas, el bloque y la capacidad de sufrir cuando la carretera se ponga de pie.

El cartel tiene algo de cambio de guardia. Paul Seixas llega como fenómeno local y como gran esperanza francesa, con esa mezcla de juventud, descaro y presión que convierte cada pedalada en un examen nacional. Francia lleva años esperando un heredero y el muchacho ya no corre como promesa, sino como amenaza. A su lado aparece Juan Ayuso, que regresa al dorsal después de meses extraños, entre abandonos, recuperación y esa sensación de temporada interrumpida cuando apenas había empezado a enseñar los colmillos. El español necesita respuestas, pero también las provoca. Cuando está sano, su ciclismo tiene filo.

Isaac del Toro vuelve también a escena, acompañado por João Almeida en un UAE Team Emirates-XRG que siempre corre como si tuviera varias vidas. El mexicano busca recuperar el pulso competitivo antes de ponerse al servicio de Pogacar en el Tour, aunque su sola presencia ya invita a pensar en algo más que una simple puesta a punto. Almeida, roca de constancia, añade otro argumento a un equipo que puede mover la carrera desde lejos o esperar al último puerto con la paciencia del verdugo.

Y luego está Wout van Aert, que no necesita luchar por la general para convertir una carrera en noticia. El belga llega como parte del engranaje de Visma, previsiblemente al lado de Matteo Jorgenson, pero su nombre siempre altera el paisaje. En una contrarreloj por equipos, en un día de viento, en una jornada trampa o en cualquier final donde huela a épica, Van Aert no es un corredor: es una posibilidad permanente.

Un gran lista de cracks

La nómina se completa con escaladores y aspirantes de peso: Tobias Halland Johannessen, Oscar Onley, Mattias Skjelmose, Cian Uijtdebroeks, Kevin Vauquelin, Luke Plapp, Ion Izagirre, Iván Romeo o Pello Bilbao. Cada uno con su guerra. Unos buscarán confirmar jerarquía, otros ganarse un hueco para julio, otros cazar una etapa antes de que los gigantes apaguen la luz.

El Tour Auvergne-Rhône-Alpes será, en el fondo, lo que siempre fue el Dauphiné: una mentira útil. Nadie gana aquí el Tour, pero todos pueden perder algo. Confianza, galones, piernas, tranquilidad. En junio se ensaya; en julio se juzga. Pero cuando la carretera se empina hacia el Grand Colombier o Solaison, ningún ciclista pedalea como si estuviera ensayando. Allí, aunque el maillot sea azul y el nombre haya cambiado, seguirá hablando la misma vieja carrera.

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Fuente original: Leer en Marca
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