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Fran Vicente, uno de los psicólogos de Cruz Roja que atienden a los familiares de las víctimas del accidente ferroviario en Adamuz. Óscar Chamorro Un grito que silencia el mundoEl lamento de una mujer a la que se comunica la muerte de un ser querido revela el profundo dolor que se vive en el centro cívico de Córdoba, donde los familiares aguardan noticias
José Antonio Guerrero y Óscar Chamorro
Córdoba
Martes, 20 de enero 2026, 14:54
... que ha desgarrado el aire. Están en la explanada situada justo en frente del Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba, donde las familias aguardan angustiadas información del paradero de sus seres queridos.No hace falta saber más. El grito es de una mujer a la que acaban de informar que han encontrado muerto, posiblemente a su hijo, en uno de los vagones del Alvia. No será el primero del día y tampoco el último porque la información llega con cuentagotas, pero nunca son buenas noticias... O sí, «porque acabar con la incertidumbre y la duda alivia». Lo dice Fran Vicente, almeriense de 49 años, y uno de los psicólogos que Cruz Roja ha desplegado en el interior de ese templo del dolor, de esa última estación del calvario, que es el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba.
Vicente, curtido en mil batallas (formó parte de los equipos de atención psicológica en el accidente de Spanair, el terremoto de Lorca o en la dana de Valencia) lleva casi 40 horas seguidas enfrentándose a situaciones límite. En este tiempo han atendido a unos 300 allegados de víctimas del accidente que aún no han podido ser identificadas, algunas en la morgue otras aún en el interior de los vagones siniestrados en Adamuz. En concreto, este martes al mediodía hay en el interior personas de hasta 41 familias distintas esperando noticias.
NOTICIAS«En esta fase del duelo, hay personas que niegan y que siempre se agarran al último hilo de esperanza, pero la realidad es la que es»
El operativo de Cruz Roja, que desde que empezó la emergencia ha atendido a más de 300 personas, está formado por 150 voluntarios. «Nuestro papel, principalmente, es el de dar soporte emocional, cubrir necesidades básicas, acompañarlos en este proceso con información, o ayudando en trámites burocráticos y, sobre todo, respetando la intimidad, su espacio personal, para intervenir desde un segundo plano cuando se encuentren mal, cuando sufren una crisis de ansiedad o cuando ellos no los demandan y entonces se acercan a nosotros», describe el psicólogo.
Afortunadamente, la mayoría de esas personas cuentan con una red de apoyo, familiares y amigos que van desembarcando en este centro cívico para darles calor ante el peso de la incertidumbre y la desesperanza. Aún así, el psicólogo cuenta que «realmente están agotados y necesitan la información porque saben que las personas que están en los hospitales ya han sido identificadas. En esta fase del duelo, hay personas que niegan y que siempre se agarran al último hilo de esperanza, pero la realidad y el paso del tiempo va confirmando que la situación es la que es», se lamenta Vicente.
Él entiende la ansiedad de las familias por esa falta de información, pero también es consciente de que los procesos de rescate e identificación de las víctimas tienen que ser rigurosos. «Las Fuerzas de Seguridad están haciendo todo lo posible para agilizarlo», asume.
Mientras tanto, los familiares necesitan ese apoyo psicológico. La noche del lunes, la mayoría se desplazó a los hoteles de la zona habilitados por Cruz Roja para darse una ducha o simplemente cambiar de aires. Unos 50 no quisieron moverse de allí y han dormido sobre colchones y envueltos en mantas en las distintas salas del centro.
INCERTIDUMBRE«La falta de información lleva a pensamientos negativos y a que la mente humana imagine y rellene huecos»
«Hay personas que piensan que aquí está su zona de seguridad, que piensan que la información se mueve aquí y quieren estar cerca de la información, aunque la información les va a llegar, estén en el hotel o estén aquí», señala Vicente, consciente de que la espera está acrecentando la ansiedad entre los familiares.
«Al final, lo que toda familia quiere es saber lo que ha pasado, quieren ver a su ser querido, recuperar su cuerpo y volver a casa. Para ellos, no saber aún qué ha pasado, esa falta de información, esa incertidumbre lleva a pensamientos negativos y a que la mente humana imagine y rellene huecos. Evidentemente necesitan respuestas para ir avanzando en su proceso de duelo».
El psicólogo cuenta que cuando la guardia civil (los encargados de hacerlo) les notifican que han hallado a su familiar muerto, ellos siempre están cerca para tratar de mitigar el dolor de ese momento. Son minutos eternos, de llantos, de gritos, y también de silencios que lo dicen todo. «Unos reaccionan de una manera y otros de otra. Hay que explicarles que lo que están sintiendo es lo normal, pero también te digo que la fortaleza que están mostrando estas familias es digna de destacar», afirma.
Vicente relata que ahí dentro hay quienes sacan fuerzas para consolar a otros. «Están empatizando mucho porque al final están pasando el mismo sufrimiento y ves familias que han perdido a varios de sus miembros y son capaces de apoyar cuando ven el llanto en la silla de al lado», relata.
GRITOS«Es normal, cada familia expresa su sentimiento, su angustia, su dolor, su rabia, su ira, como sea»
Cuenta el psicólogo que muchos se desahogan verbalizando los planes de futuro que tenían con sus allegados y los recuerdos. En cambio para otros, esto mismo les martillea el alma y les genera angustia y desesperación. «Las reacciones no son las mismas».
Y sobre el grito que ha dejado a todos helados, dice: «Es normal, cada familia expresa su sentimiento, su angustia, su dolor, su rabia, su ira, como sea. Hay familias que guardan más silencio y después explotan cuando llegan a casa y ven que la rutina ha cambiado y que el hecho es real; hay otras que lo hacen de otra manera, pero lo importante es empatizar con ellos, porque lo que están pasando es un dolor enorme, y nosotros lo único que podemos hacer es apoyarles y comprenderlo».
Ellos, como psicólogos y como seres humanos, seguirán brindándoles toda su ayuda, «a nivel sanitario, a nivel de apoyo emocional o de cualquier tipo de recurso que necesiten, desde un cargador de móvil a una tila o cualquier gestión burocrática. Ese es nuestro papel, estar en un segundo plano y cuando ellos lo necesiten, dar un paso adelante, pero respetando su espacio porque necesitan su periodo de soledad y de llanto y angustia. Han de ventilar todo ese dolor para poder ir afrontando las diferentes fases que van a tener durante los próximos meses, que van a ser largos y muy duros».
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