Una psicóloga italiana que atendía en 2021 y 2022 a Daniel Arcuri, el hijo pequeño de Juana Rivas y Francesco Arcuri, declaró el pasado jueves 19 de marzo, ante el tribunal que juzga al padre por presuntos daños a sus hijos, que en junio de 2022 el niño le confesó que su madre les presionaba tanto a él como a su hermano, Gabriel, para que acusaran en falso a su padre de pegarles.
La psicóloga fue citada por la Fiscalía, que ha pedido el procesamiento de Arcuri por cuatro presuntas agresiones a sus hijos acaecidas entre 2019 y 2020. Sin embargo, tanto ella como la facultativa que atendía a Gabriel en esos años (en 2022 Daniel tenía ocho años y su hermano mayor 16) declararon que nunca vieron rastro de abuso ninguno por parte de su padre.
Hasta un momento exacto: el 24 de mayo de 2022. Ese día, explicaron las dos ante el tribunal, tanto Daniel como Gabriel contaron a las respectivas profesionales que Francesco Arcuri les pegaba. Sin embargo, días después, la psicóloga de Daniel escuchó a este decirle que se sentía «mal». ¿Por qué?, le preguntó. El niño le dijo que había mentido: había dicho que su padre le pegaba porque su madre se lo había pedido.
En realidad, esta fue sólo una ocasión más en que Daniel admitió que su madre le presionaba para acusar en falso al padre, como ha contado EL MUNDO. En alguna de ellas, de hecho, el niño, que hoy tiene 12 años y vive «feliz» con su padre en Carloforte (Cerdeña) según la trabajadora social que les visita, ha explicado en diversas ocasiones que tanto Rivas, como su hermano Gabriel, como «amigas» de ella, le dicen que es él quien debe «salvar» a «mamá», y para ello debe decir que su padre le pega.
Este diario ya publicó recientemente que Ivana Napoli, la trabajadora social antes referida, que comenzó a visitar el hogar de Arcuri y sus dos hijos en 2019 y aún hoy lo hace, ha declarado en este mismo procedimiento que Gabriel, el hijo mayor, le admitió en ese mismo año que su padre nunca le había pegado, aunque él sí había escrito varias cartas denunciando agresiones sin fin.
Napoli, señaló hace varias semanas al tribunal, reprendió entonces al chico, diciéndole que no se debía mentir, y jamás vio en los menores signo alguno de daño por parte de su padre, como han registrado las tres sentencias civiles italianas que han otorgado la custodia a Arcuri.
En la vista del 19 de marzo pasado la psicóloga que atendía a Gabriel refirió también que este le había contado el 24 de mayo de 2022 que su padre le pegaba, y tanto una como otra facultativa admitieron que dicha acusación había tenido lugar después de una de las visitas de Rivas a Carloforte para pasar un fin de semana con sus hijos. Las sucesivas sentencias civiles explican lo que pudo suceder con Gabriel tras esa visita: el menor, a quien su madre consiguió inducir a verla como víctima, mantuvo que las agresiones de Arcuri eran reales y decidió irse a Granada a vivir con Rivas cuando tenía 16 años.
Gabriel, dictaminaron dos de estas sentencias, prefería el estilo educativo de Rivas, más laxo que el de su padre. Y aunque el chico había admitido haber mentido al acusar a Arcuri de pegarle, una vez en Granada redobló sus acusaciones, y entre él y su madre, que llevaba años poniendo denuncias en Italia cuyos elementos insuficientes llevaban a la Fiscalía a archivar, consiguieron finalmente la apertura del procedimiento actual.
Tanto Gabriel como Rivas han reiterado sus denuncias ahora ante el tribunal de Cagliari, que también ha recogido los argumentos en contrario de la trabajadora social y la psicóloga de Daniel.
Rivas, en cambio, ha aportado a la causa fotos de cardenales y moratones, y testigos circunstanciales, dado que su argumento es que los niños no podían denunciar cuando estaban en Italia porque Arcuri les presionaba para no hacerlo, y en cambio en Granada, cuando estaban con ella, sí se sentían libres para hablar. Daniel, en cambio, ha explicado en varias ocasiones, y sin su padre delante, que su madre y su entorno le presionaban para acusarle en falso.
Uno de esos testimonios circunstanciales aportados por Rivas fue, ese mismo 19 de marzo pasado, una trabajadora de un hospital de Cerdeña con la que Arcuri tuvo una discusión en los meses del confinamiento. La mujer explicó que Arcuri la amenazó con llamar a un abogado al pedirle ella sus datos personales y apuntarlos en un móvil aparentemente personal. Con ese testimonio la acusación pretendía demostrar que el italiano es agresivo, y que pudo serlo con sus hijos.
Los psicólogos forenses italianos ya han manifestado en diversas ocasiones que Arcuri no pudo durante años ejercer con normalidad su autoridad paterna al sobrevolarle constantemente con sus hijos las denuncias que Rivas interponía contra él, y la posibilidad de que ellos declararan que existían abusos.
Todo ello desembocó en la situación que Arcuri y Gabriel tuvieron esa primavera de 2022, cuando el padre dio un bofetón a su hijo, de 16 años -«el único que le he dado en mi vida», ha declarado recurrentemente él-, y Gabriel, según él, también intentó agredirle. Tras esto, el joven se fue a vivir a España con su madre.
Preguntada por el hijo menor, la psicóloga que durante años vio a Daniel admitió el pasado 19 de marzo, con gran pesadumbre, según han explicado a este diario fuentes presentes en la declaración: «A veces parecía que el niño no tenía claro qué era verdad y qué no».
Arcuri ha declarado en ocasiones que Daniel le preguntaba, cuando era más pequeño: «Papá, pero, ¿tú me pegas?». Y que él le respondía: «Hijo, dímelo tú».