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Un millón de trabajadores de ida y vuelta

Un millón de trabajadores de ida y vuelta
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El número de ocupados que viven en una provincia pero se desplazan a diario a otra por su empleo marca máximos en España y supera la barrera del 4%
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Un millón de trabajadores de ida y vuelta

El número de ocupados que viven en una provincia pero se desplazan a diario a otra por su empleo marca máximos en España y supera la barrera del 4%

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José A. González y Guillermo Villar

03/05/2026 Actualizado a las 00:18h.

Son las 5.00 de la mañana. El móvil se ilumina y empieza a sonar. Al subir la persiana, la oscuridad todavía cubre el campo ... de olivos que rodea la urbanización. Se ducha y, una hora después, despierta a sus dos hijos. Su marido ya se ha marchado. A las 7.00 los deja en el aula matinal y vuelve al coche rumbo a Getafe. Es la rutina de Verónica desde hace dos años: más de 100 kilómetros separan su casa, en un pueblo del norte de Toledo, de su trabajo en Madrid. No es un caso aislado. En su urbanización, otros vecinos repiten el mismo trayecto cada mañana hacia Parla, Pinto o incluso zonas más al norte de la capital. Son trabajadores de ida y vuelta, que realizan cada día decenas de kilómetros que suman centenares cada semana, restándoles tiempo de vida, de estar con los suyos, de dedicarse a leer o a otras aficiones.

Los trabajadores de otras provincias desde 1999

Ocupados interprovinciales respecto al total de empleados (promedio anual y 1T de 2026)

La magnitud del fenómeno equivale a imaginar que toda la población de Valencia, la tercera ciudad más poblada de España, se desplazara cada mañana a otra provincia -por ejemplo, a Albacete- únicamente para ir a trabajar, si diéramos por descontado las personas que teletrabajan. Una España que madruga, viaja y regresa cada día, para los casos sin ese empleo en remoto.

Detrás del casi millón de historias tras estas realidades no hay solo una cuestión de flujos entre provincias, sino un cambio profundo en la forma de vivir y trabajar en España, en algunos casos una decisión voluntaria, pero en la inmensa mayoría de los casos obligada, obligada por un mercado inmobiliario en crisis, de precios y de oferta. Verónica lo resume en esta frase: «No podía tener una casa en condiciones en Madrid». Ella le pone palabras; los informes oficiales y del sector, cifras.

Una emancipación inviable

La reciente Encuesta de Condiciones de Vida del INE lo confirma: el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales motores de esta migración diaria. El 44,3% de los jóvenes de entre 26 y 34 años sigue viviendo con sus padres y, de ellos, casi la mitad asegura que la razón principal es que no puede permitirse comprar o alquilar una vivienda. En 2025, además, el 7,6% de la población buscó vivienda sin llegar a cambiar de residencia y casi siete de cada diez señalaron el precio excesivo como principal obstáculo.

Una tormenta perfecta de vivienda y empresas

Relación entre los empleados interprovinciales, el coste del m2 de vivienda y las grandes empresas

El problema no es solo encontrar vivienda, sino poder pagarla. En los grandes polos de empleo, especialmente Madrid y Barcelona, el precio de compra y alquiler se ha convertido en una barrera de entrada para miles de trabajadores. Según los últimos datos del Consejo General del Notariado, el precio medio de adquisición alcanzó en enero los 2.065 euros por metro cuadrado, un 9% más que en el mismo mes del año anterior. Vivir cerca del trabajo, para muchas familias, implica renunciar a espacio, estabilidad o incluso a la posibilidad de independizarse.

La magnitud del fenómeno equivale a imaginar que toda la población de Valencia, la tercera ciudad más poblada de España, se desplazara cada mañana a otra provincia

La alternativa suele estar fuera: municipios de Toledo, Guadalajara, Segovia o Tarragona, donde el metro cuadrado resulta más asequible y permite acceder a una vivienda más grande por el mismo precio -o incluso menos- que un pequeño piso en la capital o en Barcelona.

El imán de las grandes urbes

Los datos de movilidad laboral dibujan precisamente ese mapa: el de una España que vive en las afueras administrativas de los grandes polos económicos, pero trabaja dentro de ellos. Madrid aparece como el principal polo y se ha erigido como una corona laboral que ya desborda los límites de la comunidad autónoma. Más de 250.000 personas trabajan allí pero viven en otra provincia: Toledo copa a más de 77.000 de estos migrantes laborales, mientras unos 43.500 salen cada mañana desde Guadalajara. También destacan los flujos desde Segovia, Ávila o Ciudad Real.

De los trabajadores residentes de cada provincia, ¿cuántos trabajan en otra?

Porcentaje respecto al total de ocupados residentes en cada región (promedio de 2025)

Pero no es solo Madrid. La historia de Verónica se repite también en los alrededores de Barcelona, Valencia, Murcia o en los corredores industriales del País Vasco. Por ejemplo, Tarragona envía unos 24.000 ocupados a Barcelona, Alicante supera los 19.000 trabajadores con empleo en Murcia y en el País Vasco se cruzan a diario miles de trayectos entre Vizcaya, Guipúzcoa y Álava.

Qué zonas se llevan más trabajadores de otras provincias

Porcentaje respecto total de ocupados interprovinciales en cada región (promedio de 2025)

Las grandes ciudades concentran empleo, mejores salarios y sedes empresariales, mientras su periferia -y, cada vez más, provincias enteras- absorbe a quienes no pueden asumir el coste de vivir cerca del trabajo. No se trata solo de una expansión metropolitana, sino de una nueva geografía laboral en la que los límites administrativos pesan menos que el precio de una vivienda.

Flujos en Madrid y alrededores

Media en 2025 de ocupados de otras provincias en Madrid y en sus provincias satélites

También el tipo de empleo explica buena parte de estos flujos. Los sectores con las cifras más altas se alinean con las cifras generales de ocupados en general: administración pública, educación y sanidad (un 28% del total de empleados entre provincias), transporte, información y comunicaciones (un 15%), y finanzas y servicios profesionales (también un 15%).

Flujos en País Vasco y alrededores

Media en 2025 de ocupados de otras provincias en Bizkaia, en el resto de País Vasco y en sus provincias satélites

Pero cuando el porcentaje es respecto al total de ocupados de su actividad, finanzas y servicios profesionales destaca sobre el resto (el 7% trabaja en otra provincia). Son empleos muy ligados a grandes núcleos urbanos, sedes empresariales y grandes infraestructuras, lo que refuerza esa geografía en la que el empleo se concentra en pocos puntos y obliga en muchos casos a las personas a desplazarse cada día para llegar a su puesto de trabajo.

Flujos en Cataluña y alrededores

Media en 2025 de ocupados de otras provincias en Barcelona, en el resto de Cataluña y en sus provincias satélites

La red de transporte que posibilita este éxodo laboral

Esta movilidad diaria no existiría sin una red de infraestructuras capaz de sostenerla. Carreteras, Cercanías, líneas de media distancia y alta velocidad han ampliado el radio de vida de miles de trabajadores. Hoy, la distancia ya no se mide en kilómetros, sino en tiempo: cuando el trayecto entre casa y trabajo ronda una hora, la mayoría opta por viajar cada día; a partir de ahí, el flujo se reduce drásticamente y empiezan a aparecer las mudanzas.

Ocurre en el corredor de Castilla-La Mancha hacia Madrid, pero también entre Tarragona y Barcelona, entre Cantabria y Vizcaya, entre La Rioja y Navarra o entre Valladolid, Palencia y Burgos. Son territorios conectados por autopistas, trenes y redes metropolitanas que permiten vivir en una provincia y trabajar en otra sin cambiar completamente de vida. En muchos casos, esta movilidad funciona como una válvula de escape frente al encarecimiento de la vivienda y la concentración del empleo en unos pocos polos urbanos.

A ello se suma el teletrabajo. No acudir todos los días a la oficina ha cambiado también la lógica residencial: si antes vivir lejos era incompatible con una jornada presencial completa, ahora muchas familias aceptan trayectos más largos si solo deben realizarlos dos o tres días por semana. Pero no todos se desplazan en las mismas condiciones. Quien tiene una estación de tren cerca gana tiempo; quien no, depende casi por completo del coche, la gasolina y los atascos. No basta con encontrar una vivienda más barata fuera de la ciudad: hace falta una conexión que permita sostener esa decisión en el tiempo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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