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Estado de las obras en la actualidad. PEDRO J. QUERO LA TRIBUNA Un ninot en el PuertoLa Autoridad Portuaria está instalando unas colosales estatuas de Hércules, Venus y un par de leones, 'cedidas' por su autor, el escultor Ginés Serrán-Pagán
SALVADOR MORENO PERALTA
ARQUITECTO
Viernes, 9 de enero 2026, 01:00
... Portuaria está instalando unas colosales estatuas de Hércules, Venus y un par de leones, con ocho metros de altura fundidas en bronce y oro, 'cedidas' por su autor, el escultor Ginés Serrán-Pagán. Nada se ha sabido de este conjunto salvo alguna filtración periodística en la que, a través de una rendija entre la tela que lo cubre, se ha podido comprobar que el resultado confirma las peores sospechas: un ninot extemporáneo y delirante colocado en la mismísima Plaza de la Marina, el mayor escaparate de la ciudad.Este engendro portuario, cuyo basamento se está construyendo subrepticiamente, debería ser inmediatamente paralizado por dos razones: una legal, pues no se trata de una obra con funciones estrictamente portuarias -de las que sólo el Puerto puede entender- sino con supuestos fines ornamentales, situada en pleno Centro Histórico, declarado Bien de Interés Cultural y cuya aprobación, por tanto, es competencia de la Consejería de Cultura y el Ayuntamiento de Málaga. Ambos tienen la obligación de entender procedimentalmente sobre la pertinencia de esta actuación y de garantizar el más elemental trámite de su pública difusión y conocimiento, que hasta ahora se ha hurtado, a menos que esto haya sido aprobado por la Gerencia de Urbanismo y la Comisión del Patrimonio y no se haya dado cuenta pública de ello. La Autoridad Portuaria, a despecho de los inveterados hábitos de la institución, hoy ya no puede ignorar las leyes de la ciudad como si fuera un estado independiente.
La segunda razón es porque el Muelle 2 del Puerto, arrancado por la ciudadanía de las garras de un centro comercial que lo ocupaba por entero, sirvió como uno de los principales apoyos urbanos para sustentar esa idea de Capital Cultural sobre la que Málaga basó luego su renacimiento. En vez de aquella aberración comercial tenemos hoy un palmeral precioso a la orilla del mar rematado en su extremo con el magnífico Museo Pompidou, lo que supone la mejor declaración de objetivos de un proyecto urbano y, por tanto, del espíritu de la ciudad, porque las ciudades se definen mejor por la naturaleza de sus proyectos que por el regodeo en la memoria de su pasado. Por eso es inaudito que el colofón del museo tenga un bochornoso correlato a poniente con este decorado de 'peplum' italiano de los años 50, lo que puede tener devastadores efectos publicitarios sobre la política cultural que veníamos llevando. Sabemos de las dificultades que Málaga atraviesa por la hipertrofia del ecosistema turístico-cultural-tecnológico que ha creado y, sinceramente, son excesos que tienen difícil arreglo y su generalización no nos aporta mucho consuelo.
Pero lo que no tiene ningún remedio en un mundo dominado por la imagen es que pasemos de ser sujeto de admiración a objeto de cachondeo. Lo del dichoso Hércules no tiene un pase, ni aún rescatándolo desde una de esas estéticas de recuperación, -'estéticas-escoba'- como lo 'kitsh' o lo 'naïf'. Es un delirio de gente tan inconsciente de su propio ridículo como del que nos infligen a los demás. La reciente notoriedad de Málaga como ciudad media emergente es en gran medida vicaria, porque, a despecho de nuestros propios méritos, se debe a la condescendencia de los medios capitalinos, que ejercen sobre nosotros la mirada soberbia y colonial de los descubridores. Pero ¡ojo!... en España tanto o más que fabricar mitos lo que gusta es demolerlos, y sólo falta que encima demos ocasión para ello.
Así pues, apelamos al consejo de Administración de la Autoridad Portuaria para que frene esta broma de mal gusto y se dedique de una vez a lo suyo. Y si por la naturaleza del material empleado el ninot de bronce no puede tener un final fallero y purificador, lo mejor es que se lo cedan a don Pedro Fernández Montes, exalcalde de Torremolinos, responsable del priápico Monumento al Turista, de estética afín, con el que el regidor quiso rendir un homenaje a la caspa, singular segmento de la oferta turística por el que en su tiempo apostó, aunque fuera incomprendido. Pero ahora, y con toda seguridad, don Pedro será el malagueño en el que el arte del sr. Serrán podrá encontrar mejor acomodo.
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