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Un nuevo orden mundialDesde la II Guerra Mundial, Europa se va a quedar sin la protección de una gran potencia. La potencia dominante en el continente será Rusia
DIEGO NÚÑEZ. CATEDRÁTICO JUBILADO DE FILOSOFÍA
Miércoles, 7 de enero 2026, 01:00
... Nueva Estrategia de Seguridad Nacional. El autor del texto ha sido el subsecretario del Departamento de Guerra Elbridge Colby, que se perfila como el cerebro de la política exterior y de seguridad estadounidense. Algunos analistas también subrayan que la nueva orientación refleja sobre todo el pensamiento estratégico y la postura realista en política exterior del vicepresidente JD Vance. No es fácil encontrar en los medios europeos un análisis en profundidad de lo que representa ese texto. Las informaciones se pierden en temas superficiales, como los insultos de Trump a los líderes europeos. Esas 29 páginas vienen a plasmar la visión del mundo de la Administración Trump. Significa entre otras cosas el abandono en política exterior de la corriente de la Hegemonía Liberal y la transformación de Estados Unidos de un aspirante hegemónico global a una superpotencia hemisférica, priorizando la estabilidad estratégica con las otras dos superpotencias, esto es, con Rusia y China. En la práctica, supone el retorno a la política de las esferas de influencia. Desde esta perspectiva, lo importante es que las grandes potencias no confundan las esferas de seguridad con las esferas de influencia; mantener las primeras es legítimo, mientras que reproducir las segundas, no lo es. Es éste un punto en el que la gestión diplomática se vuelve imprescindible.Dicho documento no es fruto de la improvisación. La línea geopolítica de la Hegemonía Liberal se fue incrementando poco a poco tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991. Este incremento llegó al paroxismo con el creciente poder de los neoconservadores en la Administración norteamericana, desde Clinton a Biden. Paralelamente, las críticas a este enfoque también iban en aumento por parte de prestigiosos expertos, vinculados la mayoría a la escuela geopolítica realista, a medida que se sucedían los fracasos (Irak, Libia, Afganistán, etc.). El 9 de junio de 2024, Jeffrey Sachs, profesor de la Universidad de Columbia y al que The Economist considera «uno de los tres economistas vivos más influyentes del mundo», concedió una entrevista a The New Yorker. Allí dijo cosas como la siguiente: «La guerra de Ucrania es el último desastre provocado por los neoconservadores. Si Europa fuera mínimamente perspicaz, debería alejarse de estos descalabros de la política exterior norteamericana». La Administración Trump se ha limitado a hacerse eco de estas críticas y a incorporar a su programa de gobierno las propuestas realizadas por estos expertos.
Europa debe asumir la nueva situación geopolítica y encarar el entendimiento con Rusia
Consecuencia de este planteamiento es sin duda la actitud hacia los países al sur del Río Grande. «Tras años de abandono -se dice en el referido escrito-, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental»; de hecho, el documento se autoproclama como «el corolario de la doctrina Monroe». Conviene recordar que James Monroe fue el presidente estadounidense que en 1823 pronunció la famosa frase «América para los americanos» con la intención de salvaguardar a la región de la intervención de potencias ajenas al continente. Entonces, las potencias amenazantes eran las europeas; ahora son Rusia y China. La proyección de este nuevo talante la estamos viendo ya en episodios tales como el rescate de Argentina o la agresividad hacia el Régimen venezolano. Tampoco el asunto de Groenlandia es ajeno a este afán.
Por lo que concierne a Europa, sus dirigentes deben dejarse ya de declaraciones retóricas o de reuniones ineficaces, y afrontar con realismo la nueva situación geopolítica, que supone un punto de inflexión radical en la orientación de la política mundial. Desde la II Guerra Mundial, Europa se va a quedar sin la protección de una gran potencia. La potencia dominante en el continente será Rusia, y con ella no habrá más remedio que entenderse. Europa no puede seguir por más tiempo por el actual camino de autodestrucción. La ciudadanía europea, como se ve en las encuestas sobre la popularidad de los líderes, está cada vez más harta de tanto despropósito político. No se entiende bien ese frenesí belicista en función de amenazas con escaso fundamento. Todo parece indicar que lo que se pretende en el fondo es buscar a toda costa un enemigo exterior que desvíe la atención sobre pasados errores y justifique el gasto militar. Están creando en la opinión pública un clima prebélico de ansiedad y miedo, como si ya no hubiésemos tenido bastante con la no muy lejana pandemia del Covid-19. Se trata además de una política sin pies ni cabeza desde el punto de vista militar. Contra una potencia nuclear como Rusia, con su demografía y sus recursos, no se puede ganar una guerra en un campo de batalla convencional, y si se ganara, peor aún, pues no dudaría en usar su armamento nuclear.
En suma, Europa debe asumir con realismo la nueva situación geopolítica y encarar el inevitable entendimiento con Rusia por la vía diplomática.
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