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Un profesor de Málaga decidió reescribir el 'Quijote' en caligrafía gótica. Ahora dice que vale un millón de euros

Un profesor de Málaga decidió reescribir el 'Quijote' en caligrafía gótica. Ahora dice que vale un millón de euros
Artículo Completo 1,477 palabras
Manuel Marín Navarro, profesor de dibujo artístico de Vélez-Málaga, tuvo una idea. “Una locura”, más bien, según dice él mismo: reescribir la magna obra de Miguel de Cervantes entera usando caligrafía gótica. A mano, dedicando entre 7 y 8 horas al día. Lleva seis años, siete meses y 26 días y todavía no ha completado las 344.000 palabras que componen el, por qué no decirlo, mejor libro de la historia de la literatura universal. Cualquiera diría de ‘El Quijote’ pudre la cordura. Espera, lo remarco bien, que luego se enfada Jesús G. Maestro: ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’. Miguel de Cervantes parió un virus de transmisión textual y, cuatro siglos después, el patógeno sigue libre. Reescribir los 2,1 millones de caracteres a una tipografía gótica, letra a letra, tinta sobre papel, está siendo su gran sueño, el legado de una vida. ¿Un jubilado haciendo lettering con el pulso de una adolescente en TikTok? La diferencia aquí reside en el compromiso. Su empresa roza lo salvaje: el libro final va camino de pesar 20 kilos y, de ponerse a la venta, el autor tasa este engendro en un millón de euros. Tirando por lo bajo. Ese millón de euros es un cálculo que obedece a pura aritmética laboral. Marín Navarro sumó horas, días y años, tras semejante encierro monacal frente al folio, estima un sueldo equivalente al de un copista medieval en el actual mercado. No en vano ha trazado dos millones cien mil caracteres a plumilla. Plumas que él mismo ha fabricado. Ha llenado mil trescientas cinco páginas de tamaño gigante (A3). Su monstruo de celulosa se llama ‘El Quixote Axárquico’, un guiño ortográfico a la edición prínceps de 1605. Un homenaje geográfico a su comarca andaluza natal. El mejor libro, la edición más pulcra. “Pongo música del XVII, me meto dentro del personaje, leo primero el capítulo, me hago la idea y después empiezo a escribir. He disfrutado una barbaridad”. La devoción de este profesor y literato por la obra de Cervantes es indiscutible. De su biblioteca personal, que alberga más de 4.000 volúmenes, trescientos de ellos son ediciones distintas del hidalgo manchego.  En casa guarda joyas excéntricas y paga fortunas en subastas cerradas. Su ejemplar más caro costó 6.000 euros. Atesora rarezas físicas absurdas, como un tomo miniatura impreso en una sola hoja. Es decir, el lector precisa de una lupa potente frente a ese papel diminuto. Pero su manuscrito gótico reciente rompe cualquier balanza. Las dimensiones de la obra imponen una encuadernación bestial, así que el profesor anda buscando a un artesano valiente. Demandará la piel entera de una vaca para cubrir las tapas. De la prisión al museo. Y quien conozca bien la biografía del escritor de Alcalá de Henares sabrá que pisó las calles empedradas de Vélez-Málaga. El arraigo viene de lejos: caminó por allí en el caluroso verano de 1594, actuó como recaudador de impuestos para el rey Felipe II. Rebañó dinero y trigo para las arcas de un imperio insolvente y corrupto. Y la corona excomulgó al novelista dos veces por su celo. Es más, Cervantes cobró deudas a la todopoderosa Iglesia y se cuenta que los curas lo echaron a patadas de los atrios. Un banco sevillano quebró con la recaudación real depositada y así fue como Cervantes acabó en una húmeda y sombría celda de Sevilla.  Y allí nació la figura del hidalgo loco que venía gestando influenciado por la literatura italiana. La tradición andaluza venera ese origen presidiario de la obra. Y claro, Marín Navarro ha decidido devolverle el favor geográfico a su tierra, cediendo su manuscrito al Museo de la ciudad. El antiguo Hospital San Juan de Dios acogerá este mamotreto literario siempre y cuando nadie venda el tomo original a fondos privados, ni imprima copias baratas para turistas despistados. Él se reserva un facsímil personal y fin: el manuscrito madre dormirá bajo llave institucional para siempre. Por qué letras góticas y no Comic Sans. No es porque Marín Navarro ande revisando HIM o la obra de Bauhaus y The Cure. Al contrario, el malagueño escucha madrigales de laúd y clavicémbalo encerrado en su estudio, asimilando tragedia y comedia en silencio, usando la mejor tinta china negra, escribiendo despacio. Necesita una jornada entera para llenar una sola carilla —la primera hoja robó una semana completa de ensayo y error—. Para evitar frustraciones con marcas, se fabricó diez plumas artesanales de caña y metal y se impuso no usar correctores blancos modernos, raspando el papel con una cuchilla afilada si ejecutaba un error. En cuanto al uso de letra Textura, la cual impone líneas rectas y ángulos afilados, es sencillo: historia. Johannes Gutenberg la aplicó en su primera Biblia impresa y los monjes alemanes la perfeccionaron en monasterios. No es la caligrafía natural del Siglo de Oro español pero sí la asociada al conocimiento arcano. El trazo gótico aporta un peso dramático brutal y requiere un rigor físico en la muñeca muy superior. Navarro no se rinde: contagiado por COVID-19, durante el confinamiento la fiebre lo mantuvo en cama. Dando clases con cámara web, meditó si rendirse  o qué, pero al final salió adelante y retornó a la escritura por las bravas. Entre algodones sucios y soplidos, ya amontona erratas para las guardas interiores del libro. Ilustrado por los mejores. El arte pictórico siempre atacó la novela cervantina con obsesión. Fue Gustave Doré quien fijó la imagen visual en el siglo XIX —viajó por España en 1861 y dibujó 370 detallistas grabados—. Muchos otros quisieron repetir la jugada. Pablo Picasso bosquejó la silueta famélica en 1955, usando la misma tinta china negra. Salvador Dalí hilo lo propio con una edición estadounidense en 1946. Y obviando los trabajos de Salvador Tusell, hasta el humorista Antonio Mingote aportó su mirada lúdica al hidalgo. Marín Navarro se valdrá de conocidos y cercanos a la tierra. Pero sin retocar el texto. Eso sí, sin alteraciones. Los filólogos puristas veneran la sintaxis del siglo XVII intacta. Andrés Trapiello ya perpetró una adaptación polémica hace una década, traduciendo al castellano actual sin piedad académica y no pocos gritaron sacrilegio editorial a los cuatro vientos. Mejor prensa tiene la de José Luis Giménez-Frontín o la canónica de Florencio Sevilla —faltan ediciones editadas por mujeres, desde luego—. Y el propio profesor Jesús G. Maestro ya tiene entre manos otra edición con un ensayo de apertura. Al parecer, siendo un niño de posguerra, las aventuras manchegas entraron por los ojos de Manuel Marín Navarro y le dieron una ilusión y un alfabeto que hoy conserva. El loco flaco y el escudero gordo llevan inspirándole toda la vida y de ahí que haya optado por la caligrafía, que en griego significa belleza del trazo puro (“kallós” es hermoso y “graphein”, verbo para escribir o grabar).  El Quijote sobrevive a cualquier ataque, interpretación materialista, calígrafos obsesivos y académicos coléricos. Dedicar tantos años de vida a un texto ya multiplicadísimo carece de lógica financiera, pero donde manda el corazón no manda la cartera. Un millón de euros suena a broma pesada, si bien solo sirve para resarcirse y disuadir a compradores privados. El mercado especulativo del arte castiga la paciencia humana y no estamos hablando de criptomonedas, sino de un tangible parido como parían los monjes, con oficio artesanal, sus incunables. Es el precio de la inútil y hermosa inmortalidad. Imágenes | Foto de Salvador Ruiz / ilustración para The History of Don Quixote, by Cervantes. Cassell & Company (1906), de Gustave Doré (Francia, 1863) En Xataka | 50.000 metros de película y 2.000 páginas de guion: cuatro filmotecas recomponen el Quijote de Orson Welles En Xataka | Los mejores libros para leer en 2026: una selección de lecturas de todos los géneros para un año entre páginas - La noticia Un profesor de Málaga decidió reescribir el 'Quijote' en caligrafía gótica. Ahora dice que vale un millón de euros fue publicada originalmente en Xataka por Isra Fdez .
Un profesor de Málaga decidió reescribir el 'Quijote' en caligrafía gótica. Ahora dice que vale un millón de euros
  • El profesor defiende su hazaña en letras góticas: "así debe hacerse"

  • Casi siete años dedicado, 2,1 millones de caracteres, 334.000 palabras, 20 kilos de papel y tinta y un precio estimado: un millón de euros

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Isra Fdez

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Manuel Marín Navarro, profesor de dibujo artístico de Vélez-Málaga, tuvo una idea. “Una locura”, más bien, según dice él mismo: reescribir la magna obra de Miguel de Cervantes entera usando caligrafía gótica. A mano, dedicando entre 7 y 8 horas al día. Lleva seis años, siete meses y 26 días y todavía no ha completado las 344.000 palabras que componen el, por qué no decirlo, mejor libro de la historia de la literatura universal.

Cualquiera diría de ‘El Quijote’ pudre la cordura. Espera, lo remarco bien, que luego se enfada Jesús G. Maestro: ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’. Miguel de Cervantes parió un virus de transmisión textual y, cuatro siglos después, el patógeno sigue libre. Reescribir los 2,1 millones de caracteres a una tipografía gótica, letra a letra, tinta sobre papel, está siendo su gran sueño, el legado de una vida.

¿Un jubilado haciendo lettering con el pulso de una adolescente en TikTok? La diferencia aquí reside en el compromiso. Su empresa roza lo salvaje: el libro final va camino de pesar 20 kilos y, de ponerse a la venta, el autor tasa este engendro en un millón de euros. Tirando por lo bajo.

Ese millón de euros es un cálculo que obedece a pura aritmética laboral. Marín Navarro sumó horas, días y años, tras semejante encierro monacal frente al folio, estima un sueldo equivalente al de un copista medieval en el actual mercado. No en vano ha trazado dos millones cien mil caracteres a plumilla. Plumas que él mismo ha fabricado. Ha llenado mil trescientas cinco páginas de tamaño gigante (A3). Su monstruo de celulosa se llama ‘El Quixote Axárquico’, un guiño ortográfico a la edición prínceps de 1605. Un homenaje geográfico a su comarca andaluza natal.

El mejor libro, la edición más pulcra. “Pongo música del XVII, me meto dentro del personaje, leo primero el capítulo, me hago la idea y después empiezo a escribir. He disfrutado una barbaridad”. La devoción de este profesor y literato por la obra de Cervantes es indiscutible. De su biblioteca personal, que alberga más de 4.000 volúmenes, trescientos de ellos son ediciones distintas del hidalgo manchego. 

En casa guarda joyas excéntricas y paga fortunas en subastas cerradas. Su ejemplar más caro costó 6.000 euros. Atesora rarezas físicas absurdas, como un tomo miniatura impreso en una sola hoja. Es decir, el lector precisa de una lupa potente frente a ese papel diminuto. Pero su manuscrito gótico reciente rompe cualquier balanza. Las dimensiones de la obra imponen una encuadernación bestial, así que el profesor anda buscando a un artesano valiente. Demandará la piel entera de una vaca para cubrir las tapas.

De la prisión al museo. Y quien conozca bien la biografía del escritor de Alcalá de Henares sabrá que pisó las calles empedradas de Vélez-Málaga. El arraigo viene de lejos: caminó por allí en el caluroso verano de 1594, actuó como recaudador de impuestos para el rey Felipe II. Rebañó dinero y trigo para las arcas de un imperio insolvente y corrupto. Y la corona excomulgó al novelista dos veces por su celo. Es más, Cervantes cobró deudas a la todopoderosa Iglesia y se cuenta que los curas lo echaron a patadas de los atrios. Un banco sevillano quebró con la recaudación real depositada y así fue como Cervantes acabó en una húmeda y sombría celda de Sevilla. 

Y allí nació la figura del hidalgo loco que venía gestando influenciado por la literatura italiana. La tradición andaluza venera ese origen presidiario de la obra. Y claro, Marín Navarro ha decidido devolverle el favor geográfico a su tierra, cediendo su manuscrito al Museo de la ciudad. El antiguo Hospital San Juan de Dios acogerá este mamotreto literario siempre y cuando nadie venda el tomo original a fondos privados, ni imprima copias baratas para turistas despistados. Él se reserva un facsímil personal y fin: el manuscrito madre dormirá bajo llave institucional para siempre.

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Por qué letras góticas y no Comic Sans. No es porque Marín Navarro ande revisando HIM o la obra de Bauhaus y The Cure. Al contrario, el malagueño escucha madrigales de laúd y clavicémbalo encerrado en su estudio, asimilando tragedia y comedia en silencio, usando la mejor tinta china negra, escribiendo despacio. Necesita una jornada entera para llenar una sola carilla —la primera hoja robó una semana completa de ensayo y error—. Para evitar frustraciones con marcas, se fabricó diez plumas artesanales de caña y metal y se impuso no usar correctores blancos modernos, raspando el papel con una cuchilla afilada si ejecutaba un error.

En cuanto al uso de letra Textura, la cual impone líneas rectas y ángulos afilados, es sencillo: historia. Johannes Gutenberg la aplicó en su primera Biblia impresa y los monjes alemanes la perfeccionaron en monasterios. No es la caligrafía natural del Siglo de Oro español pero sí la asociada al conocimiento arcano. El trazo gótico aporta un peso dramático brutal y requiere un rigor físico en la muñeca muy superior. Navarro no se rinde: contagiado por COVID-19, durante el confinamiento la fiebre lo mantuvo en cama. Dando clases con cámara web, meditó si rendirse  o qué, pero al final salió adelante y retornó a la escritura por las bravas. Entre algodones sucios y soplidos, ya amontona erratas para las guardas interiores del libro.

Ilustrado por los mejores. El arte pictórico siempre atacó la novela cervantina con obsesión. Fue Gustave Doré quien fijó la imagen visual en el siglo XIX —viajó por España en 1861 y dibujó 370 detallistas grabados—. Muchos otros quisieron repetir la jugada. Pablo Picasso bosquejó la silueta famélica en 1955, usando la misma tinta china negra. Salvador Dalí hilo lo propio con una edición estadounidense en 1946. Y obviando los trabajos de Salvador Tusell, hasta el humorista Antonio Mingote aportó su mirada lúdica al hidalgo. Marín Navarro se valdrá de conocidos y cercanos a la tierra.

Pero sin retocar el texto. Eso sí, sin alteraciones. Los filólogos puristas veneran la sintaxis del siglo XVII intacta. Andrés Trapiello ya perpetró una adaptación polémica hace una década, traduciendo al castellano actual sin piedad académica y no pocos gritaron sacrilegio editorial a los cuatro vientos. Mejor prensa tiene la de José Luis Giménez-Frontín o la canónica de Florencio Sevilla —faltan ediciones editadas por mujeres, desde luego—. Y el propio profesor Jesús G. Maestro ya tiene entre manos otra edición con un ensayo de apertura.

Al parecer, siendo un niño de posguerra, las aventuras manchegas entraron por los ojos de Manuel Marín Navarro y le dieron una ilusión y un alfabeto que hoy conserva. El loco flaco y el escudero gordo llevan inspirándole toda la vida y de ahí que haya optado por la caligrafía, que en griego significa belleza del trazo puro (“kallós” es hermoso y “graphein”, verbo para escribir o grabar). 

El Quijote sobrevive a cualquier ataque, interpretación materialista, calígrafos obsesivos y académicos coléricos. Dedicar tantos años de vida a un texto ya multiplicadísimo carece de lógica financiera, pero donde manda el corazón no manda la cartera. Un millón de euros suena a broma pesada, si bien solo sirve para resarcirse y disuadir a compradores privados. El mercado especulativo del arte castiga la paciencia humana y no estamos hablando de criptomonedas, sino de un tangible parido como parían los monjes, con oficio artesanal, sus incunables. Es el precio de la inútil y hermosa inmortalidad.

Imágenes | Foto de Salvador Ruiz / ilustración para The History of Don Quixote, by Cervantes. Cassell & Company (1906), de Gustave Doré (Francia, 1863)

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Fuente original: Leer en Xataka
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