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Un recuerdo de la Desbandá a un paso de donde ocurrió

Un recuerdo de la Desbandá a un paso de donde ocurrió
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Nueve décadas atrás, desde este instituto de la Cala del Moral se escucharían las bombas; hoy cuatro generaciones rinden aquí homenaje a las víctimas

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Ander Villacián, Paula Arias y Carme Vicent, jóvenes becados por la Asociación 'La Desbandá', presentan a las personas víctimas del exilio que participaron en la jornada organizada en el IES Puerta de la Axarquía. Marilú Báez Un recuerdo de la Desbandá a un paso de donde ocurrió

Nueve décadas atrás, desde este instituto de la Cala del Moral se escucharían las bombas; hoy cuatro generaciones rinden aquí homenaje a las víctimas

Cristina Vallejo

Domingo, 8 de febrero 2026, 00:34 | Actualizado 00:53h.

... civil, mujeres, hombres, ancianos, niños y niñas, recorría la línea de la costa desde Málaga en dirección a Almería. Personas de toda Andalucía que se habían refugiado en la provincia huían del avance de las tropas franquistas y del miedo que infundían las amenazas del general golpista Gonzalo Queipo de Llano que desde Sevilla, por radio, llamaba a violar a las mujeres republicanas y avisaba de la represión que esperaba a quienes habían permanecido fieles a la democracia. Mientras escapaban, algunos con lo puesto, otros cargados con todos sus enseres, les caían las bombas que desde el mar lanzaban los buques Canarias, Baleares y Almirante Cervera. Casi noventa años después, como cada febrero, un nutrido grupo de personas hacen ese mismo recorrido en recuerdo y homenaje de aquellas gentes. En esta ocasión, la primera etapa, el pasado jueves, entre la Alcazabilla y Torre del Mar, se hizo en autobús por la lluvia. La segunda, el viernes, ya a pie, alcanzaría Nerja. En total son 200 kilómetros en diez fases hasta llegar a Almería. En paralelo, la Asociación Socio Cultural La Desbandá organiza exposiciones y charlas en institutos. Y éste en el que recaló este viernes, el IES Puerta de la Axarquía, fue especial. Por varias razones.

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Miembros de la Asociación Socio Cultural 'La Desbandá', sus becados y los protagonistas. Marilú Báez

El contexto en que se conmemoran estos acontecimientos, que representan la quintaesencia del ánimo aniquilador de toda disidencia que tenía el bando rebelde, está marcado por el auge de la ultraderecha que parece estar encontrando terreno especialmente bien abonado entre la juventud. Fue algo que estuvo sobrevolando durante toda la mañana. Y, ante ello, el profesor Esteve reflexiona: «Parece que se normaliza y se blanquea ahora a la ultraderecha. Desde mi parcelita de profesor, intento enseñar que la historia son hechos objetivos. Cuando se explica bien de dónde veníamos, del absolutismo y del atraso, y los avances sociales que pretendía la República, lo entienden. Como cuando descubren que las mujeres eran como muebles, sin libertad y siempre bajo tutela de un hombre».

«Parece que se normaliza y se blanquea ahora a la ultraderecha. Desde mi parcelita de profesor, intento enseñar que la historia son hechos objetivos. Cuando se explica bien de dónde veníamos, del absolutismo y del atraso, y los avances sociales que pretendía la República, lo entienden»

En definitiva, sintetiza, de lo que se trata es de «contrarrestar lo que circula por redes sociales» que ahora glorifica dictaduras. Y qué mejor que con los testimonios de los propios protagonistas, de las personas a las que la historia de España, la más triste de todas, porque, como decía el poeta «siempre acaba mal», atravesó la vida, o les pasó por encima como una apisonadora. El alumnado del IES Puerta de la Axarquía tuvo un encuentro cara a cara con el pasado y sus víctimas. Asistió a una sesión de historia oral. La de Manuel Triano, por ejemplo, que hace justo 89 años iba en brazos de su madre por esa carretera a pocos metros del instituto en el que ahora los estudiantes lo escuchan. La poética narración de Amparo Sánchez Monroy que, algo más tarde, atravesaría recién nacida los Pirineos para dar con sus huesos en un campo de concentración francés. Y la pausada pero no carente de pasión reivindicativa Carmen Negrín, nieta del último presidente del gobierno republicano, que nació en el seno de una familia que ya llevaba dos generaciones de exilio.

Los encargados de presentarles fueron tres jóvenes estudiantes universitarios becados por la Asociación La Desbandá, Ander Villacián, Paula Arias y Carme Vicent, implicados en la causa de la recuperación de la memoria histórica y participantes de estas charlas con los objetivos de achicar la brecha etaria que existe entre los supervivientes, nonagenarios o casi, y el alumnado de secundaria; de visibilizar que en la lucha por la verdad, la justicia y la reparación también hay juventud y no es sólo cosa de viejos; así como de garantizar el relevo para que hilo del relato histórico siga cosiendo a las generaciones. Con sus acciones y sus palabras enmiendan el «relato hegemónico» que asocia a la juventud con la extrema derecha: «Dentro de la gente joven hay mucha heterogeneidad», afirman.

«Hay un relato hegemónico que asocia a la juventud con la extrema derecha. Pero hay mucha heterogeneidad dentro de la gente joven»

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Manuel Triano Marilú Báez

«Llegamos andando a Alicante. Por el camino, hambre, necesidades, no había agua, ni lo más mínimo. A mi madre se le secaron los pechos de miedo»

Manuel Triano desató sonrisas por su desparpajo. Pero al auditorio se le congeló el corazón con su relato: las fotos de los brigadistas internacionales dan fe de lo que ocurrió en la carretera de Almería y facilitan que la imagen de lo que él narró aflorara en la mente de todos. Una madre y un bebé en brazos que había nacido el 12 de agosto de 1936, menos de un mes después del golpe de estado. Cuando la Desbandá tenía seis meses. «Llegamos andando a Alicante. Por el camino, hambre, necesidades, no había agua, ni lo más mínimo. A mi madre se le secaron los pechos de miedo. Nos bombardeaban, nos rodeaban. Murió mucha gente, miles de personas murieron en ese camino de la muerte, en ese camino de la miseria», relató. Contó también que en los pueblos por los que iban pasando pedían comida, pero las crónicas dicen que la gente tenía miedo de ayudar a quienes huían por las represalias que podían sufrir después. En Alicante la familia estuvo hasta que acabó la guerra. Después regresaron a Andalucía, a Algeciras. Sigue siendo militante «del Partido», confiesa, espontáneamente, sin añadir ningún apellido, como cuando no hacía falta decir nada más porque era el que en soledad hacía oposición a la dictadura. Como también se encargó de recordar, los males no acabaron con el final de la guerra: «La posguerra fue un desastre total para los perdedores«, marcado «por el hambre, el estraperlo y el racionamiento». Y añade que la cartilla apenas daba derecho a recibir unos gramos de pan y un octavo de aceite.

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Amparo Sánchez Monroy Marilú Báez

Amparo Sánchez Monroy, de nombre español y un dulce acento francés que es delator de la historia que arrastra, ilustró que la Desbandá no acabó en Almería, ni siquiera en Alicante, se extendió hasta el otro lado de los Pirineos, hasta Francia, hasta la tierra de los derechos humanos y de la ciudadanía que encerró a los republicanos españoles en campos de concentración, como el de Argelès-sur-Mer donde su madre, integrante de las Juventudes Socialistas y delegada del Socorro Rojo Internacional, y ella misma fueron a parar.

«Cuando por primera vez me oí llamar 'superviviente', me sonó algo raro. Pero hoy, a mis 88 años, cuando rememoro lo vivido, no es absurdo pensar que soy una superviviente»

«Cuando por primera vez me oí llamar 'superviviente', me sonó algo raro. Pero hoy, a mis 88 años, cuando rememoro lo vivido, no es absurdo pensar que soy una superviviente», arrancó. «Yo crucé los Pirineos en brazos de mi madre el 7 de febrero del 39, las dos envueltas en un gigante éxodo de 500.000 personas exhaustas, destrozadas, andando a duras penas bajo el fuego de una aviación criminal que vino ametrallando las columnas de refugiados hasta las mismas puertas de Francia. Yo tenía entonces diez meses. En esa caravana de exiliados iban mujeres, niños, ancianos y heridos, muchos heridos con vendas y trapos sucios sujetando heridas abiertas por donde fluía la sangre. Y toda esa gente que llegaba a la frontera con el ánimo de encontrar asilo en un país que tenía fama de ser cuna de los derechos humanos; ese país nos encerró en campos de concentración. El primero de ellos, Argelès-sur-Mer, en la costa mediterránea, no era verdaderamente un campo, era la arena fría y mojada de un mes de febrero, arena cercada de alambradas de púas, pero ningún albergue, ningún abrigo donde albergar a los refugiados», contó.

Es inevitable reproducir en este entrecomillado tan largo el relato en prosa poética de la mujer, que continuó narrando con voz rotunda que en la primera semana de su estancia en el campo murieron 78 niños españoles de frío, de hambre y de falta de cuidado. «Por vergüenza del Estado, todavía sus cuerpecitos yacen de manera anónima bajo las arenas de esa playa. Yo sobreviví al hambre, al frío, a la miseria, a las epidemias, a los piojos y, bueno, más tarde, al racismo y a la xenofobia que siempre, por desgracia, siguen acompañando a todos los refugiados del mundo», continuó, para añadir después que los dos años los celebró en una cárcel: «Yo no había matado ni robado a nadie y, sin embargo, me retuvieron en la cárcel en un grupo de 85 mujeres y niños. ¿Por qué? Porque en septiembre, cuando Francia e Inglaterra declaran la guerra a Alemania, salen unas órdenes hasta las prefecturas diciendo que cabe concentrar a todo extranjero que se encuentre en territorio francés, porque puede ser objeto de disturbios. ¿Qué disturbio podían causar 85 mujeres y niños muertos de hambre y separados de la familia?».

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Marilú Báez

En esa cárcel, cuenta, ese bebé que era Amparo dormía en una cajita de cartón que un guardia le dio a su madre para protegerla de los mordiscos de las ratas. Y enlazó con el presente: «Qué deciros más de los campos de concentración: supongo que todos recibís las imágenes que nos llegan hoy y que son la vergüenza de nuestra civilización». Sobrevivió también a la Segunda Guerra Mundial. Y regresó a España en 1956 «cuando en este país por primera vez los hijos de los que habían ganado la guerra empezaban a encontrar que el clima era demasiado pesado». Pero tras cuatro días escasos en Toledo, la detuvo la Brigada Político Social: su padre, militar republicano, era natural de esa ciudad que se convirtió en una trampa para ella por esos antecedentes que la hacían sospechosa.

El afán de Carmen Negrín ante los estudiantes fue el de recuperar la figura de su abuelo, Juan Negrín, el último presidente del gobierno de la República, que también se exilió y que no lo tuvo fácil a pesar del cargo que ostentaba: primero recaló en Francia y a continuación, en Londres, pero en el Reino Unido no le dieron permiso de trabajo, así que regresó a París. Y allí la mandaron a ella, nacida también en el exilio en una familia desperdigada por el mundo a causa de sus ideas, cuando su madre, estadounidense, cayó enferma y no podía cuidarla. «Cuando mi abuelo muere, empiezo a saber que la gente lo acusa de un montón de cosas, de robar, de matar por alargar la guerra -su intención era que la República resistiera ante la previsión de que estallara una guerra mundial que enlazara a España con los aliados y contra los fascismos-. Y, bueno, conociendo a mi abuelo, sabiendo que era una persona generosa y ética, tenía que demostrarlo», explica. Y empezó a trabajar en su archivo con ayuda de historiadores como Gabriel Jackson o Ángel Viñas. Su objetivo es que todos los legajos puedan ser accesibles para todos. Porque ella supo de la Desbandá también por fotos y libros que se encontró en el cuarto de juegos que compartía con su hermano. Y reveló que testimonios orales así como documentos de su abuelo que fue ministro de Hacienda y, por tanto, responsable de pagos a encargos como lo fue el Gernika a Pablo Picasso, sugieren que ese cuadro no está inspirado en el bombardeo de ese pueblo vasco, sino en la carretera de la muerte entre Málaga y Almería.

«Me he quedado asombrada cuando he visto en sondeos recientes que más del 24% de los jóvenes de vuestra edad dicen que por qué no una dictadura. Eso es ignorancia total, eso es desconocer lo que es una dictadura»

La memoria del crimen que sucedió a pocos metros de este instituto se proyecta en el presente. El profesor Jorge Esteve y los jóvenes universitarios lo expresaban en las primeras líneas de este reportaje. Y Amparo lo manifestó al final de su intervención. «Porque he sufrido la dictadura, la guerra y la represión en carne propia, quisiera hablaros de democracia para que sepáis qué significa democracia, qué significa dictadura, para que seáis capaces en conciencia de elegir el mundo en el que queréis vivir, porque yo me he quedado asombrada cuando he visto en sondeos recientes que más del 24% de los jóvenes de vuestra edad dicen que por qué no una dictadura. Eso es ignorancia total, eso es desconocer lo que es una dictadura», reflexionó, para reivindicar la transmisión entre generaciones que «rompieron» cuarenta años de dictadura: «La cultura es lo que hará de vosotros ciudadanos responsables».

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Carmen Negrín Marilú Báez

El alumnado, al final, se mostró inquieto por la posibilidad de que haya una nueva guerra mundial o la forma que adoptaría una eventual nueva conflagración global. Y si Manuel Triano confió en que la historia no vuelva a repetirse, Carmen Negrín alertó de que ahora se da «una coincidencia de líderes inadecuados y de ambiciones imperialistas», mientras que Amparo Sánchez advirtió de que el mundo se encuentra en un punto de inflexión y tiró de una frase del pensador italiano Antonio Gramsci: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos». Aunque, ante ello, Negrín animó a mantener los ideales y no ser temeroso: «Se puede cultivar el no tener miedo». Mientras que Sánchez aconsejó «apartarse de internet, leer mucho y despertar la curiosidad personal».

Consejos para acallar los monstruos de los que advertía Gramsci que asistió él mismo al nacimiento del primer fascismo, el italiano, en un encuentro que reunió a cuatro generaciones en un homenaje a las victimas del pasado que se proyecta hacia el futuro.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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