Abrió como Hotel Príncipe de Asturias el 10 de febrero de 1926 y ha sido también Palacio de Justicia y hasta hospital de sangre. El brillo lo han dejado la aristocracia, las estrellas internacionales y las fiestas que hacían las delicias de huéspedes y malagueños. Las sombras, las tragedias, que también las hubo
Martes, 10 de febrero 2026, 00:27
CompartirSi los impulsores del Hotel Miramar, inaugurado hace justo un siglo con el nombre de Hotel Príncipe de Asturias, hubieran sido supersticiosos, quizás habrían interpretado esas señales como anticipo de que la cosa no iría del todo bien. Hubo tres. Dos días antes de su apertura, mientras un operario probaba el complicado sistema de poleas que mantenía pegada al techo la lámpara del hall principal, algo falló y aquella imponente araña cayó a plomo, matando en el acto al que, desde abajo, supervisaba la operación. El mismo día de su apertura y a pie de escalera, el mismísimo rey Alfonso XIII trató de convencer al entonces presidente del Gobierno, Miguel Primo de Rivera, de que permitiera, aunque sólo fuera por ese día, los juegos de azar en el hotel. Por entonces, una ley nacional los prohibía sin excepciones, y los responsables del hotel eran conscientes de que, sin ese lujo burgués, el establecimiento se lo jugaba todo. «Mientras yo sea el jefe del Gobierno, eso no será posible», zanjó el dictador sin pestañear. El día después de su apertura, en fin, el monarca y su mujer, la reina Victoria Eugenia, contemplaban espantados en la vecina plaza de toros de La Malagueta -también de gala para sumarse a las celebraciones- una de las pocas cogidas mortales que se recuerdan en la historia del coso. La víctima, el mítico Manuel Báez 'Litri', que falleció unos días después en la clínica del doctor Gálvez.
1926.
Hotel Príncipe de Asturias. Vista desde el mar.1926.
Postal de los años 20 del Hotel Príncipe de Asturias. Archivo Municipal1921.
El Rey Alfonso XII recorre varias obras de la provincia de Málaga en los días 21 y 22 de mayo de 1921. En la foto, en la visita que hizo a las obras del hotel Príncipe de Asturias. SUR1926.
Postal de los años 20. Archivo Municipal1926
Recortes de prensa de la inauguración.Ninguna de esas tres señales minaron el ánimo de los miembros del consejo de administración del Hotel Príncipe de Asturias, presidido por el marqués de Torrelaguna e integrado por las principales familias burguesas de la ciudad. Ni el golpe, ni la bola negra ni la cornada evitaron que Málaga entrara por la puerta grande de la modernidad y de un concepto revolucionario de turismo que no sólo buscaba el lujo y lo exclusivo; también que la ciudad optara a mantener durante todo el año el cartel de ciudad visitable, sobre todo en invierno. Ya antes, en 1918, la inauguración de los Baños del Carmen puso a la capital en el mapa de un circuito en el que competía con Santander, San Sebastián y otras plazas del sur de Europa. Revolución en la manera de disfrutar del mar y revolución en el hospedaje. Nadie daba más.
Obra cumbre del arquitecto Fernando Guerrero Strachan, tras cinco años en construcción, fue inaugurado en 1926 por el rey Alfonso XIII con el nombre de Hotel Príncipe de Asturias.
1936
Durante la Guerra Civil, sirvió como hospital de camaña para atender heridos.
1939
Cuando la guerra llegó a su fin, el palacio reabrió sus puertas bajo el nombre de Hotel Miramar. Estuvo en funcionamiento hasta 1967.
1987
Hasta 2007, el edificio fue la sede del Palacio de Justicia de Málaga, transformando su actividad y sus espacios por completo.
2016
Hoteles Santos adquiere la propiedad del palacio de Miramar para reabrir como hotel.
1926
Obra cumbre del arquitecto Fernando Guerrero Strachan, tras cinco años en construcción, fue inaugurado en 1926 por el rey Alfonso XIII con el nombre de Hotel Príncipe de Asturias.
1936
Durante la Guerra Civil, sirvió como hospital de camaña para atender heridos.
1939
Cuando la guerra llegó a su fin, el palacio reabrió sus puertas bajo el nombre de Hotel Miramar. Estuvo en funcionamiento hasta 1967.
1987
Hasta 2007, el edificio fue la sede del Palacio de Justicia de Málaga, transformando su actividad y sus espacios por completo.
2016
Hoteles Santos adquiere la propiedad del palacio de Miramar para reabrir como hotel.
1926
Obra cumbre del arquitecto Fernando Guerrero Strachan, tras cinco años en construcción, fue inaugurado en 1926 por el rey Alfonso XIII con el nombre de Hotel Príncipe de Asturias.
1939
Cuando la guerra llegó a su fin, el palacio reabrió sus puertas bajo el nombre de Hotel Miramar. Estuvo en funcionamiento hasta 1967.
1936
Durante la Guerra Civil, sirvió como hospital de camaña para atender heridos.
1987
Hasta 2007, el edificio fue la sede del Palacio de Justicia de Málaga, transformando su actividad y sus espacios por completo.
2016
Hoteles Santos adquiere la propiedad del palacio de Miramar para reabrir como hotel.
2016
Hoteles Santos adquiere la propiedad del palacio de Miramar para reabrir como hotel.
1939
Cuando la guerra llegó a su fin, el palacio reabrió sus puertas bajo el nombre de Hotel Miramar. Estuvo en funcionamiento hasta 1967.
1926
Obra cumbre del arquitecto Fernando Guerrero Strachan, tras cinco años en construcción, fue inaugurado en 1926 por el rey Alfonso XIII con el nombre de Hotel Príncipe de Asturias.
1936
1987
Durante la Guerra Civil, sirvió como hospital de camaña para atender heridos.
Hasta 2007, el edificio fue la sede del Palacio de Justicia de Málaga, transformando su actividad y sus espacios por completo.
A la una en punto de la tarde del miércoles 10 de febrero de 1926 empezaba a escribirse la historia de este edificio proyectado en el corazón de la Málaga que unas décadas antes, en el siglo XIX, lo había hecho casi todo en materia industrial. Nada fue casual en el proyecto: ni el emplazamiento, hoy los números 22-24 del Paseo de Reding y entonces punto de conexión entre el hiperactivo centro -con calle Larios y la Alameda como pilares de esa actividad- y la zona de La Caleta, con los palacetes de descanso de las grandes familias de la burguesía local; ni el diseño, a imagen y semejanza de los grandes hoteles del sur de Francia; ni el diseñador, en este caso, Fernando Guerrero Strachan, que a principios del XX firmó los edificios más bellos y perfectos que se conservan en el patrimonio de la ciudad y que con el Hotel Príncipe de Asturias llegó a su culmen profesional después de cinco años de obras.
Dos días antes de su apertura, la lámpara central del hall cayó a plomo y mató a quien supervisaba la operación
Incluso la orientación del edificio representaba una revolución con respecto a los palacetes que lo abrazaban: el establecimiento fue el primero que proyectó su fachada principal, la señorial, mirando al mar; un tema nada menor dado que el litoral estaba ocupado por las vías del mítico tren que unía Málaga y Vélez Málaga y, peor aún, por las chimeneas industriales que daban a la playa un aspecto insalubre y poco atractivo. Que la burguesía podría haberse enriquecido con aquella industria, pero a la hora de desconectar, mejor no tener esa visión. Por eso, hasta entonces, las entradas señoriales daban al paseo de Reding o de Sancha y no a la playa.
Enfermeras en el hospital de sangre.Con todas esas novedades concentradas en el majestuoso edificio de cuatro plantas y 240 habitaciones -sólo 40 de ellas contaban con baño propio-, las crónicas de la época echaron el resto en el relato de lo que sucedió durante los tres días reservados para celebración. No abría un hotel más. Abría el hotel. Más aún si se tiene en cuenta que a su 'hermano' en Sevilla, el hotel Alfonso XIII, aún le quedaban tres años para recibir a sus primeros huéspedes. Con los ojos de media Europa mirando a Málaga, la prensa de la época habla, literalmente, de «una ciudad desbordada de entusiasmo». Allí estaban, presidiendo los actos y una lista interminable de invitados, los reyes, el presidente del Gobierno; el alcalde de la ciudad, José Gálvez Ginachero o el obispo de Málaga, Manuel González, hoy santo. Bendiciones también para el menú, compuesto de entremeses variados, huevos a la Otero, volován de langostinos a la americana, perdices a la cazadora, gelatina de ave trufada, ensalada rusa, chirimoyas, pastelillos y frutas del tiempo.
«Rehabilitar el hotel ha sido una de las obras más emocionantes de mi vida»
José Seguí
Arquitecto
Lo que vino después, como en los buenos postres, no hizo más que satisfacer el hambre de lujo, de ver y de dejarse ver, de las élites que llenaron el hotel en sus primeros años. «El Príncipe de Asturias se convirtió rápidamente en el epicentro social de la Málaga de la época». La reflexión la sirve, casi en bandeja, la historiadora Josefa Carmona, una de las investigadoras más destacadas de la obra de Guerrero Strachan y, por lo tanto, de su gran proyecto: «No te podría decir si es el más importante, pero sí uno de los más destacados de la llamada arquitectura del ocio». Sobre Guerrero Strachan sí que no tiene dudas: «Fue el arquitecto más prestigioso, más prolífico y más versátil de la primera mitad del siglo XX malagueño».
1939
Vista del Hotel Miramar tras su inauguración.Hotel Miramar.
Fiesta de disfraces en el Hotel Miramar, organizada por la Asociación de la Prensa que contó con, entre otros actores, Carmen Sevilla.1959
Hemingway en la terraza año 1959 Archivo CTIHotel Miramar.
Imagen de la piscina en los años 50. SUR1 /
En efecto, su talento puesto al servicio de aquel concepto revolucionario y moderno de hospedaje hizo que el público respondiera con entusiasmo a la llamada de una Málaga que disfrutaba aún de los felices años 20. En primer lugar, con la familia real -sobre todo la reina y su madre-, que pasó largas temporadas hospedada en el Pabellón Real del hotel, una enorme esquina a dos alturas orientada al mar que contaba con lujos tan excepcionales como un ascensor privado. Exclusivos también fueron el salón de mujeres, el salón de actos, el comedor príncipe de Asturias… Los burgueses malagueños iban al hotel a cerrar sus tratos y los turistas extranjeros disfrutaban de ese invierno cálido que garantizaba la publicidad de la época. Jugada maestra aunque el juego siguiera prohibido.
«Quisimos acometer un proyecto a la altura de lo que merecía la ciudad»
Mariola Valladares
Directora del hotel
El calendario, sin embargo, escondía bola negra para la década de los 30. En el arranque, con la II República y el asalto a las instalaciones; y con ella la destrucción de la simbólica corona que desde el año 1926 recordaba, en lo alto del edificio, el respeto por la monarquía. Aquel elemento ornamental fue arrojado al mar y la denominación del Hotel Príncipe de Asturias cambiada por la de Hotel Miramar. Aún así, la actividad social se mantuvo con los bares y las orquestas, con los salones decorados y con los bailes de máscaras o el baile de los artistas, que hacían las delicias de las clases más acomodadas hasta que la Guerra Civil dio el golpe de gracia. Fue entonces cuando el Hotel Miramar pasó a convertirse en el Hospital Miramar o, más popularmente, en un hospital de sangre para atender a los soldados heridos en la contienda. El cambio de uso se prolongó durante los tres años que duró la guerra, hasta el año 39 y durante los dos periodos de la Málaga republicana y la Málaga franquista.
2026
El Gran Hotel Miramar, en la actualidad. Migue Fernández2026
El Gran Hotel Miramar, en la actualidad. Migue Fernádez2026
El Gran Hotel Miramar, en la actualidad. SUR2026
El Gran Hotel Miramar, en la actualidad. Migue Fernández2026
El Gran Hotel Miramar, en la actualidad. Migue FernándezEl Miramar reabrió sus puertas, de nuevo como hotel, el 21 de diciembre de 1940. Un té-baile, a las cinco y media de la tarde, amenizado por la orquesta de Martín de Rosa, inauguraba la que hasta la fecha ha sido la etapa más duradera y estable del edificio de Guerrero Strachan. Cerca de tres décadas en las que el hotel recuperó el esplendor de sus primeros años y volvió a ser el epicentro de la vida social de huéspedes y malagueños. La calma y el lujo de la mano de 300 habitaciones con baño y ducha, terrazas particulares y balcones, con salas para reuniones, almuerzos y cenas; una enorme terraza junto al mar, pista de tenis, piscina -abierta en los 60, muchos recuerdan aún su mítico trampolín- y bar discoteca. Los recepcionistas vestían traje de gala hasta en verano, las peticiones de reserva se cursaban vía correspondencia, las cocinas eran de carbón y los menús se escribían cada día a mano en español, inglés y francés. Chapó.
«Guerrero Strachan fue el arquitecto más prolífico, más prestigioso y más versátil»
Josefa Carmona
Historiadora
Las fiestas marcaban las idas y venidas de aristócratas, celebridades del cine y la música nacional e internacional y hasta toreros: muchos de ellos se vestían en el hotel e iban caminando a la plaza para regresar después al refugio del Miramar, y los que triunfaban eran llevados incluso a hombros por los aficionados hasta la entrada misma del recinto. Cuentan las crónicas de la época que cuando el 14 de agosto de 1959 se produjo el histórico mano a mano en La Malagueta entre Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín -además, cuñados- ambos se vistieron en sus habitaciones. También que uno de esos ilustres aficionados, Ernest Hemingway, era fijo por las noches en la zona de jardín y que aún se conservan en su honor las mismas tres palmeras bajo las que se tomaba sus whiskys. O que en los bailes llegaron a cantar grandes de la época como Jorge Sepúlveda, Bonet de San Pedro o Rafael de la Rosa. Que allí se alojaron Ava Gardner, Lola Flores, Orson Welles o Jean Cocteau; o que Carmen Sevilla, Antonio Vilar y Martin Carol aprovecharon que grababan en Málaga la película 'El deseo y el amor' para presentar en el hotel, a principios de los 50, la fiesta de disfraces que celebró la Asociación de la Prensa. Los bailes de máscaras, las fiestas de fin de año con orquesta, las puestas de largo de las niñas bien o las bodas. Las primeras, las de plata y las de oro. En aquella época todo era brillo al abrigo del Miramar.
Y del blanco al negro, porque si aquel glamur se prolongó hasta el año 1967, el nuevo uso se iba al otro lado de la balanza -la de la justicia- en 1987. Tras veinte años de abandono, el mítico hotel reabría como sede de los tribunales en Málaga y como escenario de una película que nada tenía que ver con el amor y el lujo de las décadas anteriores. De los salones de baile a las salas de vistas y de las habitaciones con trajes de gala a despachos con togas. Vida útil otras dos décadas y, en 2007, visto para sentencia y, de nuevo, cierre de puertas.
Y de nuevo hotel. Que el Príncipe de Asturias, o el Miramar, nació con esa función y tenía que seguir teniéndola. Así se recogía en el pliego de condiciones de subasta del edificio, adjudicado en 2008 a Hoteles Santos por 25 millones de euros y en una época de crisis económica que dilató los plazos pero donde no se cambió ni una coma de un proyecto que, de nuevo, nacía a lo grande. «El momento fue muy complicado, así que lo dejamos estar hasta que pudimos acometer lo que merecía la ciudad». Quien habla ahora es Mariola Valladares, directora del hotel desde el año 2017 y que repasa esta última época acompañada del arquitecto José Seguí, uno de los responsables de que hoy, cien años después, el Miramar sea una réplica contemporánea de aquel lujo del 26.
«Ha sido, sin duda, una de las obras más emocionantes de mi vida (…). No era la labor de un arquitecto, sino la de un equipo», recuerda Seguí en torno a unos años en los que, mano a mano con el presidente de Hoteles Santos, José Luis Santos, trabajaron a destajo para honrar el proyecto de Guerrero Strachan. «Fue como el trabajo de una bordadora, había que ir remendando los rotos porque el edificio estaba muy deteriorado», lamenta el arquitecto. La solución fue «vaciarlo entero» y dejar sólo la fachada y el patio central. Las décadas de abandono, los cambios de uso y elementos añadidos según las necesidades del momento y los expolios habían dejado el hotel en una sombra de lo que fue. Valladares admite que aún la llaman para venderle trozos de puertas originales, vajillas y hasta tuberías. «¡Y claro que no! Lo que tienen que hacer es devolverlas, que son de aquí», zanja la directora sobre las dos décadas de plomo que casi acaban con el Miramar.
Ambos conservan, eso sí, el recuerdo fresco y emocionante del arranque de la obra de rehabilitación, en 2014; el trabajo en todos los frentes, sobre todo en el de la documentación histórica, la restauración o el diseño de elementos originales con técnicas y materiales contemporáneos, las vueltas para que todo encajara, el izado de una corona nueva en su emplazamiento primitivo, el detalle minucioso en cada plano… Como si fueran los forenses que unos años antes habían ocupado el hotel que fue palacio de Justicia. Ver que la fecha se acerca. Y que llega. Que es 17 de diciembre de 2016 y que ese día duermen allí los primeros huéspedes, ilustres porque fueron las decenas de operarios, técnicos, ingenieros y obreros que se dejaron la piel en la obra. Que antes de eso hubo cena de gala y fiesta para ellos y que el 31 de diciembre de 2016, ya sí, abrieron para el resto. Que de eso hace diez años pero que de la primera vez se cumplen, justo este 10 de febrero, cien.
Que hoy en día la lámpara central del hall no es una sino un conjunto de nueve, y que el juego de luces que emite gracias a las mallas de cristal hechas en un taller de París son la mejor metáfora de lo que pudo ser y afortunadamente no fue: que no hicieran caso a las señales. Que al fondo siempre hay luz.
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