Armada hasta los dientes, mayoría de toros al acecho. Solo un sexto de buena condición. Fonseca le corta una oreja de mérito. Ferrera, pésimo con la espada, se impone con autoridad a un cuarto complicado
Regala esta noticia Añádenos en Google El torero mexicano Isaac Fonseca en Pamplona. (AFP)Barquerito
11/07/2026 a las 23:56h.Descarados, paliabiertos, playeros, cornalones, todos cuatreños salvo un sexto cinqueño, ningún cárdeno claro, mayoría de entrepelaos, 595 kilos de promedio: esas fueron las formas de ... los seis toros de Escolar, su singular escaparate. El fondo: salida con aire de general fiereza; ninguno se dolió, pero tampoco se empleó en el caballo, casi todos cortaron en banderillas, fueron en la muleta un saco de problemas, mirones, esperaron en la igualada midiendo la espada y pendientes de quien la blandía. No duros, sino durísimos de manos para morir.
Se había desplantado de frente y de rodillas un par de veces con él en señal de confianza y al cabo de un tenaz trasteo planteado en un solo terreno -el único de los seis toros que se sujetó sin duelo- y resuelto con cierta seguridad. El toro vino al paso por la mano derecha, pero metió la cara por la otra. Ayudándose de la espada, Fonseca sacó muletazos templaditos entonces. Abrochó dos tandas. La apertura se atuvo al código irrenunciable de temeridades sanfermineras: de rodillas, un cambio por la espalda, el molinete de urgencia y el gesto cómplice de alivio y aliento. Había venido Isaac por todas. Las peñas se apuntaron a la causa. No es fácil descifrar la clave del resorte que provoca el encendido de las peñas de sol, que gobiernan el ambiente de la plaza con su artillería sonora. Necesario pero no imprescindible el consenso tácito de la sombra en ocasiones como esta. Una oreja. Y no de las de regalo.
La espada de Ferrera
Este último toro de refresco llegó a última hora. Demasiado tarde. La corrida venia marcada por el quinario que vivió con la espada Antonio Ferrera, que despenó al primero de la tarde, el más manifiestamente manso de lo que va de feria, de media atravesada, entera desprendida, descabello, tres pinchazos, entera caída y siete golpes de cruceta. No tenía intención de morir el toro, que se fue de engaño y recorrió la plaza toda sin que Ferrera se animara a machetear de pitón a pitón, que parecía la única opción.
El palmarés de Ferrera en Pamplona incluye unas cuantas hazañas épicas. Pero le cayó una bronca épica también. Se sacó la espina con el cuarto, cornalón, abierto, cornipaso, incierto, frenado, encampanado al salir de suerte, revoltoso en los remates, probón. A pesar de todo, lo acabó domando sin vender humo ni aladear. Fue cuestión de amor propio. Volcó el ambiente, pero el colofón fueron cuatro pinchazos y media en los bajos. Por si quedaba alguna duda sobre el amor propio de Ferrera, sacó al sexto del caballo en su turno y lo redondeó con un quite por las afueras de acento propio.
Lo demás fue sufrir, no poco, y sobresaltos, muchos. Un segundo toro tan playero que no cabía en la muleta y que no dejó asentarse a un voluntarioso y tozudo Juan de Castilla. Un tercero de sobresaliente envergadura, predador, que se vino al pecho por la mano derecha y parecía pensar. Fonseca anduvo, como Castilla, expeditivo con la espada. Y un quinto de corrida, que navegó entre dos aguas. Tardo, obedeció a toques, pero se enteraba y acabó prendiendo feamente al torero colombiano. A sangre y fuego la pelea, cojeando el matador, que no se resignaba. Media y entera. Grogui camino de la enfermería antes de arrastrarse el toro. Se había levantado dos veces después de echarse.
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